La parábola roja de Nanni Moretti: habéis perdido el partido | Letras Libres
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La parábola roja de Nanni Moretti: habéis perdido el partido

Estrenada dos meses antes de la caída del muro de Berlín, la película ‘Palombella rossa’ retrata, al estilo del primer Moretti, la crisis del Partido Comunista Italiano y de la militancia de izquierdas durante la Guerra Fría.

En 2017, en los cines Arsenal de Pisa volvió a proyectarse en pantalla grande la película de Nanni Moretti Palombella rossa (1989), restaurada en 4K. Ese año era el sesenta aniversario de la publicación, gracias a la editorial Feltrinelli y por primera vez en el mundo, de Doctor Zhivago. En el filme de Moretti se insertan algunas escenas de la adaptación cinematográfica de la novela de Pasternak. Y una de ellas es celebrada por el director-actor protagonista con un alzamiento del puño. ¿Un gesto político? No. Así lo aclaró el cineasta italiano en Pisa: era una muestra de pasión hacia Julie Christie. Nada más. De hecho, esas escenas de Doctor Zhivago estuvieron a punto de serlo de Tal como éramos.

Es útil contar con declaraciones de los autores sobre su propia obra para evitar interpretaciones exageradas. Y si el propio Moretti dice que Palombella rossa es una película “absolutamente no realista” que “no puede explicarse racionalmente”, pues tampoco hay que empeñarse en buscarle un significado a cada detalle. (Aunque es divertido hacerlo.) Moretti quería hacer un filme sobre la crisis de un comunista, pero “de una manera narrativamente más libre”. Y libre lo es; no puede negarse.

Palombella es el término que se utiliza en waterpolo para denominar el lanzamiento a portería que dibuja una parábola, y rossa... “roja”. Así unió Moretti en el título dos de sus “actividades” de juventud: un deporte acuático al que jugó de manera casi profesional y la militancia de izquierdas. La película es una parábola sobre la crisis del Partido Comunista Italiano (PCI), y se estrenó dos meses antes de la caída del muro de Berlín.

El protagonista es Michele Apicella, el alter ego de Moretti en sus primeros filmes, que aquí encarna a un miembro del PCI que a causa de un estúpido accidente de coche tiene problemas de memoria. Al principio, aparece leyendo un papel que resulta ser un artículo suyo dedicado a un compañero muerto. Y entonces recuerda: “¡Ya sé quién soy! ¡Soy un comunista!... Cómo era aquel discurso... Nuestro proyecto de transformación de la sociedad...”. Sigue un silencio y luego la acción se traslada a la piscina donde se jugará el partido. Por allí aparecerán, al asalto, distintas personas que le echan en cara los errores y necesidades del PCI.

La película se articula en torno a tres ejes: el partido de waterpolo, inusualmente largo; escenas de un programa de televisión llamado Tribuna politica (en teoría grabado antes del accidente de coche), en el que Apicella tiene que explicar qué es lo que le está sucediendo al Partido Comunista, y flashbacks a su niñez. También se insertan algunos pasajes de La sconfitta (1973), el primer cortometraje de Moretti –rodado con una Super8 que compró después de vender su colección de sellos– que también retrata las dudas e inseguridades de la izquierda italiana. Y hay guiños a los vicios del director: por ejemplo, los compañeros comunistas de Michele le agasajan con dulces cada dos por tres.

Hay mucha autoironía política. La misma que hay en otros tantos filmes de Moretti, como cuando en Aprile (1998) le vemos gritar al D’Alema que aparece en televisión, en un debate preelectoral: “Di algo de izquierdas... Di también algo no de izquierdas... Di algo”. Es inevitable reírse cuando Apicella parodia el discurso de la izquierda, aunque él se lo cree, por supuesto: “Hay que inventar un nuevo lenguaje, una nueva vida. […] Hay que luchar contra el periodismo, contra las palabras equivocadas”. Sin embargo, en Palombella rossa el sarcasmo acaba siendo más melancólico. “Sois un partido que hay que rehacer, estáis desaparecidos […] No tenéis identidad. […] Sois un partido inútil, inocuo”, le espeta el árbitro a Michele.

Cuando le expulsan de la piscina, el público vocifera: “Michele, ya está. Has perdido el partido”. Uno de los moderadores del programa Tribuna politica le recita los sinónimos que hay en el diccionario para la palabra “crisis”: empeoramiento, paroxismo, perturbación, recesión, depresión, desequilibrio... desconcierto. En un momento dado, Apicella dice: “¿Pero desde hace cuántos años hablo solo?”. Y luego una de las escenas más emotivas: se acerca el final del partido, y Michele le pregunta al entrenador que si puede volver a jugar. Recibe una negativa, y empieza a sonar el “I’m on fire” de Bruce Springsteen. Todo el público enmudece. (Más adelante, ese mismo público cantará al unísono “E ti vengo a cercare” de Franco Battiato; Moretti dijo en Pisa, en 2017, que solo quería eso, que cantara.)

Pero Michele Apicella sí volverá al agua. De hecho, protagonizará el final del encuentro (en el marcador: 9-8), cuando falla el último penalti. Sus dudas sobre si lanzar a derecha o a izquierda le traicionan y el portero para la bola. Su equipo pierde. “Tengo 35 años. No volverán las meriendas de cuando era pequeño. Las tardes de mayo, ya no volverán. […] Mi madre, ya no volverá. El caldo de pollo de cuando me ponía malo no volverá”, grita desesperado cuando todo ha terminado.

Cuando se estrenó, Palombella rossa recibió muchas críticas desde las filas comunistas. Dijeron que era una película sobre el viejo PCI, no sobre el nuevo, el de Achille Occhetto. Ese PCI que dos años después de la caída del muro de Berlín se transformó en el Partido Demócrata de Izquierda, que lideró la Alianza de los Progresistas que perdió frente a Berlusconi en 1994. Y que en 1998 se convirtió en los Demócratas de Izquierdas (la hoz y el martillo fueron sustituidos por la rosa roja). Que luego, en 2007, contribuyó a la creación del Partido Democrático.

Esta película de Moretti es una despedida doble: de su alter ego Michele Apicella, que no volverá a aparecer, y de un partido que en Italia fue imprescindible (al entierro de Enrico Berlinguer asistió más de un millón de personas). Hay que saber cuándo abandonar.