Juliette Gréco, una historia de París | Letras Libres
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Juliette Gréco, una historia de París

La cantante y actriz francesa, que falleció el 23 de septiembre, trabajó con Jean Renoir, John Huston y Orson Welles, y fue considerada "la musa de los existencialistas".

De Montpellier a Saint Germain de Prés. Juliette Gréco era la hija menor de una familia en la que el padre se había ido. Nacida en Montpellier en 1927, estuvo un tiempo en París. Más tarde, las niñas se criaron con el abuelo Jules que murió, y la madre las mandó a un internado católico de vuelta en París. Juliette quería ser bailarina y la madre se unió a la Resistencia. Durante la Segunda Guerra Mundial, su madre y su hermana fueron deportadas.

A Juliette, después de tres semanas en la prisión de Fresnes, la dejaron ir. ¿Y qué hace una chica de 16 años en París mientras su madre y su hermana están camino de Ravensbrück? Greco fue hasta la pensión en la que vivía, en Saint-Germain de Prés, “vivían también la actriz Hélène Duc, Pierre Riche, un actor enmascarado, una mujer experta en liebres, un señor que siempre llevaba traje y corbata y que vivía en un rincón debajo de la escalera”, y se puso a cantar. Poco después obtuvo un papel de figurante en una obra de teatro; su madre y su hermana consiguieron fugarse del campo y la madre, nada más llegar a París, se alistó en la marina y se va a Indochina.

Los existencialistas. Antes las cosas pasaban en los bares. “Empecé a vivir el día en que en el café del pont Royal, un hombre, un cliente como yo al que sin duda le parecí guapa, interesante, deseable, quizá, me respondió… Las puertas del paraíso se habían entreabierto de pronto. Había encontrado una especie de padre, al menos un ser humano tiene respuesta.”, dijo Gréco. El señor que respondía era el filósofo Maurice Merleau-Pony, y la pregunta, fácil, “¿Qué es el existencialismo?”

Sartre fue fundamental porque le presentó a Kosma, el compositor, quien le puso música a un poema que Sartre le había dado a Gréco para que lo cantara, La rue des blancs manteaux. Raymond Queneau es el autor de la letra de Si tu imagines. Cantó letras de Françoise Sagan, trabajó con Brassens, Ferré, Gainsbourg (escribió La Javanaise para ella), y su relación más fructífera fue, primero con el dúo Prévert/Kosma; después con Brel, y al final con Gérard Jouannest, su último marido.

El cine y el amor. Antes de hacer cine, Gréco compartía la cama de una habitación de hotel con su hermana Charlotte, frecuenta el Tabou, donde está Boris Vian y por donde pasan los músicos de jazz, como Duke Ellington. También Miles Davis, con el que vivió un amor “del tipo que te gustaría que todos experimentaran”.

En el cine conoció a su primer marido, Philippe Lemaire, un matrimonio breve. Trabajó con Jean Renoir, John Huston y Orson Welles. Aparece cantando en Bonjour tristesse. Y trabajó en una serie que marcó a una generación, Belphegor, o un fantasma en el museo, cuyo éxito impulsó la creación de la serie Historias para no dormir. En la vida de Gréco, que ella contó en su autobiografía Jujube hay un intento de suicidio, al que le sucede el matrimonio con Michel Piccoli.

Siempre de negro. En su repertorio hay una obra maestra de la provocación sutil, que quizá resume y condensa lo que es Gréco, su talento y su don: Deshabillez moi. Gréco con su pelo moreno, su flequillo eterno y la raya del ojo negrísima, canta como quien se toma una copa de pastis y alcanza niveles de intensidad interpretativa increíbles moviendo solo las manos. Siempre de negro, dijo de ella Boris Vian cuando le preguntaron si tenía algún rasgo peculiar.

Ella no se veía guapa, se hizo operar la nariz tres veces. En 2008 dijo: “Para aguantar la llegada del fin, hay que amar lo que uno hace con locura, amar su oficio como lo amo yo, es decir, de manera desmesurada, sin normas, ir a cantar también a los bares de las afueras en sesión matinal y saborear que un joven al final del concierto: ‘Es buena, eh, Gréco!’”