¿Dónde están los dinosaurios? | Letras Libres
artículo no publicado

¿Dónde están los dinosaurios?

Los dinosaurios creados por Steven Spielberg en la primera Jurassic Park le dieron un punto de referencia al imaginario colectivo de una generación entera. ¿Jurassic World destruye ese referente?

Recuerdo la criatura del mar subterráneo cuando leí Viaje al centro de la Tierra, como a los 9, en casa de quiensabequién en una Jalapa húmeda y caliente. Recuerdo ver King Kong (en la tele, el de Cooper) con mi abuela, que con sus comentarios me lo hizo entrañable, y su pelea con animales antediluvianos. También, las figuritas de plástico moldeado, azules y blancas que venían en los productos Marinela, o Wonder o Sabritas, triceratops, tiranosaurios, estegosaurios. O aquél mundo disparatado de Land of the lost. Los esqueletos armados, pero ante todo, los dioramas –siempre crepusculares—de los museos de historia natural. Los libros ilustrados o Popup y más tarde alguno de Stephen Jay Gould. La ilusión de que Nessie (el monstruo de Loch Ness le decían entonces) fuera, como el celacanto, un fósil viviente. Recuerdo también que los dinosaurios –al menos en los textos de difusión científica popular—fueron evolucionando, de ser reptiles enormes, brutos, letárgicos y grises, a ser especies propias, de sangre caliente, inteligentes, polícromos, plumados y de vida social compleja.

Los dinosaurios han cautivado nuestra atención por generaciones y Jurassic Park fue la cima de una ola qué pasó por aquellos años. La película no alcanza el nivel de lo que considero lo mejor de Spielberg porque se enreda en los meandros de la novela, y sin embargo es inolvidable porque tiene el gran mérito de haber cristalizado todas esas imágenes heredadas, creadas, imaginadas, re-imaginadas, y haberles dado un punto de referencia. Nunca se habían visto imágenes de dinosaurios que pudiéramos confundir con las de un documental; que pudiésemos proyectar a nuestro modelo del mundo real. Hay quien prefiere proteger las imágenes que han formado en su mente de la invasión de las imágenes creadas por otros. Por ejemplo, Pablo Soler Frost escribió Acerca de El Señor de los Anillos para explicar por qué se negó a ver las películas de Peter Jackson. Y aunque creo que esa posición es por lo general bastante válida, en el caso de los dinosaurios lo que teníamos en la mente era un Babel de imágenes superpuestas y dispares; las creadas por Spielberg, sin coincidir necesariamente con nuestras favoritas, aportaron orden y una pauta. Pero ante todo, su verosimilitud confería a los dinosaurios de Jurassic Park una inmediatez para nuestro subconsciente y las partes menos racionales de nuestra mente, que las representaciones mecánicas o de plastilina no podían lograr. Los dinosaurios de Jurassic Park eran emocionantes.

Lo que más recuerdo de las secuelas es su repetitividad, viendo la tercera parte no paraba de decirme “y dale con la matraca”; eran un rumiado del argumento de la primera y repetían los mismos elementos: niños en peligro, sobrinos o algo (¿por qué siempre sobrinos? Creo que Eco lo explicó, pero ya no me acuerdo), velociraptors inteligentes y letales, codicia humana, y tonterías malentendidas de libros de popularización de la teoría del caos. Y pues claro, cuando una marca que se hizo grande vendiendo “algo nunca visto” comienza a vender “un poco más de lo mismo”, pierde su atractivo y deja de vender.

Hasta pasados veinte años. Jurassic World es más de lo mismo, pero tiene la gran ventaja de que se dirige a un nuevo público, y tiene la enorme decencia de incluir lo que hubo antes para hacer guiños al público que lo conoce. Las cifras y las reseñas parecen indicar que es una película que está gustando. A mí me parece que es una película entretenida y disfrutable, sin muchos desaciertos, pero con un defecto muy grande: la ausencia de dinosaurios. La trama y sus elementos son un refrito de las tres anteriores. Hay: sobrinos en peligro, codicia, velociraptors, sabiondeces absurdas, cazadores, dueños del parque jugando al demiurgo, etc. La película misma es muy consciente de que está pisando camino muy andado y–curiosa y afortunadamente—integra esa conciencia en su ser; cabe la sospecha de que quien estaba a cargo del proyecto se puso a jugar juegos autorreferenciales. Así como Jurassic World la película es un relanzamiento de Jurassic Park la película, Jurassic World el parque, es un relanzamiento de Jurassic Park el parque. Jurassic World, el parque, necesita nuevas criaturas, más grandes, más feroces, para seguir atrayendo nuevo público.Jurassic Park, la franqucia, necesita nuevas criaturas, más grandes, más feroces, para seguir atrayendo nuevo público; y he aquí la raíz de mi problema: tanto parque como película optan por criaturas que no son dinosaurios. Comenzando con la domesticación de los animales, que los reduce a stock, a animal de circo, fieras intercambiables con tigres, orcas y focas amaestradas; sí enormes y reptiloides, pero animales amaestrados a final de cuentas. Y culminando en el Indominus Rex una criatura que tiene más de repugnante que de aterrador. Hay algo anormal en el  Indominus que produce asco, algo que lo hace ser un monstruo en el sentido original de la palabra. Asco es una sensación que me producen ciertas criaturas en las adaptaciones a pantalla de Lovecraft, no algo que espero sentir en una película de dinosaurios. Como dicen en la película misma, y como sabemos en el mundo real: eso no es un dinosaurio ¿Pero, si en una película de dinosaurios faltan los dinosaurios? He aquí la paradoja que suele producir la autoreferencialidad: Eso no es una película de dinosaurios.