Aniquilación, réquiem por la identidad perdida | Letras Libres
artículo no publicado

Aniquilación, réquiem por la identidad perdida

Alex Garland ha construido una perturbadora alegoría para procesar la ansiedad de vivir en un mundo donde la vinculación tecnológica se presenta como una red que aspira a la totalidad por encima del individuo.

Basado libremente en la novela homónima de Jeff VanderMeer, Aniquilación, segundo filme como director del británico Alex Garland, narra las vicisitudes de un grupo de mujeres seleccionadas para explorar la llamada Área X, una región cubierta por un resplandor de energía (the shimmer) generado por una entidad proveniente del espacio exterior. Al interior de la zona opera una fuerza ajena a las leyes naturales y responsable de la desaparición de varios equipos de soldados e investigadores. La expedición está conformada por expertas en distintas áreas del conocimiento: Ventress (Jennifer Jason Leigh, doctora y líder del grupo), Lena (Natalie Portman, bióloga y esposa de Kane, único soldado que ha logrado regresar con vida del Área X), Josie (física), Anya (paramédica) y Cass (geomorfóloga). El resplandor del Área X funciona como una energía hibridizadora: las plantas adquieren figuras antropomórficas, los animales absorben características humanas, las personas se hibridan con vegetales, los depredadores se integran con otras bestias. La energía expansiva que domina el Área X también genera duplicados de seres orgánicos y saltos en el tiempo.

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El pulso narrativo de Aniquilación emula un viaje de ácido donde el espanto y las visiones aterradoras se combinan con epifanías y reconciliaciones espirituales internas. No sorprende que el objetivo de la expedición sea llegar a un faro, lugar que iluminará, de manera parcial, la naturaleza del fenómeno. Eventualmente, el resplandor terminará por cubrir todo el planeta. El Área X se extiende bajo una lógica similar a la de un prisma que refracta la luz; el efecto a largo plazo de la distorsión parece ser la fusión de todas las formas de vida en una sola unidad cósmica. Nuestra identidad, como revela Ventress, será destruida por completo:

Es la última fase… Necesitaba saber qué había dentro del faro. Ese momento ha pasado. Está dentro de mí ahora. No es como nosotros. Es diferente a nosotros. No sé lo que quiere. O si quiere algo. Pero crecerá hasta abarcarlo todo. Nuestros cuerpos y mentes serán fragmentados en sus partes más pequeñas hasta desaparecer. Aniquilación.  

No todas las integrantes del grupo conciben a la “aniquilación” como un evento pernicioso. Josie, quien deduce cómo funciona científicamente el “resplandor”, se entrega casi con emoción a las posibilidades de la fusión, tal y como la creatura del pantano se unía armónicamente con el “verde” en los comics de Swamp Thing escritos por Alan Moore.

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Alex Garland capturó la atención pública con La playa, novela llevada al cine en el año 2000 por Danny Boyle, director con el que posteriormente colaboraría en la historia de Exterminio (2002). El éxito obtenido con Boyle le permitiría consolidarse como guionista y, a la postre, dar el salto a la realización con Ex Machina en 2015. En términos temáticos, el trabajo de Garland como novelista, guionista y director gira en torno a la lucha por conservar la autonomía frente a una fuerza dominante. En la cosmovisión del autor, el individuo siempre está en peligro de perder su humanidad, sea a causa del deseo por pertenecer a una comuna posmoderna hambrienta de autenticidad (La playa), la opresión de un sistema narcofascista posapocalíptico (Dredd, cinta basada en el famoso comic inglés), los designios de una burguesía indolente que utiliza individuos clonados como caja de refacciones en Nunca me abandones (adaptación cinematográfica de la novela de Kasuo Ishiguro), la falta de empatía del creador frente a su creación (Ex Machina) o, ya en el extremo, convirtiéndose literalmente en un zombi (Exterminio**). El costo de la lucha por preservar la identidad es la locura. La pérdida de la razón es una constante en la obra del británico.

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Otro rasgo característico es su habilidad de combinar complejos cuestionamientos existenciales con una cultivada sensibilidad pop (como lo demuestra su crédito como coguionista de Enslaved: Odissey to the West, videojuego diseñado para el Playstation 3 y Xbox 360). En Aniquilación, Garland parte de un lugar común genérico (la misión contra una supuesta invasión alienígena) para terminar en una alucinada reflexión sobre la identidad y la esperanza. De manera similar a los hombres de Stalker (Tarkovski, 1979), las mujeres de Aniquilación son almas desgraciadas que buscan respuestas en la “zona”. Con la excepción de Josie, quien parece encontrar alivio en su fusión con el Área X, descubren una conciencia viral cuyo fin es apropiarse de nuestra información genética para fracturarla y construir una conectividad homogénea e invulnerable. Auxiliado por una propositiva banda sonora compuesta por Geoff Barrow y Ben Salisbury, el peregrinaje es hermoso e inquietante a un solo tiempo.

GAFA

En el libro Un mundo sin ideas (Editorial Paidós, 2017), Franklin Foer, colaborador de The Atlantic y antiguo editor de The New Republic, expone que a lo largo de las últimas décadas se ha desarrollado una revolución en el control de la información y el conocimiento, un cambio que “ha hecho peligrar nuestra forma de pensar”. Sin reparar en las consecuencias, hemos abrazado a cuatro enormes corporaciones: buscamos información en Google, nos divertimos con los productos de Apple, socializamos en Facebook y compramos en Amazon. De acuerdo con Foer, el amor y lealtad que desplegamos hacia estas empresas –aglutinadas en el acrónimo GAFA– es peligroso, pues su capacidad de control cuasimonopólico es tal que ha condicionado nuestras mentes a un pensamiento lineal que se contrapone a la divergencia y las nuevas ideas:

GAFA confía en automatizar nuestras elecciones cotidianas: sus algoritmos sugieren las noticias que leemos, los productos que adquirimos, las rutas por las que viajamos, los amigos a los que invitamos a nuestra comunidad. Una vez que abandonamos la privacidad, no hay marcha atrás ni restauración de nuestra individualidad perdida.

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Esta visión apocalíptica es relativamente reciente. Producto del matrimonio entre el idealismo hippie que buscaba la hermandad armónica en los sesenta (muy similar al representado por Garland en La playa) y el espíritu emprendedor de “hágalo usted mismo”, el ideal de conectividad que aún promueve GAFA funcionó como una narrativa revolucionaria e inspiradora durante buena parte de este siglo. El optimismo no era irracional. ¿Quién podría oponerse a un mundo donde el intercambio de información generara oportunidades para todos? La conectividad redundaría en un cerebro colectivo donde el avance tecnológico traería transparencia, libertad y conocimiento. Un mundo sin ideas fue publicado apenas unos meses antes de que estallara el escándalo de Facebook y Cambridge Analytica, punto de inflexión que ha iniciado un viraje de percepción respecto a los gigantes tecnológicos, usualmente vistos por los medios y como fuerzas positivas para la humanidad. Tras la infiltración rusa en Facebook y las múltiples acusaciones sobre prácticas monopólicas contra GAFA, la opinión pública comienza a reparar en que, parafraseando a Foer, no solo nos estamos fusionando con las máquinas, sino con las fuerzas que animan a las máquinas. La conectividad, la unión con la “mente colmena”, no ha redundado en progreso, sino en un peligro potencial para nuestra conciencia y libertad.

Sin proponérselo abiertamente, Garland ha construido una perturbadora alegoría para procesar la ansiedad de vivir en un mundo donde la vinculación tecnológica se presenta como una red que aspira a la totalidad por encima del individuo. En un momento clave de la cinta, Ventress y Garland discuten la diferencia entre el suicidio y las pautas autodestructivas: todos tendemos a la autodestrucción, pero casi nadie es capaz de suicidarse. Nuestra naturaleza autodestructiva ha permitido que la conectividad promovida por GAFA sea parte de nosotros sin mayores cuestionamientos. ¿Vamos a permitir que se transforme en uno de los motores de nuestra propia aniquilación?

Aniquilación está disponible en Netflix.

 

 

** Boyle y Garland no están de acuerdo en categorizar a los afectados por el virus de Exterminio como zombis, sino que prefieren el término “infectados”. Lo cierto es que en la actualidad Exterminio se considera como una precursora del “zombi viral”.