La mirada feroz de William Klein | Letras Libres
artículo no publicado

La mirada feroz de William Klein

El trabajo como fotógrafo de Klein fue rompedor y revolucionario: sacó a las modelos a la calle, a mezclarse con la geometría de la ciudad y a compartir el espacio público con quienes lo habitan.

Dos segundos. Espacio Fundación Telefónica acoge la primera retrospectiva del fotógrafo neoyorquino nacionalizado francés William Klein (Nueva York, 1928), Manifiesto, que está comisariada por Raphaëlle Stopin y forma parte de la programación oficial de PHotoEspaña. Casi al final de la exposición se proyecta una peliculita que dura menos de quince minutos en la que se ven los contactos de Klein y algunas de sus fotos más conocidas mientras él explica en francés por qué eligió una toma y no otra. Ese documental contiene la idea de Klein de la fotografía. Explica, por ejemplo, que un corpus de un fotógrafo de 250 imágenes, lo cual no es poco, son dos segundos: “La vida de un fotógrafo es de dos segundos”, dice. Por eso muestra los contactos, lo que sucede antes y después de la foto y qué es lo que cambia de una a otra. Dice que el problema de la fotografía siempre es el mismo: el encuadre. Cuenta cómo nacen las fotografías de manera delicada e inteligente. La fotografía va, en parte, de atrapar el tiempo.

Francés por elección. William Klein pertenecía a una familia de judíos húngaros y creció en Manhattan. Empezó a estudiar sociología. Se alistó en el ejército y estuvo destinado en Alemania y Francia. Hacía tiras cómicas para el periódico militar. En 1947 empezó a estudiar en la Sorbona y pronto comienza a frecuentar los talleres de Fernand Léger –de quien aprende a observar la ciudad y adopta la costumbre de salir a la calle– y de André Lhote. Y aunque se hizo famoso con un libro de fotografías de Nueva York, y ha recorrido el mundo con su cámara, reside en París.

Fotografía y pintura: un viaje de ida y vuelta. Klein empezó por la pintura: recibió el encargo de pintar unos paneles giratorios que fotografía dentro del proceso de documentación. Ahí se da cuenta del potencial de la fotografía para la abstracción y la geometría. Esas imágenes, composiciones abstractas hechas en el laboratorio, fueron su primer acercamiento y se expusieron entonces en Salón des Réalités Nouvelles de París, aunque quedaron más o menos eclipsadas por el resto de su obra hasta 2012. Alexander Liberman, director artístico de la edición estadounidense de Vogue, descubrió ahí a Klein y la fascinación por su trabajo duró años, para fortuna económica de Klein. (Con motivo de la inauguración de la retrospectiva, Klein visitó Madrid y atendió a los medios. En la entrevista para El País, Manuel Morales le pide un consejo para los jóvenes fotógrafos. Klein no duda: “Que se case con una mujer rica”.) Pronto pasó a la fotografía más humanista, al retrato, a salir a la calle, y a romper con las convenciones y reinventar la manera de mirar y también de hacer fotos. Y después volvió a la pintura con los contactos pintados: interviene las hojas de contactos con pinceladas de colores vivos, la pintura señala, enmarca, enfatiza y dirige la mirada. Los contactos pintados y ampliados ocupan la parte final del recorrido de la muestra de Telefónica.

La ciudad es para recorrerla. William Klein volvió a su ciudad natal para fotografiarla . Concibió un libro que rompía con la manera de entenderlos: se acercaba a la gente, elegía encuadres nuevos y mostraba la ciudad en su efervescencia. El libro, Life is Good & Good for You in New York: Trance Witness Revels, se publicó en Les Éditions de Seuil en 1956 gracias a la mediación del cineasta Chris Marker, que trabajaba en la editorial. Poco después, apareció en Italia y Japón. En Estados Unidos tardó décadas en publicarse. Life is Good… le abrió las puertas de la industria: recibió encargos para fotografiar Roma, Moscú y Tokio. La manera de Klein de retratar las ciudades, en la calle, buscando una mirada propia y un punto de vista original, cambió para siempre la manera de hacerlo.

Para qué sirve la fotografía de moda. En la muestra pueden verse también fragmentos de algunas de sus películas (documentales, ficción, anuncios…) que Klein ha realizado. De todas, la más famosa es la sátira del mundo de la moda ¿Quién es usted, Polly Magoo? (1966). También en ese campo el trabajo como fotógrafo de Klein fue rompedor y revolucionario: sacó a las modelos a la calle, a mezclarse con la geometría de la ciudad y a compartir el espacio público con quienes lo habitan. Klein gozaba de total libertad gracias a la admiración y la confianza que depositó en él Liberman.

La exposición William Klein. Manifiesto puede verse en el Espacio Fundación Telefónica de Madrid del 7 de junio al 22 de septiembre.