El artista que capturó la vida | Letras Libres
artículo no publicado
Exposición sobre Ed van der Elsken en la Fundación Mapfre de Madrid.

El artista que capturó la vida

Entre las fotografías de Van der Elsken hay paisaje humano de las calles, retratos de intimidad, capturas de la vida cotidiana, autorretratos, y también fotografías casi antropológicas de los países del mundo que recorrió.

“Siempre he estado diseñando un equipo para ‘atrapar vida lo más completamente posible’. Lo ideal habría sido tener una cámara en miniatura dentro de mi cabeza con una lente fuera y grabar ‘artísticamente’ veinticuatro horas al día. Ahora estoy más cerca con el vídeo (todavía no me he hecho la operación en la cabeza). Y ahora, a mis sesenta y un años, me viene la duda sobre lo de grabar todo todo el rato. Tal vez debería volver a la manera en que trabajaba al principio: pasear por las calles con una cámara pequeña, tres rollos de película, sin prejuicios[...], recopilando a mi tipo de gente.” Ed van der Elsken (Ámsterdam, 1925 - Edam, 1991) cumplió su deseo, capturar la vida, y la retrospectiva que acoge Mapfre, en la sede de Bárbara de Braganza, lo demuestra. Es la exposición más completa dedicada a este fotógrafo y cineasta cuya obra no obtuvo el alcance que merecía y que permanecía agazapada, esperando que llegara su momento para ser apreciada como merece.

Van der Elsken se libró del llamamiento a filas durante la ocupación alemana manipulando su muestra de orina para hacerse pasar por diabético, después se alistó como voluntario junto a los aliados. Primero quiso ser escultor, después proyeccionista y, por fin, hizo un curso de fotografía por correspondencia, que no llegó a aprobar. A finales de los años cuarenta recorría las calles de Ámsterdam con la cámara de su padre. En 1950 se muda a París, donde conoce a artistas, pintores y escritores (entre ellos, Guy Debord) y trabaja en el laboratorio para la agencia Magnum. Allí conoció a la que sería su primera mujer, la fotógrafa húngara Ata Kandó, doce años mayor que él. Y allí, también empezó a construirse como artista.

Entre las fotografías de Van der Elsken hay paisaje humano de las calles, retratos de intimidad, capturas aparentemente espontáneas de la vida cotidiana –que en realidad tienen mucho de puesta en escena–, autorretratos (frente al espejo, siempre con todas sus parejas), y también fotos de viaje, fotografías casi antropológicas de los países del mundo que recorrió con su cámara, y todo lo que le pareciera fascinante (y eso deja muy pocas cosas fuera). Su primer fotolibro, Love on the Left Bank (1954), es la crónica de la vida de Vali Myers y su pandilla en forma de fotonovela romántica, en palabras de Nan Goldin, que ha escrito que la primera vez que vio el libro sintió “que había encontrado a su predecesor”.

La variedad temática de sus imágenes puede resultar un poco apabullante, poco inasible, difícil de etiquetar: resulta casi imposible contener la variedad de su trabajo en un solo género. Porque Van der Elsken era en realidad un humanista, un artista interesado en retratar el bullicio humano de París, Ámsterdam, Tokio o el África central. Y no solo lo humano: también las ranas, o la vida en el campo. Es bonito ver cómo quedó fascinado por el jazz, una música que acababa de eclosionar y que tenía una fuerza enigmática. Retrató a las grandes figuras del momento (Miles Davis, John Coltrane) para su fotolibro Jazz. Van der Elsken recorrió el mundo y lo fotografió. Pero eso no le bastaba: fue más allá y probó con el cine. Experimentó, buscó y siguió fotografiando y editando fotolibros, diseñados por él o por otros. Filmó el nacimiento de su segunda hija, y luego una segunda parte, pero también el avance de su enfermedad terminal en Bye.

Como ha escrito Antonio Muñoz Molina, “no había nada ni nadie que no le pareciera memorable”. El don de Ed van der Elsken era saber que había belleza a su alrededor y que no siempre estaría ahí. Por eso había que capturarla. El resultado son imágenes potentes, poderosamente modernas, tanto en blanco y negro como en color, donde la técnica está pero no es protagonista. Sus fotos son a la vez narrativas y poéticas, atrapan la vida y condensan toda su belleza, potencia y misterio.