Luis Antonio Espino | Letras Libres
artículo no publicado
  • El presidente no ha usado su poder para unir y organizar a la sociedad de cara a la pandemia, sino para encabezar una estrategia de desinformación dirigida a eludir la rendición de cuentas sobre su respuesta ante la grave situación.
  • Lo que ha ocurrido en Washington hoy nos debe recordar que, una vez fuera de la botella, el genio de la demagogia es muy difícil de controlar.
  • El presidente ha logrado instalar en el habla coloquial frases jocosas e insultos disfrazados de chiste, y ha manipulado hasta la deformidad palabras clave del discurso público. Sus intereses lexicográficos obedecen a la misma idea: quien domina el lenguaje domina la política.
  • Diversos comentaristas políticos han alegado que el discurso lleno de mentiras e imprecisiones pronunciado por López Obrador con motivo de su segundo informe de gobierno no se aleja de los que daban otros presidentes en el pasado. Pero las diferencias existen y son importantes.
  • Luego de más de 100 mil muertes, López Obrador, montado en su popularidad, se niega a reconsiderar su estrategia ante el covid-19, y tal vez nunca rinda cuentas por ello. El enojo con el pasado no justifica la ceguera ante este presente.
  • Donald Trump inició su primera campaña destruyendo las reglas del discurso electoral estadounidense. No es extraño que cierre la segunda vandalizando el “discurso sagrado” que por generaciones le había dado estabilidad y legitimidad a la transmisión del poder entre los dos grandes partidos políticos.
  • En el debate de anoche, Biden dejó ir la oportunidad de noquear a Trump en el tema de la pandemia, mientras que este dio una conferencia magistral en el uso de las falacias retóricas.
  • Las élites periodísticas y de opinión han reaccionado ante el Frente Nacional Anti AMLO con la misma condescendencia que alimentó el crecimiento de otro movimiento que hizo de la demagogia el eje de su comunicación, y hoy se encuentra en el poder.

  • Kamala Harris y Mike Pence se enfrentaron en un debate más apegado a los cánones de la política. Pero las constantes faltas a la verdad en las que incurrió el actual vicepresidente no hicieron de este evento un ejercicio más útil para el votante.