José de la Colina | Letras Libres
artículo no publicado
  • La historia de un cuento no escrito, pero construido a dos voces susurradas con Edmundo Valadés en la mesa de un cafe de la ciudad de México.
  • En un momento de la vida todos somos inmortales. Lo somos mientras ejercemos la juventud como derrochando una dorada moneda de valor universal que serviría para adquirir todo lo deseado.
  • Tomás Segovia se definió ante algún entrevistador como “un señor que escribe en los cafés”. Y así era: trabajaba no en un cuarto propio, torre de marfil de los escritores, sino en los cafés de las ciudades que visitaba. 
  • Cinco textos breves acerca del dormir, del mundo onírico y también del insomnio.
  • Apollinaire nunca traspasó fronteras europeas, pero México le resultaba extraño, pintoresco y fascinante como para incluir mexicanerías en sus crónicas y poemas.
  • La historieta de Will Eisner era en su género una verdadera obra de vanguardia que admirarían el novelista Raymond Chandler, el cineasta Orson Welles y el poeta Allen Ginsberg, entre otros.
  • Un cineasta completo que hablaba con la telegrafía del zapateado para proponer la entrega a la danza y a la música como condición para la felicidad.
  • El enorme triunfo de los dos primeros filmes de la serie de Tarzán se debía mucho a un fabricado espacio edénico y adánico. En ese mundo sensual y cariciosamente difuso.
  • Una noche seca de octubre de 1952 un joven de 18 años,¿era yo?,salió del cine Roble dizque camnando, pero interiormente cantando y bailando bajo la lluvia… y buscando a Cyd Charisse.