David Toscana | Letras Libres
artículo no publicado
  • Así como la historia va donando sabiduría a quien la lee, también exige sabiduría para leerse e interpretarse.
  • El mundo ha conocido muchos métodos de ejecución. Es fortuna para el cristianismo que el preferido de los romanos para esclavos e insurrectos fuese la crucifixión, no la hoguera ni el descuartizamiento ni el empalamiento ni la viviinhumación ni el envenenamiento con cicuta ni el desollamiento.
  • La cena final de Jesús con sus doce discípulos fue muy distinta a la que representó Da Vinci, sobre todo en distribución y vestimenta de comensales, así como de ambiente y mobiliario.
  • La imprenta fue mal vista por algunos intelectuales. Se cuenta que Angelo Poliziano dijo: “Las ideas más estúpidas pueden ahora imprimirse en mil ejemplares y esparcirse por todo el orbe”.
  • Hacer juramentos es una tradición de tiempos bíblicos, pero la existencia de una “palabra de honor” no es tan antigua en nuestro idioma.
  • Boecio, Dante, Manrique y Montaigne le dedicaron líneas a la tristeza, fuera la de la enfermedad, la de recordar tiempos felices en tiempos de miseria, la de morir en prisión o morir de alegría.
  • Si acaso el Padrenuestro tenía algún aliento poético, este se diluyó, pues la oración original se perdió para siempre y llegó como volátil versión de la traducción de dos traducciones.

  • Hace años, en una reunión de jóvenes novelistas se discutió qué se puede pensar cuando se esquiva un navajazo.
  • Hoy, como siempre, los clásicos están bajo ataque. Izquierda, derecha, religiones, sicólogos, pacatos, perezosos, dictadorzuelos, académicos, cada bando halla razones por la que no deben leerse.