David Toscana | Letras Libres
artículo no publicado
  • Louise Glück ha estado en el centro de una polémica sobre un asunto contractual que pasó a la contemporánea usanza del juicio mediático. En este mundo al revés, los editores se sentaron en el trono y los escritores tomaron el papel de cortesanos.

  • En 1849, Iván Goncharov comenzó a publicar los primeros capítulos de una novela titulada Oblómov. Fue el inicio de un viaje como el de un mensaje en una botella, que terminó 171 años después.
  • En el cine se gastan muchos millones de dólares para que todo sea como “en la realidad”. El cinéfilo se ríe si al platillo volador se le ven los hilos, cuando en el teatro es lo más común y aceptado.
  • Refiriéndose a las revistas frívolas, un personaje chejoviano se lamentó de vivir “en una región en la que nadie lee, o en la que cuando se lee, se lee de tal modo que más valdría no leer”. El lamento se explica hasta nuestros días.
  • En tiempos de río revuelto, charlatanería, celebridades ineptas y tanta mente que se medievaliza, la verdadera ciencia pasa de ser incomprendida a ser obstaculizada.
  • No sólo los quesos pueden estar trucados, a veces también la literatura.
  • Piezas de mala prosa, como la salida de la Corte hace unos días, ocurren hasta en las mejores familias. Cervantes, Schopenhauer y Orwell, entre otros, recopilaron o hicieron burla de líneas terribles e intrincadas.
  • La literatura goza de una libertad que no tiene la vida real. El lector puede dejarse llevar por sus fantasías sin sentirse observado, y decidir si se escandaliza o se siente seducido por las opciones que abre la ficción.
  • Tomás de Kempis, el canónigo agustino del siglo XV, hacía gala de un espíritu afín al de ciertos contemporáneos cuando solicitaba a sus lectores mantenerse en la ignorancia y no interesarse por las artes o las "vanas ciencias".