David Toscana | Letras Libres
artículo no publicado
  • Tomás de Kempis, el canónigo agustino del siglo XV, hacía gala de un espíritu afín al de ciertos contemporáneos cuando solicitaba a sus lectores mantenerse en la ignorancia y no interesarse por las artes o las "vanas ciencias".
  • Las vidas de Pasternak y Solzhenitsyn recuerdan que, a pesar del acoso desde el poder, el arte y lo universal permanecen.
  • En la gran literatura existe algo grandioso y esencial, mucho más relevante que descubrir al asesino o conocer la suerte de Amanda Sinclair.
  • Las autoridades cumplen con su misión de advertir contra el tabaquismo, el alcoholismo y el sobrepeso. Con eso cubren los pulmones, el hígado, la barriga, el corazón, arterias, las células lípidas y otros órganos. ¿Y el cerebro?
  • Los lectores son quienes dan peso a la literatura; son los que hacen que lo escrito se exprese. De nada sirve que la sociedad tenga posturas y leyes sobre la libertad de expresión si no es una sociedad lectora.
  • Los deseos de muerte están en la literatura desde sus inicios, desde el drama griego, porque también están en el corazón del hombre. Son pasiones que difícilmente se expresan de manera pública.
  • Los 365 días que restan para llegar a los cinco siglos de la Conquista nos pueden servir para agregarle cosas buenas y amigables al toma y daca. Una de ellas es la comida, ya que nada hermana tanto como la mesa.
  • La literatura muere en el lugar común, mientras que la telenovela vive de él. Una novela es un reto intelectual y emocional; una telenovela es benevolente con la indigencia mental.
  • Es curioso que la educación, siendo tan importante como la salud, esté fuera del radar de la sociedad.