Cristian Vázquez | Letras Libres
artículo no publicado
  • Dicen que la última carta auténtica en papel se enviará en esta generación. ¿Quién de nosotros la escribirá? ¿Y qué perdemos al abandonar el género epistolar, ese que según Virginia Woolf es “el arte más humano, ya que hunde sus raíces en el amor a los amigos”?
  • Empieza un nuevo año y mucha gente se llena de propósitos y buenas intenciones. Este artículo repasa algunas de esas metas relacionadas con la lectura y la escritura, y sugiere una prioridad: tomarse todos esos objetivos con mucha calma.
  • River y Boca, los dos equipos más populares de Argentina, definieron la Copa Libertadores de América en España. Apuntes de un hincha a quien la final lo encontró de casualidad en Madrid y que disfrutó de una jornada única desde las gradas del Santiago Bernabéu.
  • Llevar un listado de las propias lecturas requiere un espíritu un poco maniático y obsesivo. Pero es una buena herramienta para tener presentes los caminos que se han transitado, un modo de enfrentarse al olvido.
  • Cruzar un océano en unas pocas horas mientras vemos películas a la carta o leemos una novela es una proeza moderna que no solemos valorar en su justa dimensión. Algunas reflexiones y sensaciones en torno a escribir y volar, si es posible a la vez.
  • Después de una guerra u otras tragedias, las naciones deben contar el número de sus víctimas, pero también contarlas de otra forma: tienen que narrarlas, hallar una justificación para la calamidad. ¿Cómo se hace para darle un sentido a tanta muerte?
  • Algunos apuntes sobre El Gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, quien empezó a escribir a sus 57 años y en unos pocos meses compuso una de las mejores novelas del siglo XX.
  • ¿Qué pasaría si se pretendiera usar tintas de distintos colores para indicar diferentes planos temporales o alguna otra complejidad narrativa en algunas novelas?
  • Algunos apuntes sobre una capacidad fascinante, que emplean incluso quienes oyen bien, que la tecnología busca descifrar y que puede representar, para decirlo con Quevedo, “escuchar con los ojos a los muertos”