Cristian Vázquez | Letras Libres
artículo no publicado
  • Al escribir su novela Los sorrentinos, la argentina Virginia Higa jugó a ser “la Virgilio de su familia”: creó una mitología propia a partir de la influencia de Natalia Ginzburg y de una pasta italiana inventada en la provincia de Buenos Aires.
  • ¿Escribir literatura es un trabajo? ¿Los ebooks son libros? Un grupo de Facebook creado en Argentina para difundir material de lectura para la cuarentena generó un amplio debate en torno a estas y otras preguntas fundamentales del sector del libro.
  • Una de las voces más emblemáticas del grupo argentino Les Luthiers murió esta semana, a los 77 años. Queda su carisma, sus juegos de palabras, el humor que desparramó en más de medio siglo de carrera.
  • En Argentina el coronavirus ya llegó y se expande. Por ahora las cifras oficiales están lejos de las de China, Italia y España, pero será hasta dentro de unos días o semanas que sepamos si hemos hecho lo necesario para mitigar en todo lo posible sus consecuencias.
  • Ciertas sonrisas resultan inquietantes. Victor Hugo publicó su novela El hombre que ríe hace un siglo y medio, pero la perturbadora sonrisa que aquel personaje tenía fijada en el rostro se sigue reproduciendo en historias de la actualidad.
  • Las novelas de Martín Felipe Castagnet combinan ciencia ficción, fantasía y costumbrismo, en una época en que las utopías y las distopías parecen más cercanas que nunca.
  • Las dedicatorias, ese breve mensaje para alguien que casi todos los libros tienen en una de sus primeras páginas, conforman todo un subgénero. Leídas de corrido y fuera de su contexto original generan nuevos sentidos y significaciones.
  • Diez años después de la muerte de J. D. Salinger, sabemos que siguió escribiendo toda su vida y que en algún momento se publicará su obra póstuma. Pero qué podremos esperar de esos nuevos libros sigue siendo una gran incógnita.
  • Gabriela Cabezón Cámara es una de las voces más potentes y originales de la actual literatura argentina. Busca que cada una de sus novelas tenga una “lengua propia”, que no se parezca a las anteriores, porque teme convertirse en una burócrata de sí misma. En un poema asegura: “Escribir una novela es vivir”.