Cristian Vázquez | Letras Libres
artículo no publicado
  • La casa con la que Julio Cortázar mantuvo un vínculo más extenso a lo largo de los años está en el barrio de Agronomía, en la ciudad de Buenos Aires. Allí permanece una biblioteca que fue suya y a la que incluso le dedicó un poema. De alguna manera, también el fantasma del autor de Rayuela sigue habitando el lugar.
  • La firma de puño y letra del autor dota al libro de un aura especial, lo hace un ejemplar único. En un sentido es una trivialidad, pero también puede ser una muestra de afecto y dar lugar a curiosas historias.
  • A 120 años del nacimiento de Jorge Luis Borges, una visita a El hacedor, su libro más personal y quizás el más indicado para que se introduzcan en el universo borgeano quienes no saben por dónde empezar o quienes desistieron tras algún intento frustrado.
  • Ser el único espectador de una conferencia, una obra de teatro o la presentación de un libro es una situación incómoda tanto para expositores o artistas como para el unipersonal público. En este texto, algunas escenas de la ficción y de la realidad y algunos apuntes sobre tan particular circunstancia.

  • Desde los que se obligan a terminar todos los libros que empiezan hasta quienes los descartan sin miramientos al menor disgusto: una clasificación de los lectores según qué tan abandónicas son sus costumbres.
  • En algunos países, el 20 de julio se celebra el Día del Amigo en recuerdo de la llegada de las primeras personas a la Luna. En un primer momento, la relación entre ambos hechos puede parecer absurda. Pero tal vez no lo sea si se piensa en la relación entre la amistad, el lenguaje, los viajes y la tan humana necesidad de contar historias.
  • La práctica de la relectura es poco valorada o incluso desdeñada por quienes corren tras la novedad y se angustian por todo lo que no han leído. Pero permite acercarse a los textos con ojos capaces de ir más lejos que en la ocasión anterior.
  • Tras siglos de desarrollo, el arte de la relojería parece acercarse a su fin: cada vez menos gente lleva consigo un reloj. Para saber qué hora es –así como para saber casi cualquier otra cosa– ahora miramos pantallas. No estaría mal, entonces, pensar en dar a los viejos y queridos relojes una despedida acorde a sus merecimientos.
  • Escribir libros exige un montón de tiempo y energías a cambio de poco dinero. Los escritores conviven con las contradicciones entre un mundillo literario que les exige que “no se vendan” y una sociedad en la cual lo que no se vende no sirve para nada.