Carlos Chimal | Letras Libres
artículo no publicado
  • La historia de los virus se remonta al inicio de la vida en la tierra. El conocimiento sobre su evolución explica cómo se convirtieron en parásitos insidiosos, que nos atacan una vez sí y otra también.
  • Han pasado treinta años desde que empezó a gestarse una cultura digital a escala planetaria, cuyos alcances apenas se alcanzaban a vislumbrar cuando Tim Berners-Lee subió la primera página web.
  • Tres aventuras científicas humanas fueron materia noticiosa esta semana. Las tres podrían tener como denominador común el lema latino que significa "apresúrate despacio".
  • “Dame una pila de litio y moveré el mundo”, ha dicho John B. Goodenough, uno de los ganadores del Nobel este año. El premio reconoce la invención de una tecnología omnipresente en el mundo actual al tiempo que se suma a la celebración del 150 aniversario de la tabla periódica de los elementos.
  • El trabajo de los galardonados en el campo de la física ha permitido que la cosmología, considerada hasta hace unas décadas una especulación cuasiesotérica de café, se haya consolidado como un espectacular campo científico.
  • El trabajo de los ganadores del galardón de este año nos recuerda que la evolución de las especies no es una idea de ateos irredentos, ni tampoco un concepto religioso, sino un mecanismo que se reinventa y nos permite estar aquí, hablando de la vida.
  • Una muestra de que la tabla periódica de los elementos químicos se ha convertido en un símbolo de la cultura popular es la manera como escritores, poetas, investigadores y artistas se han apropiado de ella como objeto estético.
  • En un artículo de 1969, Jorge Ibargüengoitia satirizaba el viaje a la Luna como una gran industria y una aventura pueril. Lejos de eso, la empresa fue el detonador de numerosos desarrollos tecnológicos y podría ser el inicio de una cadena de riqueza que beneficie a la humanidad.
  • Dmitri Mendeléyev, quien confeccionó la carta de navegación de la química, fue nominado tres veces al Premio Nobel y nunca lo obtuvo. Aun así, se le reconoció en vida como “el más físico de los químicos”, otorgándole un carácter moderno a la vieja alquimia.