Carlos Bravo Regidor | Letras Libres
artículo no publicado
  • Ha pasado un año desde que AMLO asumió la presidencia. El plazo, si bien no alcanza para evaluar a fondo sus políticas públicas, resulta suficiente para tomarle el pulso a su gobierno.
  • Los líderes populistas aman a los medios de comunicación, pero odian el periodismo. No es lo mismo tener plataformas a su disposición para amplificar un mensaje que aceptar el escrutinio público.
  • El giro nativista en Estados Unidos, las promesas humanitarias de López Obrador y el colapso político en Centroamérica han provocado un cambio en la migración. Nuestro país tiene la experiencia diplomática e institucional para rechazar la criminalización de los migrantes y, en su lugar, adoptar una política solidaria con nuestros vecinos del sur.
  • La contraposición entre liberalismo y populismo es demasiado simplista. Para criticar con tino, los liberales deben reconocer la diversidad de su propia tradición y encarar los saldos negativos de sus gobiernos.
  • El liberalismo, más que una ideología, es un temple, una disposición de ánimo para aceptar la validez de todas las preguntas. Octavio Paz pedía que del liberalismo y el socialismo surgiera una nueva doctrina. Aguilar Rivera, Beck, Bravo Regidor, Silva-Herzog y Bartra levantan un mapa donde abundan los recovecos de las dudas y escasean las planicies de las certezas. Al final, una tarea: devolverle al liberalismo su talante combativo a partir del reconocimiento de sus insuficiencias.