Aurora Nacarino-Brabo | Letras Libres
artículo no publicado
  • No hay alternativa al liberalismo económico, pero quizá no podamos afirmar con rotundidad lo mismo con respecto al liberalismo político.
  • Ahora que hemos comprobado que la pandemia no ha cohesionado el país, es momento de preguntarse qué país queremos que resulte de esta crisis y qué estamos dispuestos a hacer para conseguirlo.
  • Superar la cacofonía de la guerra cultural e identitaria va a ser fundamental en los próximos años, y Ciudadanos es el partido mejor posicionado para impulsar y capitalizar ese cambio.
  • La Covid-19 ha sido primero una crisis sanitaria y después económica y social. Supone un desafío a la democracia liberal, que resistirá adaptándose para conservar lo que la define: la capacidad de proteger la dignidad y la autonomía moral de los ciudadanos.
  • Los partidos políticos precisan de mecanismos de deliberación internos que permitan ventilar privadamente los intercambios de parecer sin aplacar al discrepante y sin anular la discusión.
  • Los rasgos populistas que identificamos en el estilo de Sánchez también se reconocen en otros líderes europeos. Es lo que algunos autores han llamado “populismo de centro” o “populismo de gobierno”.
  • Nunca se aprobaron tan pocas leyes ni se firmaron tantos decretos ley, nunca se declararon tantas necesidades urgentes ni se postergó de igual modo lo importante.
  • Ante las presiones de quienes buscan la disgregación territorial y de quienes añoran un centralismo aislacionista, está en juego la continuidad del Estado-nación en los términos establecidos por el liberalismo: en la noción de ciudadanía, española hacia adentro, europea hacia afuera.
  • Hay una brecha en la izquierda entre las viejas élites que conocieron la dictadura y las nuevas generaciones socializadas en la democracia y el bienestar material.