artículo no publicado
  • Al final de la década de los noventa la cocina mexicana estaba recién salida de una renovación, y solíamos llamarla “nueva cocina mexicana”. Al comienzo de este siglo, Enrique Olvera (Ciudad de México, 1976), de la mano de su equipo de cocineros en los restaurantes Pujol, en México, y Cosme, en Nueva York, innovó en estilo y en estrategias formales y hoy es el chef mexicano más reconocido del mundo. En esta conversación, interrumpida y prolongada a lo largo de distintas sesiones, exploramos el desarrollo de la cocina contemporánea y de su filosofía como chef. Sus platos –del club sándwich de foie gras al mole madre– son un episodio ineludible de la tradición culinaria mexicana.
  • “Hago lugares para vivir, para transitar, para recordar”
  • Ida Vitale (Montevideo, 1923) es autora de una obra íntima, inteligente y precisa. Ha publicado una veintena de poemarios y catorce libros en prosa, entre ellos El abc de Byobu (2005), una obra inclasificable que podría definirse como una explicación vital sin datos biográficos. “‘Byóbu’ es la palabra japonesa de la que deriva biombo”, me dijo una tarde de otoño en Austin, Texas, donde vive desde los años ochenta.Cuando le advertí que había sacado de la biblioteca más de veinte libros suyos, me dijo: “¡No he escrito tanto!” Tradujo a Pirandello y D’Annunzio, a Molière y Boris Vian, a Simone de Beauvoir y Gaston Bachelard. Escribió ensayos, prologó libros, publicó prosas que no se dejan encasillar en un género bien delimitado. Pero Ida Vitale es, ante todo, poeta. El año pasado recibió el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y el Premio Internacional Alfonso Reyes.En 1953 publicó su segundo poemario, Palabra dada, en el que aparece “Sobrevida”: “[...] Dame, en cuanto cierre / los ojos de la cara, / tus dos manos de sueño / que encaminan y hielan, / dame con qué encontrarme, / dame como una espada / el camino que pasa / por el filo del miedo, / una luna sin sombra, / una música apenas oída / y ya aprendida, / dame noche verdad / para mí sola, / tiempo para mí sola, / sobrevida.” Hay una oposición implícita entre vida, la vida a secas, y sobrevida, una especie de don para escucharse a uno mismo y para acceder a una verdad íntima. La sobrevida es también una conquista, algo que procuramos alcanzar y que ella ha buscado a través de la escritura.Ida Vitale tenía treinta años cuando publicó Palabra dada. Hoy tiene 92 y, como no es solemne, sospecho que no protestaría demasiado si dijera que la sobrevida ha consistido en aproximarse a la centena con lucidez, con proyectos, con amigos.Durante la entrevista intentamos superar la incomodidad de hablar de cosas serias, porque nos conocemos en un mundo gozosamente extraliterario. Después de conversar sobre sus ideas literarias, sus libros y la novela que está por terminar, bebimos una copa de vino rosado y, sabiendo que es mi favorito, me dijo en su muy uruguayo acento: “parece pipí de mariposa”. Si van a hacer escarnio de ti, que lo haga un poeta.
  • Ida Vitale (Montevideo, 1923) es autora de una obra íntima, inteligente y precisa. Ha publicado una veintena de poemarios y catorce libros en prosa, entre ellos El abc de Byobu (2005), una obra inclasificable que podría definirse como una explicación vital sin datos biográficos. “‘Byóbu’ es la palabra japonesa de la que deriva biombo”, me dijo una tarde de otoño en Austin, Texas, donde vive desde los años ochenta.Cuando le advertí que había sacado de la biblioteca más de veinte libros suyos, me dijo: “¡No he escrito tanto!” Tradujo a Pirandello y D’Annunzio, a Molière y Boris Vian, a Simone de Beauvoir y Gaston Bachelard. Escribió ensayos, prologó libros, publicó prosas que no se dejan encasillar en un género bien delimitado. Pero Ida Vitale es, ante todo, poeta. El año pasado recibió el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y el Premio Internacional Alfonso Reyes.En 1953 publicó su segundo poemario, Palabra dada, en el que aparece “Sobrevida”: “[...] Dame, en cuanto cierre / los ojos de la cara, / tus dos manos de sueño / que encaminan y hielan, / dame con qué encontrarme, / dame como una espada / el camino que pasa / por el filo del miedo, / una luna sin sombra, / una música apenas oída / y ya aprendida, / dame noche verdad / para mí sola, / tiempo para mí sola, / sobrevida.” Hay una oposición implícita entre vida, la vida a secas, y sobrevida, una especie de don para escucharse a uno mismo y para acceder a una verdad íntima. La sobrevida es también una conquista, algo que procuramos alcanzar y que ella ha buscado a través de la escritura.Ida Vitale tenía treinta años cuando publicó Palabra dada. Hoy tiene 92 y, como no es solemne, sospecho que no protestaría demasiado si dijera que la sobrevida ha consistido en aproximarse a la centena con lucidez, con proyectos, con amigos.Durante la entrevista intentamos superar la incomodidad de hablar de cosas serias, porque nos conocemos en un mundo gozosamente extraliterario. Después de conversar sobre sus ideas literarias, sus libros y la novela que está por terminar, bebimos una copa de vino rosado y, sabiendo que es mi favorito, me dijo en su muy uruguayo acento: “parece pipí de mariposa”. Si van a hacer escarnio de ti, que lo haga un poeta.
  • Ian Kershaw (Manchester, 1943) es autor de una biografía de referencia de Hitler. En Descenso a los infiernos (Crítica, 2016), la primera parte de una historia en dos volúmenes sobre Europa en el siglo XX, ofrece un relato riguroso, complejo y apasionante del continente entre 1914 y 1949: analiza las fuerzas que hicieron que Europa estuviera a punto de destruirse dos veces, describe el clima intelectual y los cambios sociales, expone las tensiones étnicas y sociales y la magnitud de la devastación que produjeron, y la sorprendente recuperación tras el final de la Segunda Guerra Mundial.
  • Ian Kershaw (Manchester, 1943) es autor de una biografía de referencia de Hitler. En Descenso a los infiernos (Crítica, 2016), la primera parte de una historia en dos volúmenes sobre Europa en el siglo XX, ofrece un relato riguroso, complejo y apasionante del continente entre 1914 y 1949: analiza las fuerzas que hicieron que Europa estuviera a punto de destruirse dos veces, describe el clima intelectual y los cambios sociales, expone las tensiones étnicas y sociales y la magnitud de la devastación que produjeron, y la sorprendente recuperación tras el final de la Segunda Guerra Mundial.
  • Al cabo de cumplir noventa años, Miguel León-Portilla (Ciudad de México, 1926) conmemora también los sesenta años de la presentación de su tesis doctoral: La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes (1956). Su dilatada trayectoria académica es la de un gran polígrafo. Quizás el último en la estela de los célebres eruditos hispánicos, entre los que no desdeñaría los precedentes de Bartolomé de las Casas o Marcelino Menéndez Pelayo, figuras que titulan sendas distinciones recibidas por el académico. Creador de la escuela del indigenismo cultural, con su reivindicación de las grandes civilizaciones mesoamericanas, León-Portilla es también un develador de tópicos con las herramientas de la tradición humanística –el rigor intelectual, el debate crítico y el trabajo tenaz–, aunque reforzadas con el empleo de una variedad enorme de metodologías que han aunado filosofía, filología, antropología e historia en sus investigaciones. Su obra ha abierto la vía a otra manera de concebir la historia de ese otro Occidente en que acabó convertida la América originaria.Cabe señalar dos sintagmas y un concepto que la obra de Miguel León-Portilla ha contribuido a divulgar: la “visión de los vencidos” como propuesta de elevar la voz indígena a testimonio de la conquista de los siglos XVI-XVII; “el encuentro de dos mundos” como apuesta integradora de dos civilizaciones en la América posterior a 1492; y el nepantlismo, entendido como la indeterminación cultural y religiosa de la sociedad colonial primera, con ese “estar en medio” de la experiencia nativa de existir en la penumbra de un mundo en el que iba anocheciendo lo antiguo y asimilándose paulatinamente lo nuevo. Todas sus innovaciones conceptuales, sin embargo, quedan subsumidas en una reflexión permanente sobre el individuo en su contexto cultural como realización de la historia. En manos del autor, el estudio de la literatura indígena mexicana se ha metaformoseado del establecimiento del corpus filológico al del canon de autores. Del mismo modo, ha escrito sobre las condenaciones e incomprensiones mutuas entre españoles e indígenas durante la conquista, pero advirtiendo de la pervivencia de imágenes culturales “profundamente humanas” que ayudan a comprender mediante las vivencias del pasado la historia del futuro. La mirada de Miguel León-Portilla siempre ha tenido como compromiso la actualidad. Su obra clásica de 1959 (Visión de los vencidos. Relaciones indígenas sobre la conquista) acabó reeditándose décadas después con un capítulo nuevo que, a manera de epílogo, añadía textos nativos de época moderna y contemporánea, hasta llegar a los testimonios zapatistas de fines del siglo XX.Mientras se suceden los homenajes a su obra y a su persona, conversamos con él por escrito, según la manera de aquellas misivas que fueron el hilo atlántico que nos unió hace más de cinco siglos.
  • Hoja de ruta: Luis Chitarroni era un joven fanático de los libros, un lector voraz que parecía ser ya un viejo sabio y erudito a sus veintipico años cuando recibió una propuesta de un editor mítico para trabajar en una editorial icónica. El editor era Enrique Pezzoni, uno de los puentes vivos entre el grupo Sur (Borges, las Ocampo, José Bianco, etc.) y la modernidad de los años ochenta argentinos; la editorial era Sudamericana, casa señera en la edición local. Así, Chitarroni, desde 1986, se fogueó en una cantera ardiente, en el centro neurálgico de una industria que estaba por transformarse drásticamente. Porque los años ochenta eran otro mundo, “un mundo distante, difícil de contar hoy”, como dice el propio Chitarroni, testigo en primera fila de la transformación de las editoriales nacionales en grandes grupos trasnacionales y de la vuelta, con el nuevo milenio y las crisis económicas en Latinoamérica y España, a un escenario de sellos pequeños, familiares, autogestionados, a los que aprendimos a nombrar como “editoriales independientes”.Con el paso del tiempo, además, Luis Chitarroni se fue erigiendo como un personaje entrañable y esquivo del gueto literario argentino. Escritor de obra esporádica, publicó un conjunto de retratos libres de escritores (Siluetas), una novela (El carapálida), unos ensayos (Mil tazas de té) y un libro singular en la tradición hermética (Peripecias del no). Después de largos años como editor de Sudamericana, dio de pronto un volantazo y dejó ese lugar para fundar una editorial, La Bestia Equilátera, que en poco tiempo hizo evidentes sus intenciones: la traducción al castellano de novelas y relatos sobre todo europeos, sobre todo del siglo pasado, sobre todo de autores poco leídos y poco difundidos en nuestro continente. Con La Bestia Equilátera publicó libros como Veneno de tarántula, de Julian Maclaren-Ross, Una familia y una fortuna, de Ivy Compton-Burnett, La soledad del lector, de David Markson o Los enamorados, de Alfred Hayes. Lo que hizo La Bestia Equilátera es lo que hacen las editoriales importantes: instalar una agenda paralela, poner en circulación una trama literaria que se había vuelto muda o invisible. Decir: acá hay otra cosa.Durante un par de horas Chitarroni tocó diversos temas en nuestra conversación: el oficio del editor, las transformaciones de la industria y lo que hay que hacer para sacar a la calle buenos libros. Afuera, una Buenos Aires detenida en un calor tremendo.  
  • Joyce Carol Oates (Lockport, Nueva York, 1938) es una de las escritoras más emblemáticas de la literatura estadounidense de las últimas décadas. En 1963 apareció By the north gate, su primer volumen de relatos, que abrió paso a una obra sustancial y polémicamente prolífica. Publica con fruición artículos, reseñas, relatos, ensayos, memorias y, ante todo, novelas que exploran los más diversos géneros. Ha escrito microrrelatos, cuentos, novelas históricas, sagas familiares, historias de horror gótico e incluso –bajo los pseudónimos Rosamond Smith y Lauren Kelly– elegantes y violentas novelas policiacas.Sus primeros libros tuvieron escasa repercusión en español, pero en la segunda mitad de los noventa Oates empezó a ser más conocida después de la publicación de Qué fue de los Mulvaney, La hija del sepulturero, Mamá, Blonde o Niágara; pronto seguirían, a manera de resurrección, las ediciones de bolsillo de algunas de sus primeras obras: Un jardín de placeres terrenales, Puro fuego o la aclamada Bellefleur, novela con la que incursionó por primera vez en el gótico posmoderno, que, por su plétora de vertientes narrativas y personajes pertenecientes todos a la misma familia, ha sido comparada con Cien años de soledad.Mágico, sombrío, impenetrable (Alfaguara, 2016), su libro más reciente, es una perturbadora colección de relatos en la que aborda temas que lo mismo fascinan y repulsan simultáneamente al lector –la obsesión y objetivación sexual de un animal, la irrupción en la vida doméstica de la misoginia y la misandria, el miedo aparentemente irracional de perder al ser amado o la compleja y pasional vida oculta de un escritor (en este caso el poeta Robert Frost)–, con una prosa envolvente y una sorprendente capacidad para los diálogos.Oates es una mujer alta, esbelta, de voz pausada y aspecto delicado, pero con una mente astuta y en constante movimiento; sus intereses van desde el boxeo (en el que es una autoridad), los gatos, el senderismo (afición que adquirió por su segundo esposo, el neurocientífico Charles Gross) hasta la televisión (ve Downton Abbey y The leftovers). “Muchas veces la literatura se hace también con el pulso de la vida cotidiana, no solo con literatura”, me dijo. Me reuní con ella durante la duodécima edición del Festival Internacional de Escritores y Literatura en San Miguel de Allende para hablar de su forma de trabajo, la importancia de los géneros y las obsesiones que dan forma a su obra.
  • Joyce Carol Oates (Lockport, Nueva York, 1938) es una de las escritoras más emblemáticas de la literatura estadounidense de las últimas décadas. En 1963 apareció By the north gate, su primer volumen de relatos, que abrió paso a una obra sustancial y polémicamente prolífica. Publica con fruición artículos, reseñas, relatos, ensayos, memorias y, ante todo, novelas que exploran los más diversos géneros. Ha escrito microrrelatos, cuentos, novelas históricas, sagas familiares, historias de horror gótico e incluso –bajo los pseudónimos Rosamond Smith y Lauren Kelly– elegantes y violentas novelas policiacas.Sus primeros libros tuvieron escasa repercusión en español, pero en la segunda mitad de los noventa Oates empezó a ser más conocida después de la publicación de Qué fue de los Mulvaney, La hija del sepulturero, Mamá, Blonde o Niágara; pronto seguirían, a manera de resurrección, las ediciones de bolsillo de algunas de sus primeras obras: Un jardín de placeres terrenales, Puro fuego o la aclamada Bellefleur, novela con la que incursionó por primera vez en el gótico posmoderno, que, por su plétora de vertientes narrativas y personajes pertenecientes todos a la misma familia, ha sido comparada con Cien años de soledad.Mágico, sombrío, impenetrable (Alfaguara, 2016), su libro más reciente, es una perturbadora colección de relatos en la que aborda temas que lo mismo fascinan y repulsan simultáneamente al lector –la obsesión y objetivación sexual de un animal, la irrupción en la vida doméstica de la misoginia y la misandria, el miedo aparentemente irracional de perder al ser amado o la compleja y pasional vida oculta de un escritor (en este caso el poeta Robert Frost)–, con una prosa envolvente y una sorprendente capacidad para los diálogos.Oates es una mujer alta, esbelta, de voz pausada y aspecto delicado, pero con una mente astuta y en constante movimiento; sus intereses van desde el boxeo (en el que es una autoridad), los gatos, el senderismo (afición que adquirió por su segundo esposo, el neurocientífico Charles Gross) hasta la televisión (ve Downton Abbey y The leftovers). “Muchas veces la literatura se hace también con el pulso de la vida cotidiana, no solo con literatura”, me dijo. Me reuní con ella durante la duodécima edición del Festival Internacional de Escritores y Literatura en San Miguel de Allende para hablar de su forma de trabajo, la importancia de los géneros y las obsesiones que dan forma a su obra.