El otro Tévez

 

Vidas paralelas, las de Tévez y Cabañas, su mejor amigo y pareja en el futbol infantil. Con los años, uno se hizo crack internacional y el otro, un delincuente local. Nahuel Gallotta cuenta la historia del chico que pudo haber sido una estrella, pero terminó con un disparo en la sien.

Esteban dice que puede parecer una exageración, pero que la respuesta que le dio el guacho Cabañas es lógica. Los pibes en Fuerte Apache piensan así. “Yo nací chorro y me voy a morir siendo chorro”, decía Cabañas. Tenía diecisiete años. Cuando falleció, fa! escribió un rap sobre su vida. Se llamó “Cuando un amigo se va”.

Cabañas compartía. O se las ingeniaba para que todos los chicos de su barrio se privaran de la menor cantidad de cosas. El predio de entrenamientos de Vélez estaba a veinte cuadras de Fuerte Apache. Cabañas había quedado en que, los días de práctica de fútbol, sus amigos iban a estar sobre la avenida Juan B. Justo, escondidos. En algún momento del partido iba a patear, a propósito, la pelota para afuera. Más tarde, en los potreros de Fuerte Apache, se iba a jugar con una pelota que solo veían por la televisión.

Antes de Vélez estuvo en Argentinos Juniors. Era la década del noventa y los futbolistas de Primera División habían impuesto una moda: usar botines blancos. Cabañas tenía los que le conseguían en el club. Un día se robó en la escuela un Liquid Paper, el corrector líquido que se utiliza para borrar errores en papel. Con eso, pintó de blanco sus botines negros. A las siguientes prácticas, un colombiano se fascinó, y le propuso que se los cambiara por los suyos. Cabañas sabía que la pintura, mucho no iba a aguantar. A los días, de tantos pelotazos, los botines del colombiano comenzaron a despintarse, y de blancos pasaron a negros. Cuando fue a reclamar, Cabañas lo sacó matando.

En Vélez siempre fue el 8 titular. Tenía épocas. A veces andaba bien, y otras desaparecía de los entrenamientos por varias semanas. Ahí era cuando directivos del club decidían meterse a Fuerte Apache a convencerlo de volver. Iban, pero Cabañas siempre se escondía, como si fueran policías. Varias veces técnicos y dirigentes fueron a buscarlo a un barrio que jamás habrían pisado si no fuera por un pichón de crack. Hasta que se cansaron. Se dice que una vez robó cosas de un bolso de un compañero, y lo dejaron libre, con el pase para que se buscara otro club. Dicen también que Cabañas se lo tomó en joda. Que ese día se volvió a Fuerte Apache cagándose de la risa.

Al tiempo, una tarde fue a visitarlo Propato, el técnico de All Boys que lo pasaba a buscar por los monoblocks.

–Hubo un momento, a los quince años, que se peleó con todo el mundo, porque era muy calentón –cuenta Propato–. Yo dirigía Comunicaciones, y un día se aparece en la práctica, porque me adoraba, y me dice:

–Quiero jugar en Comunicaciones.

En un club como Comunicaciones los jugadores profesionales juegan al fútbol por un salario básico. Entrenan a la mañana y por la tarde tienen otros oficios para vivir mejor.

–¿Vos?... ¿Acá? Tenés tantas chances de ir a Boca, a River, podés jugar en el equipo que vos quieras. ¿Cómo vas a venir a jugar con nosotros? ¿Estás loco?

–Es que yo quiero venir a jugar acá porque estás vos. Vos sos el único que me puede controlar un poco. Estoy metido en muchos problemas.

Propato lo entendió, y sintió que si repuntaba podía en pocos meses estar otra vez en los mejores clubes. Quedaron en verse al día siguiente, pero Cabañas desapareció. Esa fue la última vez que lo vio.

Unas noches antes de matarse, y con la noticia de Tévez citado para la selección Sub 17, Cabañas caminaba llorando por el barrio. Didí, técnico en Santa Clara, club de los monoblocks en el que Tévez y Cabañas jugaban los domingos, y vecino, lo vio, y se le acercó.

–Cómo puede ser, explicame. Yo no puedo entender cómo ese “pelotudo”..., cómo ese pelotudo –por Tévez– llegó a primera y a mí me está buscando toda la policía... me quieren matar, Didí. Si yo jugaba mejor, vos sabés, Didí, cómo jugaba yo. Y mirame cómo estoy. Todo el día con esto.

Esto era una bolsita de pegamento.

Este año, Didí quiere armar allá, en la esquina, cerquita del corner, un nichito a la memoria del que se dice haber sido mejor jugador que Carlitos Tévez.

Hace calor en Pablo Podestá. Es un día cualquiera de septiembre en un cementerio público del Conurbano, en el que hay feo olor. En el casillero 57, de la fila 10, está la tumba de Cabañas. La foto de su rostro lo muestra contento, con el pelo bien peinado y cortito, prolijo; y un buzo que casi le tapa por completo el cuello. Alrededor hay rosarios, mensajes de amigos, botellas de licor, de vinos, cigarrillos. De tabaco y de mariguana. Aquí lo despidieron a los tiros. Aquí llegó un micro de amigos para darle el último adiós, tan alejado de lo que pudo ser y no fue. Aquí descansa. Desde aquí ve todo. Ve que en Inglaterra, Mancini, el entrenador de Carlos Tévez en el Manchester City, dice por los medios que Tévez, con él, nunca más jugará. Al parecer, en un partido en que Carlitos estaba en el banco de suplentes y su equipo perdía, se negó a ingresar a jugar, en un año en que es más noticia por sus amoríos y sus kilos de más. Cabañas, a lo mejor, habría entrado por la derecha, dando indicaciones a sus compañeros. Y habría pedido la pelota, para tocar con un enganche e ir a buscar la devolución con un pique que ningún patrullero pudiera alcanzar. Le habría pedido al cinco que lo relevara, porque él se iba arriba. Habría pateado un bombazo como cuando lo hacía con botines agujereados. Habría festejado escondiéndose detrás de una bandera, como lo hacía cuando era niño. Habría recibido la pelota del enganche, por la izquierda, y Tévez habría puteado porque otra vez estaba solo por la derecha. Y Cabañas con la pelota en los pies. Y Cabañas con todo el potrero encima, definiría a un costado del palo, con un toque suave, con un pase a la red, para que la pelota entrara despacio. Y luego habría buscado a Carlitos, con el que pateaban piedritas descalzos en Fuerte Apache y decían ser mejores amigos, para darle un abrazo como se daban jugando en la 84 de All Boys. Habría sido, pero no, no salió, no pudo ser. Habría. ~

 

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Comentarios (12)

Mostrando 12 comentarios.

Da gusto leer un texto así. El ritmo y el color hace que te imaginés Fuerte Apache. Además del trasfondo social que tiene que lo hace muy valioso y universal. Puede pasarse esta historia con pocas modificaciones a una favela de Río o a un barrio de invasión en Medellín o Bogotá. Felicitaciones

Increible...y que feo que es la ignorancia...a Tevez lo apoyaron TODOS, de todos lados, Maldini, los maestros de su escuela los padres...a este otro pibe le dieron la espalda...que injusticia.

Los hechos tanto en el verde cesped como en la dura calle te llevan a la gloria o el fracaso, lo bueno de esto es que uno puede "elejir siempre" ese es el Ej: Tevez sobre Carranza, mismas vidas distintas decisiones diferente Fin. 

¡Qué ágil texto!

 

LLeno de contrastes, interesante de principio a fin.

Me atrapó desde la primera línea y no pude parar de leer.

Una gran historia muy bien contada.

hace rato con supersudaca publicamos en volume unos articulos de vivienda colectiva en latinoamerica (de la que ya no se hace mucha ahora), uno de ellos firmado por Max Zolkwer y Ana Rascovsky recordaba el conjunto de buenos aires ahora llamado fuerte apache (nombre oficial: Barrio Ejercito de los Andes' de donde salio el famoso futbolista Tevez. Durante la visita al conjunto diseniado en la dictadura por el estudio Staff el 'negro' Orlando le conto a Max que habia un jugador mucho mejor que Tevez pero que abandono el futbol por la delicuencia y murio como delicuente rejoven. Gracias por el articulo de Nahuel Gallota donde se esclarece el tema sobre ese futbolista apodado Cabañas, el tema es que al final a uno le entra la duda, who is the looser of the story Cabañas o Tevez?

Buena loco, salud

 

Muy buena historia de un joven que pudo ser una estrella mundial más y terminó siendo un delincuente menos.

Interesante y ameno relato, el contraste entre los dos mundos el personaje que encaja en el medio y trinfa y el que no se adpta y tiene que sobrevivir.

felicidades

Ágil. Ilumina y conmueve. Buen texto.

Que bonito escribe los relatos oiga.

Me ha encantado todo el reportaje. El estilo aunque ya es conocido resulta muy prudente. El hubiera no existe pero como me encanta que se hagan divagaciones al respecto. No siempre gana el mejor, hay un montón de historias en el éxito de una persona o en su fracaso. Existe una historia del hubiera que le gusta imaginar mucho las personas que gustan del box, qué hubiese pasado con Salvador Sánchez, qué hubiese pasado con J.C. Chávez. Los motivadores dirán de una historia como la de Tévez que al final las malas decisiones de Cabañas fueron las que dilapidaron su talento, pero tu reportaje lo explica bien, tuvo dos vidas, existe un hecho central e inevitable en la vida de cada quien que es imposible de controlar, las varibles que arrojará como resultado dicha ecuación son infinitas, puede que en algún universo paralelo Tévez esté muerto por suicidio y Cabañas sea la estrella del Barcelona. Quién sabe, quizá en alguno de esos universos exista el ideal.

Que buena crónica! 

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