El otro Tévez

 

Vidas paralelas, las de Tévez y Cabañas, su mejor amigo y pareja en el futbol infantil. Con los años, uno se hizo crack internacional y el otro, un delincuente local. Nahuel Gallotta cuenta la historia del chico que pudo haber sido una estrella, pero terminó con un disparo en la sien.

Cabañas tenía diez, once años, y era el único nene de su edad que Los Backstreets dejaban quedarse con ellos. Era su carisma, su chispa, su personalidad la que lograba ese permiso. Los grandes procuraban que los nenes no vieran cosas que no deben ver a esa edad. En Fuerte Apache es un código: hay que tratar de consumir drogas, andar armado y planificar robos estando alejados de los niños. Pero Cabañas se quedaba. Y escuchaba y veía todo. Era la mascotita de la banda. Al que lo mimaban, al que lo mandaban a comprar cervezas o cigarrillos. También le daban dinero para golosinas. Los pibes grandes tienen esa imagen grabada: ellos fumando marihuana, pensando qué ir a robar más tarde, y a Cabañas yéndose con el bolsito a entrenar, estimulándolo a seguir jugando al fútbol y llegar a primera para poder comprarse una casa e irse del barrio.

Hoy los Backstreet son pura leyenda. De casi veinticinco jóvenes, viven cuatro. Los demás murieron en enfrentamientos con la policía o bandas rivales. Hubo, también, casos de suicidios, como el de un pibe que se pegó un tiro cuando lo abandonó su mujer. Otros de ruleta rusa. Otros fallecieron en cárceles. Otros en accidentes automovilísticos. Otro se internó en un neuropsiquiátrico de México y nadie supo más nada de su vida. Unos pocos están en prisión, con largas condenas por cumplir. La historia de Cabañas entra en la lista de los muertos. El pibe del que se decía que podía ser el 8 de la selección, prefirió cambiar la vida del fútbol por pertenecer a la banda más sangrienta de Fuerte Apache. Vivió hasta los diecisiete años.

... Tu cabello bien peinado / y tu caño apuntando / el brillo de tus anillos alumbraba tu camino / el oro que te colgaba porque tú te lo ganabas / después de cada hecho siempre regresabas / con la frente bien en alta / con tu compañero a los tiros y carcajadas...

En Fuerte Apache, del guacho Cabañas se dice:

Marcelo, ex Backstreet:

–En dos años hizo desastres. Fue un pibe al que le gustó el primer robo, y bueno, después nadie le pudo parar... Le daba la sangre para robar cualquier cosa, pero le faltó un compañero de robos que lo guiara, para hacer las cosas bien y no terminar como terminó, solo, matándose para que no lo matara la policía. Iba muy drogado a robar.

Didí, técnico de Santa Clara, que lo dirigía los domingos:

–Jugaban juntos –con Tévez– y hacían desastres. Yo quería dar la charla técnica y me decían “no nos rompás las bolas. Vos ponete a tomar mate con las mamás que el partido lo ganamos nosotros dos solos”. Yo decía que Cabañas podía haber llegado primero que Carlitos. Y mirá dónde está Carlitos y mirá dónde está Cabañas.

Pino Hernández, coordinador de las inferiores de Vélez:

–De Cabañas me acuerdo demasiado, habría sido el 8 de la selección. Era muy peleador, pero te defendía, eh, defendía a los compañeros, pero a veces no se medía. Después se encontró con amigos que lo llevaron por el mal camino y eso no lo pudo superar. Creo que si hubiera tenido una buena familia, alguien que lo contuviera en su casa, habría tenido otro final. Nosotros, a los chicos como él los tenemos dos horas por día en el club, el resto del día se la pasan en sus barrios.

Al ir desapareciendo Los Backstreets grandes, fueron quedando los jóvenes. Y quedaron las armas. Así se inició la nueva generación. Así empezó Cabañas. Así empezaron todos los chicos que, como él, se criaron idolatrando al que robó camiones blindados, al que tomó rehenes y salió en la televisión, o al que mató a un policía. En Fuerte Apache, los próceres no son Belgrano, San Martín, son los ladrones. Los ídolos como Tévez, son ídolos hasta los doce o trece años. Después no.

Todos los días Cabañas andaba armado. Una vez, manejando una moto por las calles de los monoblocks, un perro callejero lo corrió, y de un tarascón le pinchó la cubierta de atrás. Cabañas frenó, apagó la moto, sacó su pistola y lo mató de un tiro. Era el 2001, faltaban meses para su muerte y a Cabañas se lo podía ver siempre con una pistola en una mano y con una bolsita de pegamento en la otra. Por la única razón que dejaba su uniforme era por el fútbol en su barrio. Cuando escuchaba el ruido de una pelota picando en la tierra de los potreros de Fuerte Apache, dejaba todo a un costado y se ponía a jugar.

Cabañas, como todo pibe que tuvo necesidades, con el dinero de los primeros robos a pequeños comercios o supermercados chinos, iba a las casas de deportes a comprar conjuntos deportivos y zapatillas Nike. Esa es la política en el barrio. Tener. Mostrar. Aparentar, ocultar la pobreza en  un par de zapatillas. En los sectores bajos, como Fuerte Apache, caminar con unas zapatillas Nike implica seguridad, confianza hasta para encarar a una mujer.

Los anillos y cadenas de oro que usaba caracterizaban al guacho Cabañas. Caminando Fuerte Apache, se frenaba en los quioscos donde había nenitos. Sacaba dinero de sus bolsillos, el dinero que le había sacado a alguien  de mucho dinero, y los invitaba a comer. Jugando en Vélez hacía lo mismo. A los compañeros que venían a entrenar desde barrios como el suyo, haciendo combinación de colectivos o trenes, les daba para el remís. Para los que venían pedaleando en bici desde muy lejos, también había.

Su despedida fue a los tiros. Con pistolas, revólveres, fusiles. Todas las armas de Fuerte Apache salieron a llorar la muerte de Cabañas. Y en entierros así, lo que se hace es apuntar al cielo y gatillar. Es la mejor –es la única– manera de decirle adiós a un ladrón que se mató para que la policía no matara a un chorro.

... Perdonaría tus pecados / porque muchos de ellos tras las rejas lo han pagado / el cielo está juntado / hoy siento que no  tengo compañía / pero siento que sos el angelito que me guía/ y cuida mis espaldas / mi ángel de la guarda...

De Los Backstreet que quedaron vivos está Esteban, que con tres amigos formó una banda de rap llamada fa!;  vive de la música, grabó varios discos y el director de cine Pablo Trapero dirigió dos videoclips de la banda. Desde que se formó la banda, en los monoblocks hay seis o  siete grupos que se la pasan de estudio en estudio queriendo grabar su primer CD.

Esteban, arriba de su tobillo izquierdo, tiene un tatuaje: dice “Cabañas”.

Una noche, Esteban lo cruzó caminando por los monoblocks:

–Cabañas, te tenés que rescatar. La policía está matando a todos los pibes, el próximo podés ser vos. ¿Cuándo te vas a dejar de joder con todo esto?

Cabañas, sentado en un cordón de la vereda, mirándolo a Esteban parado, dijo:

–Es que yo nací chorro y me voy a morir siendo chorro.

Cabañas y Esteban hablaban mucho. Cabañas lo escuchaba mucho, lo admiraba, lo veía como un hermano mayor que siempre lo aconsejaba.

–Vos tenés que seguir con la música, porque tu música revá, es la piola, un día la vas a pegar. Aparte vos ya tenés un hijo, y le tenés que dar todo –le dijo Cabañas una vez.

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Comentarios (12)

Mostrando 12 comentarios.

Da gusto leer un texto así. El ritmo y el color hace que te imaginés Fuerte Apache. Además del trasfondo social que tiene que lo hace muy valioso y universal. Puede pasarse esta historia con pocas modificaciones a una favela de Río o a un barrio de invasión en Medellín o Bogotá. Felicitaciones

Increible...y que feo que es la ignorancia...a Tevez lo apoyaron TODOS, de todos lados, Maldini, los maestros de su escuela los padres...a este otro pibe le dieron la espalda...que injusticia.

Los hechos tanto en el verde cesped como en la dura calle te llevan a la gloria o el fracaso, lo bueno de esto es que uno puede "elejir siempre" ese es el Ej: Tevez sobre Carranza, mismas vidas distintas decisiones diferente Fin. 

¡Qué ágil texto!

 

LLeno de contrastes, interesante de principio a fin.

Me atrapó desde la primera línea y no pude parar de leer.

Una gran historia muy bien contada.

hace rato con supersudaca publicamos en volume unos articulos de vivienda colectiva en latinoamerica (de la que ya no se hace mucha ahora), uno de ellos firmado por Max Zolkwer y Ana Rascovsky recordaba el conjunto de buenos aires ahora llamado fuerte apache (nombre oficial: Barrio Ejercito de los Andes' de donde salio el famoso futbolista Tevez. Durante la visita al conjunto diseniado en la dictadura por el estudio Staff el 'negro' Orlando le conto a Max que habia un jugador mucho mejor que Tevez pero que abandono el futbol por la delicuencia y murio como delicuente rejoven. Gracias por el articulo de Nahuel Gallota donde se esclarece el tema sobre ese futbolista apodado Cabañas, el tema es que al final a uno le entra la duda, who is the looser of the story Cabañas o Tevez?

Buena loco, salud

 

Muy buena historia de un joven que pudo ser una estrella mundial más y terminó siendo un delincuente menos.

Interesante y ameno relato, el contraste entre los dos mundos el personaje que encaja en el medio y trinfa y el que no se adpta y tiene que sobrevivir.

felicidades

Ágil. Ilumina y conmueve. Buen texto.

Que bonito escribe los relatos oiga.

Me ha encantado todo el reportaje. El estilo aunque ya es conocido resulta muy prudente. El hubiera no existe pero como me encanta que se hagan divagaciones al respecto. No siempre gana el mejor, hay un montón de historias en el éxito de una persona o en su fracaso. Existe una historia del hubiera que le gusta imaginar mucho las personas que gustan del box, qué hubiese pasado con Salvador Sánchez, qué hubiese pasado con J.C. Chávez. Los motivadores dirán de una historia como la de Tévez que al final las malas decisiones de Cabañas fueron las que dilapidaron su talento, pero tu reportaje lo explica bien, tuvo dos vidas, existe un hecho central e inevitable en la vida de cada quien que es imposible de controlar, las varibles que arrojará como resultado dicha ecuación son infinitas, puede que en algún universo paralelo Tévez esté muerto por suicidio y Cabañas sea la estrella del Barcelona. Quién sabe, quizá en alguno de esos universos exista el ideal.

Que buena crónica! 

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