El otro Tévez

 

Vidas paralelas, las de Tévez y Cabañas, su mejor amigo y pareja en el futbol infantil. Con los años, uno se hizo crack internacional y el otro, un delincuente local. Nahuel Gallotta cuenta la historia del chico que pudo haber sido una estrella, pero terminó con un disparo en la sien.

Hoy Propato anda en un Renault 12 que tiene más años que la edad de Tévez.

De más grandes, empezaron a viajar solos, en el colectivo 135. Iban subiendo en distintas paradas de Ciudadela, Fuerte Apache y Floresta. Viajaban todos juntos, al fondo. Subían con guardapolvos blancos, como si fueran a la escuela. El boleto escolar valía un diez por ciento de la tarifa mínima. En las mochilas no llevaban útiles ni cuadernos. Llevaban botines y canilleras. La mayoría de los colectiveros sabían que no iban a estudiar, pero los dejaban pasar. Viajaban con ellos todos los días, y los veían volver transpirados, siempre peleando por quién hizo más goles, cargando al defensor que se comió un amague, puteando al “comilón” que prefería la jugada individual en lugar de la colectiva.

Se bajaban en la esquina de Mercedes y Lascano. Caminaban dos cuadras hasta el club, en pleno Floresta. Antes de cada entrenamiento, se trepaban a los techos. Llenaban bombitas de agua y esperaban a los colectivos que pasaban, repletos, por la avenida Jonte. Ahí apuntaban a las ventanas abiertas. Luego se escondían.

Caminando por Jonte, iban hasta Gualeguaychú, a dos cuadras de All Boys. Antes, con las monedas que les pedían a sus padres, compraban cohetes. La joda era llegar hasta la puerta del cabaret “Los 4 ases”. Los prendían en la puerta y salían corriendo. A veces, cuando tenían los “tres tiros”, apuntaban desde la esquina. Cuando la puerta estaba abierta, se mandaban, siempre a las carcajadas. Una madama, bien gorda, de muchos rulos, los echaba a las patadas. La 84 de All Boys, dicen, la pasaba mejor antes y después de los partidos, cuando tenían ratos libres para jugar a otra cosa.

Los días de partido, Darío, mientras el resto de sus compañeros se cambiaba para el partido, seguía jugando a cazar y matar palomas con una gomera en la puerta del club. Había que salir a buscarlo a la calle para que se cambiara y escuchara la charla técnica. Darío era paraguayo. Por su nacionalidad, y por su cuerpo morrudo, y por cómo aguantaba la pelota contra el piso, y por su cara de malo, lo apodaron Cabañas, en alusión a ese grandote 9 de Boca de comienzos de los noventa.

Darío usaba la 10; Tévez la 9. A los once años, los llevaron a una prueba en Vélez, en cancha de once: Darío quedó; Tévez no.

... Recuerdo verte venir con tu sonrisa descansera / tu mirada de pillo debajo de tu visera / aquí junto a tu tumba y con el corazón en pena / recuerdo que me decías que morirías / cómo vivirías / que serías delincuente hasta el último de tus días/  y ahora desde una estrella nos debés estar mirando / desde allá arriba con tu arco...

Carlos Pérez es otro que hoy podría ser Tévez. U otro que también podría ser Cabañas. Tévez, porque cuando cumplió trece, y se terminó el Baby, pasó junto al crack a Boca, a cambio de diez mil dólares en concepto de pelotas, pecheras y conos. Y también podría haber sido Cabañas porque fue detenido tres veces por robo. Pero no era carta blanca, y en lugar de matarlo, lo detuvieron y fue a la cárcel. Salió hace un mes, viene de casi cuatro años de prisión. Pérez era el 5 de la 84 de All Boys. Era el que se ganaba las puteadas de Tévez, cuando prefería pasársela a Cabañas. Por eso lo puteaba. Una vez Pérez se pudrió. Agarró la pelota en medio de un partido, la pateó a la calle y salió de la cancha enojado, puteando.

–¿Vos qué habrías hecho? El goleador era Cabañas, el mejor jugador del equipo, y yo prefería pasársela a él antes que a Tévez.

Carlos Pérez tiene tez morena, pelo corto, usa un piercing en la ceja y zapatillas Adidas, de las más caras. La pinta de jugador está intacta; en la forma de caminar, de atarse los cordones bien desajustados. Habla fuerte y rápido, y cuando habla escupe sin querer.

De Cabañas dice:

–Yo tengo la imagen de que el pibe era un rejugador. Pero también la del pibe que a los trece años venía a entrenar con olor a marihuana. Jugaba estando refumado. Una vez tuvo un problema con un pibe más grande del club. Se peleó a las piñas, perdió, y al día siguiente fue a buscarlo con un revólver.

Carlos Pérez también cuenta otra anécdota, que lo hace reír. Estaban Cabañas, Tévez y él. Y su hermano, más grande que ellos, llegando a su casa con una motito Zanella. Y ellos en la puerta, mirando la motito.

–Se la pidieron prestada los dos. Carlitos y Cabañas se agarraron a las piñas para usarla primero. Se pelearon y a los cinco minutos ya eran amigos de nuevo. Se querían mucho pero siempre competían por quién hacía más goles. Cabañas era mucho mejor jugador que Tévez. Ponele la ficha de que si el chabón se ponía las pilas, llegaba a primera. Tenía un retalento y ponía todo, eh. Si a Tévez le destacan el sacrificio, Cabañas..., Cabañas se mataba en la cancha.

... Querido amigo yo nunca me voy a olvidar / de las cosas que vivimos / y enemigos compartimos / y tú siempre el mismo pillo / con el dedo en el gatillo / empuñando un papelillo pillo / apuntando un cobani resentido...

Quienes conocieron a Cabañas afirman que tuvo dos vidas. Una hasta los doce años: la de la familia humilde pero unida. Tres hermanos varones, una mamá, un padrastro golpeador.

Y la otra después de los doce, cuando su mamá se mudó a Paraguay con sus hermanos, y a él lo dejó solo, con su padrastro, por su mala conducta. Eso lo puso triste, al tiempo abandonó la escuela.

Quienes conocieron a Cabañas, y lo vieron jugar, juran –no afirman– que era un pedazo de crack y que pintaba mucho mejor jugador que el mismo Carlitos Tévez. En el ambiente del fútbol infantil lo veían como el futuro 8 de la selección nacional.

Debajo del Nudo 1 de Fuerte Apache, donde vivieron Tévez y Cabañas, hay una remisería y un quiosquito. Enfrente, unos banquitos y la canchita. Ahí mismo se juntaban unos pibes que usaban ropa ancha, suelta, musculosas de la nba, zapatillas galácticas, gorras viseras. Lo de la ropa ancha, además de ser moda, servía para que nadie se diera cuenta de que guardaban pistolas en la cintura. No tardaron mucho en hacerse llamar “Los Backstreet Boys de Fuerte Apache”, como el grupo norteamericano que vendió más de cien millones de discos.

El otro Tévez 4
Emiliano Gullo

Cuando uno pone en Google “Fuerte Apache Backstreet Boys”, se entera: que los Backstreet eran la banda más pesada de las treinta que operaban en el barrio. Que las pandillas juveniles se disputaban el poder a los tiros. Que siete de cada diez detenidos eran menores de dieciocho años que portaban armas. Que existía un clima de guerra cada vez que la  policía mataba a un Backstreet, y a modo de venganza, tiroteaban la comisaría sexta, la del barrio. Que a los velato- rios iban armados hasta los dientes. Que en los entierros  tiraban tiros al aire, la mejor manera de despedir a un pistolero como ellos. Que le atribuyen más de cien asesinatos.

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Comentarios (12)

Mostrando 12 comentarios.

Da gusto leer un texto así. El ritmo y el color hace que te imaginés Fuerte Apache. Además del trasfondo social que tiene que lo hace muy valioso y universal. Puede pasarse esta historia con pocas modificaciones a una favela de Río o a un barrio de invasión en Medellín o Bogotá. Felicitaciones

Increible...y que feo que es la ignorancia...a Tevez lo apoyaron TODOS, de todos lados, Maldini, los maestros de su escuela los padres...a este otro pibe le dieron la espalda...que injusticia.

Los hechos tanto en el verde cesped como en la dura calle te llevan a la gloria o el fracaso, lo bueno de esto es que uno puede "elejir siempre" ese es el Ej: Tevez sobre Carranza, mismas vidas distintas decisiones diferente Fin. 

¡Qué ágil texto!

 

LLeno de contrastes, interesante de principio a fin.

Me atrapó desde la primera línea y no pude parar de leer.

Una gran historia muy bien contada.

hace rato con supersudaca publicamos en volume unos articulos de vivienda colectiva en latinoamerica (de la que ya no se hace mucha ahora), uno de ellos firmado por Max Zolkwer y Ana Rascovsky recordaba el conjunto de buenos aires ahora llamado fuerte apache (nombre oficial: Barrio Ejercito de los Andes' de donde salio el famoso futbolista Tevez. Durante la visita al conjunto diseniado en la dictadura por el estudio Staff el 'negro' Orlando le conto a Max que habia un jugador mucho mejor que Tevez pero que abandono el futbol por la delicuencia y murio como delicuente rejoven. Gracias por el articulo de Nahuel Gallota donde se esclarece el tema sobre ese futbolista apodado Cabañas, el tema es que al final a uno le entra la duda, who is the looser of the story Cabañas o Tevez?

Buena loco, salud

 

Muy buena historia de un joven que pudo ser una estrella mundial más y terminó siendo un delincuente menos.

Interesante y ameno relato, el contraste entre los dos mundos el personaje que encaja en el medio y trinfa y el que no se adpta y tiene que sobrevivir.

felicidades

Ágil. Ilumina y conmueve. Buen texto.

Que bonito escribe los relatos oiga.

Me ha encantado todo el reportaje. El estilo aunque ya es conocido resulta muy prudente. El hubiera no existe pero como me encanta que se hagan divagaciones al respecto. No siempre gana el mejor, hay un montón de historias en el éxito de una persona o en su fracaso. Existe una historia del hubiera que le gusta imaginar mucho las personas que gustan del box, qué hubiese pasado con Salvador Sánchez, qué hubiese pasado con J.C. Chávez. Los motivadores dirán de una historia como la de Tévez que al final las malas decisiones de Cabañas fueron las que dilapidaron su talento, pero tu reportaje lo explica bien, tuvo dos vidas, existe un hecho central e inevitable en la vida de cada quien que es imposible de controlar, las varibles que arrojará como resultado dicha ecuación son infinitas, puede que en algún universo paralelo Tévez esté muerto por suicidio y Cabañas sea la estrella del Barcelona. Quién sabe, quizá en alguno de esos universos exista el ideal.

Que buena crónica! 

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