Feliz aquel que llega ya de noche al yacimiento...

Feliz aquel que llega ya de noche al yacimiento

       de las alegorías

y encuentra un remanente del secreto un rastro

       ni siquiera entendible

de algo no desvelado no documentado nunca

       antes

un fulgurante injerto textual la prodigiosa

       irradiación de la contrapalabra

esa que ocupa la general agencia de los

       abecedarios las nomenclaturas

y va desalojando de su órbita las innecesidades de

       la vida

 

 

¿eres acaso el mismo que creyó en las potestades

       de esa contrapalabra

esa pura acepción de las sucintas contradicciones

       en los términos

la equidistancia terminal entre lo consumado y lo

       inconcluso

entre lo no pensado y lo que el pensamiento no

       alcanza a descifrar?

 

 

y dónde estabas tú mientras las músicas terribles

      trastocaban

los estatutos del deseo absorbían la sed la soledad

      el desconsuelo

abriendo de repente un hueco paredaño con los

      negros calambres sensoriales

la desmesura del quejido de no se sabe qué

      voraces indómitas querencias

mientras un desamor a fuego lento iba cubriendo

      propiamente de arañazos

los anhelantes belicosos cuerpos que en el voluble

      sur yacían

justo allí donde su oscuridad su luz son bellezas

      iguales

ya cuando los vaniloquios impedían los trabajos

      de la veracidad

y los abanderados de los gritos se iban

      descomponiendo como enjambres

por ese descampado en que la vida le disputa sus

      bazas a la muerte

¡ah oscuridad mi luz! no desalojes nunca de tu

      hermético asilo

ese abrupto tesón por conocer[1] lo no

      testimoniado sino en falso

lo que un día llegará a convertirse en claridad sin

      derogar la sombra

lo que en lo oscuro prevalecerá como la

      quintaesencia de la iluminación

hasta que al fin puedan ser abolidas todas las

      locuciones preexistentes

y el execrable cónsul de la fecundidad ingrese en

      los agónicos precintos

donde ya el visionario se conjura contra el negro

      fulgor de las palabras ~

 

 

Del libro La voz de J. M. Caballero Bonald. Poesía en la Residencia, Madrid, Publicaciones de la Residencia de Estudiantes, 2011.



[1] En la lectura, “reconocer”.

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Alegoría feliz y extraordinaria de José Manuel Caballero Bonald.

Atlachinoli Letras Libres

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