Dos poemas

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I

El país. Esa cosa.
Ese acoso.
¿Lo ves venir?
Las cosas que hace para distraerse,
yo.
Las cosas que hace.
Ni su mamá.
No, claro. Ni su mamá.
Porque ahí está la cosa.
La cosa. Mamá. Qué difícil escribirte.
Siempre voy tropezando.
Vamos tropezando.
Vos también, mamá, vos también
tropezás.
Con la cosa, mamá, con la cosa.
Vos también, mamá, tropezás
con mamá.
El escondimiento de todo ese dolor.
El escondimiento de nosotros.
El dolor es nosotros.
Escondidos. Como un dolor.
Vamos. Hagamos como que.
Nos queremos. Dolorcitos.
Dolorcitos ellos que se quieren.
Dolorcitos nosotros.
No nos quieren.
Al dolor nadie lo quiere.
Por eso se atraganta.
Puto. Porque es puto no lo
quieren, por puto.
Puto en mi garganta.
Puto dolor. –

 

 
II
para A.

En medio del mundo mamá es un espasmo.
Ellos escribieron todos los libros.
Decían tantas cosas. En sus libros parecía
que el desolado era únicamente yo.
Y no. Detrás de los libros está
ella,
mamá está detrás de todos los libros.
Mamá escribe. ¿Y nosotros?
¿Conjuga ella esta persona, esta tercera
persona?
¿La conjugará?
Yo, y vos y ella y ella,
sabemos que no.
Solamente yo es conjugable.
Y mamá, pobrecita, como vos, como yo,
como ella y como ella
conjugará yo.
Un espasmo.
Pobrecita.
Y ya se sabe. Un espasmo
es una soledad. La soledad
la más sola.
Yo es la cosa atragantada
en la garganta de mamá
que va y dice mamá
pero nadie la oye.
Ni yo la oye.
Yo es desalmado. Ni su mamá
pronuncia.
Y su mamá, que lo pronuncia,
qué crimen.
De todo esto estamos hechos,
vos, yo, ella y ella,
del crimen,
de haberla convertido en un crimen.
Mamá es siempre un crimen. ~

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