En el corazón del infierno

Zalmen Gradowski fue un Sonderkommando, vigilante judío encargado de conducir a los suyos a las cámaras de gas. Antes de morir en Auschwitz en 1944, escribió un desgarrador e inolvidable testimonio del horror. El infierno no es una abstracción teológica, es el sitio donde se concentra el Mal, donde se reducen los hombres a cosas, paso previo al exterminio.

 

Te quedas petrificado, observando. Ahora colocan a otros dos sobre la angarilla. Dos seres, dos mundos que tenían un sitio entre la humanidad, que vivían, existían, hacían y creaban. Que trabajaron para el mundo y para sí mismos, que estaban poniendo un ladrillo sobre el gran edificio, tejiendo un hilo para el mundo y el porvenir; y en veinte minutos no quedará de ellos el más ínfimo vestigio.

Aquí yacen otras dos, las han lavoteado. Dos mujeres hermosas y jóvenes, que han debido de ser espléndidas. Ocupaban su sitio en la tierra, ocupaban dos mundos enteros; cuánta dicha y placer dieron al mundo, cada una de sus sonrisas era un consuelo, cada mirada una alegría, cada una de sus palabras tan encantadora como un canto celestial, y allí donde posaban sus pies traían consigo la alegría, el placer. Tantos corazones las amaron, y ahora están las dos sobre la angarilla de hierro y pronto se abrirá la boca infernal y en minutos no quedará de ellas ni el más ínfimo vestigio.

Ahora disponen a tres más. Una criatura apretujada contra el pecho de su madre; cuánta dicha, cuánta satisfacción sintieron esa madre y su padre cuando el niño nació. Construían un hogar, tejían un futuro, el mundo era para ellos un idilio, y en veinte minutos no quedará de ellos ni el más ínfimo vestigio.

El montacargas sube y baja transportando incontables víctimas. Como en un gran matadero yacen aquí apilados los cadáveres, esperando en fila su turno y que se los lleven.

Treinta bocas infernales arden al unísono en los dos grandes edificios y engullen un sinnúmero de víctimas. No habrá de pasar mucho tiempo antes de que cinco mil personas, cinco mil mundos sean devorados por las llamas.

Los hornos arden y rugen como olas tempestuosas, los hornos fueron encendidos hace ya tiempo por las manos de los bárbaros, los asesinos del mundo, que aspiran a espantar con la luz de sus llamas las tinieblas de su mundo de horror.

El fuego arde firme y sereno, nada lo impide, nadie lo apaga. Sin parar recibe más víctimas, como si el antiguo pueblo de mártires hubiera nacido especialmente para eso.

Vasto mundo libre, ¿verás algún día esta inmensa llama? Y tú, hombre libre, si alguna vez ante el crepúsculo –estés donde estés– elevas tus ojos hacia el alto cielo, hondamente azul, y lo ves cubrirse de llamas a lo lejos, has de saber, hombre libre, que ese es el fuego de este infierno donde sin parar se consumen seres humanos. Quizás un día su fuego caliente tu helado corazón y funda el hielo de tus manos frías, para que así puedas venir a apagarlo. O quizás tu corazón eche alas de coraje y bravura y sustituyas a las víctimas que nutren el fuego de este infierno, para que arda aquí eternamente y que en sus llamas sean devorados quienes lo encendieron. ~

 

Traducido del ídish por Varda Fiszbein

 

 

 



[1] Primo Levi, Informe sobre Auschwitz, edición de Philippe Mesnard, traducción de Ana Nuño, Bercelona, Reverso Ediciones, 2005, p. 88.

[2] Primo Levi, Los hundidos y los salvados, traducción de P. Gómez Bedate, Barcelona, Muchnik Editores, 1989, pp. 44-53.

[3] El descubrimiento, entre 1945 y 1980, de manuscritos redactados por cinco miembros del Sonderkommando y enterrados por sus autores en las cercanías de los crematorios ha permitido constituir el corpus documental básico sobre este fenómeno. Este conjunto ha sido objeto de ediciones críticas en 1965 y 1977, debidas a Ber Mark, publicadas en ídish en Israel; pero hubo que esperar la década de 1980 para que los manuscritos más relevantes fueran editados en lenguas de gran difusión (inglés, francés). Cf. Ber Mark, Megillat Auschwitz, Tel-Aviv, Israel-Book, 1977, y las traducciones parciales al francés y al inglés: Des voix dans la nuit, pref. Elie Wiesel, Plon, 1982, y The scrolls of Auschwitz, Tel-Aviv, Am Oved, 1985. Des voix sous la cendre. Manuscrits des Sonderkommandos d’Auschwitz-Birkenau, Mémorial de la Shoah/Calmann-Lévy, 2005 es la versión francesa más completa, aunque no exhaustiva, de  los manuscritos y testificaciones judiciales de miembros de los Sonderkommandos de Birkenau.

[4] El relato canónico sobre la deportación y exterminio de los judíos europeos elaborado en Israel hasta la década de 1980 hacía caso omiso de las particularidades del sistema concentracionario nazi, basado en la transformación forzosa de la víctima en cómplice de su victimario. La intención que así se perseguía no era otra que contraponer a la figura del judío indefenso y débil, al que era fácil sojuzgar, la del nuevo judío, el israelí aguerrido, fuerte y liberado del yugo de otras naciones antisemitas. Esta doxa impuesta oficialmente dificultó no solo la divulgación de los testimonios de los miembros de los Sonderkommandos, sino aun un documento tan esclarecedor (y conmovedor) como el diario del responsable del Judenrat de Varsovia, Adam Czerniaków, y contribuyó a la estigmatización en Israel de las obras de Hannah Arendt o Raul Hilberg en las que se abordaban estas realidades sin tapujos.

[5] El autor emplea el término tahare-bret, la tabla de purificación que se utiliza en el ritual mortuorio judío. El cadáver debe lavarse, purificarse, antes de ser enterrado. Intenta subrayar que la atrocidad del asesinato nazi de los judíos incluye también la violación de las normas que, según su fe, les habrían permitido revivir para asistir al juicio final y la era mesiánica. La cremación está completamente prohibida en esta religión. Los ritos mortuorios son desarrollados por la jevrá kadishá, sociedad santa, que cumple con el más alto precepto hebreo: hacer algo por el prójimo que nunca le será compensado por este, por razones obvias. Acaso el autor considera, con amarga ironía, que los Sonderkommandos, en esas circunstancias, estaban reemplazando a la “santa sociedad”, en tanto eran los últimos en tener contacto con los muertos.

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Sabina Rivas y los Sonderkommandos

 

Hace algunas semanas tuve la oportunidad de ver la película La vida precoz y breve de Sabina Rivas. Dirigida por Luis Mandoki, el filme es una adaptación de la novela La Mara, de Rafael Heredia. La película retrata, de manera cruda y sin concesiones, la realidad de miles de centroamericanas que, en su afán por llegar a los Estados Unidos, salen de sus países dispuestas a atravesar México y alcanzar la frontera norte. La peligrosidad de ‘La Bestia’, la corrupción de las autoridades migratorias mexicanas, las bandas del crimen organizado que sacan ventaja de la vulnerabilidad de las y los migrantes, los giros negros –escuelas de prostitución– que se ofrecen a las migrantes como oportunidades para aligerar y asegurar su camino hacia el sueño gringo, aparecen en una imagen policromática en la película producida por Abraham Zabludovsky.

 

Pero no quiero hacer aquí, en esta ocasión, crónica cinematográfica. Tampoco quiero abundar sobre la paradójica asistencia financiera de Televisa y del gobierno de Chiapas a este proyecto fílmico. Quiero solamente hacer alusión, como punto de partida para la reflexión que hoy quiero compartirles,  a una escena de la película que me hizo pensar.

 

La protagonista (una joven que de niña fue violada por su propio padre, que no encontró apoyo ni ayuda en su madre que no hizo nada por evitar las violaciones continuas, que fue testigo presencial de la muerte de sus progenitores a manos de su hermano que, enamorado de ella y por defenderla, terminó ultimando a padre y madre) trabaja en una cantina-prostíbulo en una ciudad fronteriza de Guatemala, a orillas del Suchiate. Es protegida y explotada por una matrona que alimenta el sueño de la muchacha de llegar a los Estados Unidos y se vale de ello para explotarla y sacar provecho. En un momento determinado, cuando un corrupto policía mexicano la persigue y quiere obligarla por la fuerza a mantener relaciones con su jefe, la matrona sale en defensa de la muchacha y aleja, con arma en la mano, al policía abusador.

 

La relación matrona – pupila no deja de ser ambigua a lo largo del filme: la mujer explota a la joven, sí, pero es también el único afecto cercano que la muchacha experimenta. Por momentos se antoja casi como un sustituto materno. Mientras veía las escenas de ellas dos conversando, en un dejo algo parecido a la ternura, el hígado se me revolvía. ¿Cómo puede aparentar ternura quien vive de la explotación de otras mujeres?

 

Mis pensamientos se vieron de pronto interrumpidos. Mi compañero de butaca, ignorante de los sentimientos que este tipo de relación despertaba en mí, cuando vio a la matrona defender con el arma en la mano a su pupila en contra del policía corrupto y amenazante, hizo un comentario que me sembró una daga: “seguramente ella también es alguien a quien violaron de niña, o la obligaron a hacer servicios sexuales que rechazaba…”

 

La diferencia entre víctima y victimario no desaparece. La explotación a la que esa mujer sometía a sus muchachas no queda justificada. Sin embargo, el comentario surgido de la butaca de al lado introdujo un matiz que no es nada despreciable. Algo parecido a la vieja canción italiana que, allá por los años ochenta, entonaba el cantautor Claudio Baglioni y que subrayaba que el terrorista que hizo estallar la bomba también se cayó de un árbol cuando era niño, y lloró, y agradeció a su mamá cuando ella lo abrazó y le curó la herida… O aquella sentencia de mi antiguo párroco, que sostenía que en el cielo habríamos de encontrarnos con grandes sorpresas, como, por ejemplo, tomarnos de la mano de un Hitler o de un Mussolini en la alegría final, gracias al perdón de Dios y a quién sabe cuántos elementos externos que produjeron monstruos como aquellos.

 

Repito: no se tome esta reflexión como una justificante para los males objetivos que produjeron personas como Hitler o Pinochet. Se trata solamente de introducir un matiz que apunta a que, en cuestión de comportamientos morales, la línea entre víctima y victimario no es siempre tan clara. No todo es blanco y negro: una buena parte de nuestras vidas y actuaciones se ejecutan en una amplia gama de grises. Saber apreciar y valorar esta gama cromática es fuente de sabiduría y equilibrio.

 

El número 169 de la revista Letras Libres, correspondiente al mes de enero de 2013 y dedicado a reflexionar sobre El Holocausto, hace un guiño a este misma temática en el artículo En el corazón del infierno (pp. 22-27). En la introducción al artículo, transcripción de las notas de Zalmen Gradowski, un Sonderkommando, Ana Nuño nos alerta:

 

Los Sonderkommandos eran escuadrones especiales de trabajo, destinados a operar en las cámaras de gas y los crematorios. Todos sus miembros eran deportados judíos. Hubo Sonderkommandos en los seis campos de exterminio para judíos construidos en territorio polaco (Chelmno, Treblinka, Majdanek, Sobibor, Bełżec y Auschwitz-Birkenau). Los de Auschwitz fueron los más numerosos, y uno de ellos protagonizó la única revuelta que se produjo en este campo. Estaban obligados a retirar los cadáveres de las cámaras, limpiarlas y prepararlas para el siguiente gaseamiento, conducir los cuerpos al crematorio anexo y quemarlos. Asimismo, debían dispersar las cenizas en los lugares designados a este efecto. Vivían en régimen de estricto aislamiento respecto de los otros prisioneros del campo. Gozaban del privilegio de una ración extra de comida y, ocasionalmente, bebidas alcohólicas. Periódicamente eran, a su vez, exterminados en las cámaras de gas y reemplazados por otros deportados. En la primavera de 1944, cuando se inició el gaseamiento masivo de los judíos húngaros deportados a Auschwitz, el Sonderkommando de Birkenau estuvo integrado por un millar de hombres que trabajaban en equipos por turnos de doce horas ininterrumpidamente… Los miembros de los Sonderkommandos de Auschwitz han sido objeto de una de las más tenaces leyendas negras divulgadas después de la Segunda Guerra Mundial. Bien por desconocimiento de la lógica del proceso de exterminio de los judíos europeos ejecutado por el régimen nazi, bien por voluntad de borrar lo que durante mucho tiempo los sobrevivientes consideraron episodios especialmente vergonzosos del mismo, la realidad de estos ‘comandos especiales’ se mantuvo discretamente apartada del estudio general del proceso de internamiento, selecciones y asesinato en las cámaras de gas de los seis campos de exterminio levantados por los alemanes en territorio polaco”.

 

Esa leyenda negra ha cambiado gracias a algunos documentos que han sido descubiertos enterrados in situ en los campos de Auschwitz-Birkenau. Se trata de manuscritos de los Sonderkommandos, que sabiéndose ellos mismos condenados a la muerte, tomaron la decisión de compartir el horror del que eran testigos y del que se les obligaba a ser partícipes, con la expresa voluntad de evitar que todo ello pereciera en el olvido. Lo hicieron elaborando los manuscritos que después fueron enterrados y más tarde, después del fin de la Segunda Guerra Mundial, descubiertos y publicados. Son precisamente las notas de uno de esos manuscritos, las que constituyen el artículo En el corazón del infierno, ya señalado líneas arriba.

 

Los Sonderkommandos, y la superación de la leyenda negra que los había acompañado durante tantos años, se sitúa en el mismo canal que mis reflexiones sobre la matrona de Sabina Rivas: no todo es lo que parece, y aun las acciones más abyectas tienen causas previas y un pasado que es preciso conocer para tener una visión equilibrada.

 

raulugo.indignacion.org.mx


en cuanto alo texto pue4do decir que el autor muestra una gran sencibiloidad hacia el dolor de los otros, por lo cual me puedo imaginar  el dolor que sintio al saber  como acabarian las vidas de estas personas, el ver el ultimo mento de sus vidas, seguramente su unica salida fue escribir para dejar su dolor

Es increíble lo que este texto provoca; la forma en la que describe el sufrimiento humano desde la sencillez de una emoción y desde la complejidad de la psicología humana. La muerte desnuda y desgarra.

Me impresiona ver la forma en la que el hombre a lo largo de la historia repite las historias... acaso somos tan tercos? acaso somos ciegos, sordos?... o acaso somos hombres? La libertad es el costo de nuestra elección

Realmente hay que leer este texto. Leer la descripción del autor me ha llevado a tener una sensación de tristeza y frustación. Cuando uno se pone a pensar si es posible que estas atrocidades puedan existir, creo que sería ingenuo de mi parte dejar de lado una afirmación por demás indescriptible.

No queda más que hacer honor a todos los judíos que por la inconsciencia de unos cuantos sufrieron estos inhumanos actos de barbarie.

Imposible no leer estos fragmentos y recrearlos en la mente. La forma en que contraponen su percepción de la belleza del cuerpo con vida y su trágico, penoso, increíble final, toca las fibras más sensibles del lector y arranca lágrimas de incredulidad, ese horror no pudo haber pasado y sin embargo sucedió. No importa cuántas veces, en cuántas formas se escriba sobre momentos como ésos, las imágenes que se construyen con la lectura me dejarán siempre atónita.

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