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ZONA DE OBRAS: Callejera, popular y masiva

Zona de Obras es una revista dedicada la música latina que se edita desde Zaragoza. El crítico Ramón González Férriz se trasladó de su natal Barcelona a la capital de Aragón para conversar con Rubén Scaramuzzino, director de la revista y un infatigable animador de la cultura a ambas orillas del Atlántico.

Diciembre 2003 | Tags:
Cuando fundó Zona de Obras, a Rubén Scaramuzzino siempre le preguntaban lo mismo: "¿Por qué en Zaragoza?" "Es una ciudad mediana y tranquila", me cuenta, "más barata que las capitales y, gracias al tren, está a medio camino de todas partes: Barcelona, Madrid, Bilbao, Valencia." Quizá lo que extrañara a sus interlocutores no fuera tanto la ubicación de la revista como la suma de su ubicación infrecuente y su objetivo casi inédito: promover el diálogo entre la música latinoamericana y la española. "En 1989, cuando llegué a España desde Buenos Aires, me di cuenta de que aquí no se sabía nada de música latinoamericana. Me sorprendió el grado de desinformación tan grande que se producía entre dos sociedades que hablan un mismo idioma y tienen una formación semejante. Ante esta realidad, nos propusimos tender un puente de comunicación cultural. Empezamos en 1995 con un fanzine." Ocho años después, Zona de Obras es una de las revistas musicales más respetadas de España. Tiene 124 páginas, está bien encuadernada, se imprime en papel satinado y siempre va acompañada de un cd con canciones que ilustran los dossieres monográficos que se publican en todos los números; entre los últimos: bandas colombianas, hip hop chicano o neo tango. Además, tiene un diseño atractivo, está bien escrita y contiene una cantidad de información apabullante. En el último número cuento más de cien reseñas de discos, más de cincuenta entrevistas, un dossier sobre Colombia de 24 páginas, varios artículos de opinión y un extenso reportaje, además de páginas de literatura, cine, cómic y videojuegos.
     Volvamos al objetivo. La idea de poner a convivir las múltiples expresiones musicales del mundo latino partió de una constatación negativa. "Creo que no se puede hablar de la existencia de una comunidad cultural latina", me dice. "En todos los países, en todas las ciudades de España, Latinoamérica y Estados Unidos se están generando proyectos culturales que no aparecen en los medios de comunicación masivos y, por lo tanto, no llegan a tener la continuidad necesaria para constituir una comunidad única.
Latinoamérica, por ejemplo, sólo llega a España cuando estalla alguna trifulca política." Esta falta de comunicación, según Scaramuzzino, se debe a la falta de dinero. O a la desidia: "El mercado cultural latino todavía nos parece amateur." Y por si fuera poco, "lo latino, hoy por hoy, se identifica con Chayanne, Ricky Martin y Shakira, que son los que venden". Zona de Obras, en resumen, se trae a España todo lo que es latino pero que, como no vende tanto como Chayanne, Ricky Martin y Shakira, no nos llega o nos llega con poquísimo impacto. "Trabajamos con total independencia: en muchos casos entrevistamos a artistas cuyos discos ni siquiera se distribuyen en España, o hacemos un número especial sobre la República Dominicana o sobre el hip hop en Ecuador, porque no nos debemos a nadie. Tal vez esto resulte perjudicial comercialmente, pero como la revista es la niña mimada de la empresa, hacemos lo que realmente nos viene en gana". La empresa, aclaro, se dedica al diseño gráfico, la creación de páginas web y la organización de eventos culturales, y es quien financia la revista, que, según reconoce Scaramuzzino, "no sería viable sin el apoyo de estas otras actividades".
     Hay algo que sorprende de Zona de Obras: no hay en ella una sola reseña negativa, una mención despectiva a un disco o un artículo sangriento contra ningún cantante. "No creo que valga la pena malgastar papel en cosas que creemos que no lo merecen. En lugar de poner a caldo a un tipo que se gana la vida como músico, prefiero buscar una propuesta que me interese y no machacar a nadie." "Nuestro proyecto", prosigue, "tiene dos presupuestos básicos: en primer lugar, hablar bien de lo que nos gusta y no hablar de lo que no nos gusta y, en segundo lugar, no ponernos a llorar y echar la culpa a la gente porque vendemos poco". Pero, por lo que me cuenta, Zona de Obras no vende tan poco. Además, desde hace años, coedita con la SGAE una colección de libros de conversaciones con músicos (Rosendo, Siniestro Total, Molotov, entre otros): "De todos hemos vendido más de tres mil ejemplares y de alguno hasta diez mil", dice.
     Scaramuzzino insiste en el carácter optimista de Zona de Obras.
Pero su espíritu positivo también tiene un lado —o un contrapunto— político. "Sí. A menos que haya algún infiltrado, aquí todos somos de izquierdas y compartimos un determinado punto de vista que no escondemos." No, no lo esconden. En la tercera página del número 29, en un montaje fotográfico que simula la portada de una revista que informa de la visita del secretario del Tesoro estadounidense a Latinoamérica, un titular reza: "Argentina: en su visita a la ciudad de Rosario, el intendente le entrega dos niños desnutridos en forma de ofrenda." Y otro: "Uruguay: O'Neill (el secretario del Tesoro) precisa durante horas que sus asesores le expliquen qué es Uruguay". La foto del supuesto secretario del Tesoro es la de un demonio con las fauces abiertas. En la tercera página del número 31, bajo una imagen del mundo lleno de robots, dice: "Robot petrolero (George W. Bush) considera que este mundo es un lugar inseguro y no sabe cuidarse por sí solo. Robot petrolero decide cuidarnos a todos de una vez por todas." Eran tiempos de la guerra de Irak. Pero lo político, en Zona de Obras, tiene casi siempre un tono gamberro y reivindicativo que la acerca a los grupos musicales que asociamos con los movimientos antiglobalización: "Es cierto, estos grupos encajan con la revista. Y están apareciendo especialmente en Latinoamérica, donde las constantes crisis y la polarización del poder inciden con mayor rapidez que aquí, porque los creadores están convencidos de que nunca vivirán de su música y se sienten más libres. Pero en cualquier caso, creo que la mayoría de los músicos y creadores, incluso los más comerciales, tienen una sensibilidad política que les sitúa más cerca de Zona de Obras que de los presidentes de sus compañías".
     Su voluntad de crear una continuidad en las expresiones culturales de ambos lados del Atlántico, y de hacerlo en positivo y desde una postura política explícita, diferencia a Zona de Obras de buena parte de la prensa musical de este país.
"Cada vez que leo ciertas revistas me siento un ignorante porque no conozco a la mitad de los grupos de los que hablan. A mí me gusta la cultura callejera, popular y masiva. Hay quien desprecia lo que vende mucho, pero a mí me gustaría vender una barbaridad para llegar a más gente. No me gustan los guetos ni dirigirme a cuatro lectores. No me gustan los circuitos cerrados. A mí me gusta que mi padre entienda la revista, aunque no le guste." Esta forma de entender el periodismo entronca, quizá, con una realidad cada vez más presente en España, al menos en sus ciudades. "Está aumentando la presencia latinoamericana en España, especialmente en Barcelona, que es la ciudad más mestiza del país. Y creo que si va a producirse un cambio cultural en España, éste procederá de Latinoamérica. Aquí están los medios y la industria que le pueden dar una dosis de globalidad al mensaje latino."
     Por último, pregunto a Scaramuzzino por los proyectos de Zona de Obras. "Acabamos de concebir una colección de libros que se llamará Bicupo, Biblioteca de Cultura Popular. Van a ser libros gráficos de cultura latina, basados siempre en imágenes. Hemos pensado ya en uno sobre la lucha libre mexicana, otro sobre el fútbol argentino, la infancia en Argentina y España —donde habrá imágenes de muñecos, entradas de circo y cosas así—... También habrá una serie de libros sobre ciudades vistas por latinos. Es nuestro primer proyecto fuera de la música, y nace del interés de Zona de Obras por la cultura callejera".
     Scaramuzzino parece contento, y lo que es seguro es que está entusiasmado. Su despacho está lleno de gadgets y discos, y a pesar de que es sábado, y de que la ciudad está celebrando las fiestas del Pilar, hay alguien más trabajando en la redacción. "Quizás algún día llegue un empresario loco, invierta dinero en nosotros, hagamos una campaña de comunicación bestial y nos convirtamos en una revista de masas", dice. Sea si tiene que ser, pero de momento la nave va. Y además muy bien. -

 

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