artículo no publicado

Sobre “Universidad de Guadalajara: Una guerra sin héroes”

Sr. director:

En Jalisco algunos políticos y figuras públicas y privadas secuestran y roban impunemente a instituciones públicas, dando mal ejemplo a la sociedad. En una especie de “golpe de Estado” a una institución pública, sin que nada ni nadie obrara a favor del estado de derecho, a plena luz del día y de frente a toda la sociedad y las autoridades jaliscienses, fue usurpada la rectoría de la Universidad de Guadalajara por una figura pública que no se quiere “acabar de ir”.

Pude apreciar que Carlos Briseño, como rector de la Universidad, estaba haciendo un esfuerzo real por cambiar viejos vicios, pues durante años vimos cómo Raúl Padilla hizo de la Universidad de Guadalajara su imperio personal. Así, tomó impunemente, a través de sus peones, la rectoría de una institución que es de los jaliscienses, escudado en la vulnerada legitimidad del Consejo General Universitario. Una institución símbolo del conocimiento, la tolerancia, la cultura y de cambios razonados y profundos para nuestra sociedad, semilla de la revolución del pensamiento, la Universidad de Guadalajara fue un simple botín político y económico de unos pocos. Peor aún: esto ocurrió ante la complacencia de burócratas. Así también los medios locales de información.

Hoy nuevamente vemos que en México es más fácil ser usurpador y corruptor que profesionista o empresario; que es más fácil organizar una mafia destructora del estado de derecho, del crédito de nuestras autoridades estatales, de la Cámara de Diputados y de todos los partidos políticos, convertidos en comparsas de esta vergüenza pública, cuyos miembros vegetan cobijados en el confort que les da su sueldo; vemos que es más fácil secuestrar que trabajar; más fácil robar que generar valor. Eso supuestamente se justifica. Se evade el cumplimiento de la ley. Se simula la justicia.

Mientras exista la impunidad en nuestros políticos no podremos exigir que prevalezca el estado de derecho y que se haga justicia. El ejemplo de la delincuencia, la impunidad y la corrupción lo ponen nuestros políticos.

Nosotros, la sociedad mexicana, debemos promover algún órgano mediante el cual podamos evaluar periódicamente el desempeño de nuestros políticos y, en caso de no ser satisfactorio, separarlos de sus cargos. A través de este órgano podríamos salvaguardar instituciones como la Universidad de Guadalajara de protagonismos dañinos como el de Raúl Padilla. ~