artículo no publicado

Márgenes para una tristeza reaccionaria

Si se pasa por Google “...Y una íntima tristeza reaccionaria”, el verso final de “El retorno maléfico” de Ramón López Velarde (RLV), aparecen setecientos noventa resultados. Poco frente ante a “En torno de una mesa de cantina” (principio del “Brindis del bohemio”) que arroja 2,690, y nada frente a “mi madre como un Dios” (de “Nocturno a Rosario”) que tiene 35,400. La corona es para una cosa que se llama “México, creo en ti”, de un señor “Vate” López Méndez.

 

El primer rebote de Google manda al ensayo de Gabriel Zaid, “López Velarde, reaccionario”, que es el mejor sobre ese poema (puede leerse en cervantesvirtual.com). El estilo, la peculiar polifonía, el contexto histórico, político, ideológico, religioso: todo lo pone en su sitio. Escribe Zaid: “El poema no se entiende desde la posición de que todo tiempo pasado fue mejor. No es un poema escapista, es un poema cruel. Es el poema de alguien que creyó en un futuro mejor y se enfrenta al futuro que llegó. De alguien que, todavía en ese momento, se prohíbe la regresión: el retorno es maléfico, la tristeza es reaccionaria, mejor no regresar.”

 

Me encuentro el poema en una antología de Latin American poetry. Un señor Victor Tulli traduce: “...and the intimate responsive sadness”. Rara cosa, pues responsive significa reacción veloz frente a un hecho externo. Y el título, “Baleful return”, un regreso hostil, acrimonioso. What? Samuel Beckett sí tradujo “The malefic return”: entiende que maléfico es prosopopeya; lo es quien retorna, no el retorno; es quien (se) hace maleficios y hechicería al escribir: “Better not to go back to the village, / to the ruined Eden lying silent / in the devastation of the shrapnel.” Y el final: “...And a profound reactionary sorrow”. Nada mal.

César Vallejo, contemporáneo de RLV –que también salió de un pueblito y también retornó a él con maleficio–, dejó un enigmático poema en prosa “No vive ya nadie en la casa” (póstumo, ca. 1925). Quien habita una casa se queda en ella, aunque la deje. “Y no es el recuerdo de ellos lo que queda, sino ellos mismos.” Pueden irse para siempre, pero “lo que continúa en la casa es el órgano, el agente en gerundio y en círculo [...] el sujeto del acto”.

A Jaime Torres Bodet, que RLV convirtiese los fresnos del pueblo en “dignatarios de cúpula oronda”, le parece sencillamente un milagro.

En La jaula de la melancolía. Identidad y metamorfosis del mexicano, Roger Bartra titula un capítulo inicial: “El edén subvertido”. Aspira a ilustrar cómo la cultura moderna “crea o inventa su propio paraíso perdido; quiero explicarme la manera en que la sociedad industrial capitalista –como una reacción a sus propias contradicciones– busca insistentemente un estrato mítico, donde se supone que se perdieron la inocencia primitiva y el orden original”, un “proceso mediante el cual se inventa un edén mítico, indispensable no solo para alimentar los sentimientos de culpa ocasionados por su destrucción, sino también para trazar el perfil de la nacionalidad cohesionadora”. El edén subvertido es la mexicanidad entera: la querella entre el pasado agrario y el presente industrial, propia de todas las culturas, en México se extrema: es una herida por la que “resuella” la cultura política, “en nombre del dolor por el pasado quebrantado, inventa un perfil del hombre actual que corresponde al mito del edén subvertido”.

Por cierto, Bartra piensa en Pedro Páramo y en Carlos Fuentes como referencias narrativas del edén subvertido. Yo creo que Los recuerdos del porvenir de Elena Garro es su novela más afín. De hecho, “El retorno maléfico” es un recuerdo del porvenir.

En 1971, Octavio Paz (OP) cometió retorno maléfico y, luego de muchos años de ausencia y autoexilio, regresó a Mixcoac y escribió el poema “Vuelta”. Lleva como epígrafe la primera estrofa de “El retorno maléfico”, pues con él dialoga. Si RLV evoca al “gendarme que pita”, OP escucha silbar al nevero y al carpintero y aun a los fresnos dignatarios. Si RLV mira “negros y aciagos mapas” grabados por las balas en la cal de las paredes, OP mira “sobre la cal del muro / la mancha de la buganvilla”, escrita por el sol. Si RLV prevé el porvenir de volver a Jerez, OP llega a Mixcoac y lucha con su memoria: “No es un edén subvertido / es un latido de tiempo.” Retornar es una forma de estar en el presente: “Nunca llegamos / Nunca estamos en donde estamos.”~


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