artículo no publicado

Los héroes nuevecitos

El kindle se fue a nadar, sin traje de baño, y me quedé sin lecturas en un paraíso tropical. ¿Qué hacer? En el hotel había betselers (como decimos en el español de México) abandonados por turistas previos. Varios firmados por unos señores llamados Vince Flynn y Brad Thor. Intrigado por las cuartas de forros, llenas de crítica literaria monoadjetival (“Amazing!”) firmada por locutores de la cadena de televisión Fox, leí Blowback, de Brad Thor, y The survivor, de Vince Flynn.

Los héroes de ambas novelas (es un decir) son la fantasía trumpeta final: prototipos de osadía, sinceridad, guapura y pericia asesina. Las descripciones de sus rifles y balas son más extensas y eróticas que las del cuerpo de sus novias. “Las balas Winchester Ranger Bonded son subsónicas –explica uno de ellos–. Tienen gran capacidad de penetración.” El de Vince Flynn se llama Mitch Rapp, síntesis de sencillez pueblerina y mordiente testosterona. Como los malos asesinaron a su linda esposa embarazada, a los lugares comunes del héroe solitario agrega una sutil melancolía. No sin esfuerzo, el autor lo describe: “Es un hombre en una categoría propia. Sin debilidades físicas ni mentales. Instintos exactos. Sin dudas y sin remordimientos. Años de experiencia y entrenamiento. El hombre más peligroso que ha existido.” Ambos viven para defender a Estados Unidos a sabiendas del riesgo que corren, no de caer en manos de los villanos, sino de la “corrección política”. Como dice uno de ellos: “Ustedes son como niños que se abrazan las piernas llorando cuando sienten el peligro, pero apenas los rescato me denuncian como a un criminal.”

Obviamente, a la hora de destruir malos, estos héroes son más malos que los malos. Ambos son veteranos de guerra y están al servicio de agencias gubernamentales clandestinas para que el poder legislativo no dé lata (eso se lee como un mérito) y para que el noble presidente republicano pueda negar su existencia. Sus agentes tienen permiso de practicar la tortura, que se describe minuciosamente, si es para salvar buenos (o sea siempre).

Los malos se dividen en dos grupos: los del mundo y los de casa. Los del mundo son todas las variantes de lo musulmán (yihadistas, imames pirados, las monarquías árabes manipuladas por wahabitas subrepticios). También son malas tres variedades de rusos (los líderes políticos, la mafia económica y los militares comunistas que desean revivir a Stalin). También lo es una variante de norcoreanos: todos los norcoreanos. Estos malos aprovechan a malos secundarios: narcos y líderes tercermundistas. Los arsenales de estos malos abarcan la bomba atómica y las drogas (la cocaína latinoamericana, la heroína afgana), así como las armas químicas y biológicas: en Blowback, el arma elegida por los malos es un pinchi virus que aniquila a todos los seres humanos, salvo a los árabes.

Los malos de Estados Unidos, los siempre obligados enemigos internos, son los “disfuncionales” políticos apoltronados en Washington. Son venales, ambiciosos, ricachones, alejados del pueblo, traidores a la Constitución, manipuladores de las minorías, adversarios del derecho a poseer armas, simpatizantes de lgbtés, ecologistas, promotores del aborto, descuidan la frontera sur, defienden el endeudamiento, regalan dinero a Pakistán, no financian a las fuerzas armadas y maltratan a los veteranos de guerra: una síntesis del Partido Demócrata. Por ejemplo, en Blowback, mientras el presidente republicano ayuda a salvar al mundo del virus asesino, lo asedia una villana que desea alzarse con la Casa Blanca. Esta villana es una senadora demócrata llamada Helen Remington Carmichael cuyo equipo de trabajo está lleno de negros, orientales y latinos, es esposa de un expresidente lúbrico, es lesbiana, es una “perra hambrienta de poder” y, por si fuera poco, tiene las mismas iniciales que Hillary Rodham Clinton.

A Donald Trump (“The Tremendous”, primero de su nombre) le gustarían las novelas de estos autores, si leyera –cosa que no hace porque, como ha explicado, no tiene tiempo–. Son compendio de los impulsos y de la ideología (digamos) de su simpatizante promedio. No importa: Flynn y Thor han vendido cuarenta millones de ejemplares en Estados Unidos y se traducen a veinte idiomas (el español entre ellos).

Ya están siendo adaptadas al cine. A todo color. No se las pierda. ~


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