artículo no publicado
Ilustración: Fernando del Villar

Las imágenes del último Maximiliano. Pasión, muerte y resurrección de Maximiliano

En palabras de Alfonso Reyes, Maximiliano “despierta hoy la compasión de todos, no su perdón”. Poemas, novelas, cuadros han intentado descifrar su drama personal, su papel en la historia mexicana. Este mes se cumplen ciento cincuenta años de su fusilamiento.

Hay grabados, litografías y fotografías del fusilamiento de Maximiliano de Habsburgo que sirvieron como registro de las noticias de la época o incluso promovieron valores cívicos o morales. En 1867, la fotografía era un recurso extendido en el mundo y representó para los ciudadanos del siglo XIX un nuevo modo de ver los momentos históricos. La “objetividad” de la fotografía empezaba a desbancar a la litografía y un notable progreso en la reproducción de imágenes había comenzado ya. Hacía setenta años la litografía había sustituido al grabado en metal como medio preferido de reproducción masiva, y ahora la fotografía tomaba ese lugar. Sin embargo, pese a que la fotografía había alcanzado el estatus del mejor instrumento para retratar la realidad, fue hasta la década de los ochenta del siglo XIX que pudo insertarse en las publicaciones periódicas; de modo que al momento de informar sobre el fusilamiento de Maximiliano los diarios del mundo solo reprodujeron litografías.

A pesar de ello, la historia visual alrededor de aquella muerte tuvo especial resonancia en la fotografía y la pintura. Fotógrafos y artistas fueron cautivados por la trágica imagen del emperador caído del Segundo Imperio en México.

Uno de ellos fue François Aubert, un pintor francés que expuso en el célebre salón de 1851 en París, y poco después partió a Centroamérica. En México conoció al fotógrafo Jules Amiel, de quien aprendió el oficio. En 1864 le compró su estudio y se instaló en la calle de San Francisco 7, junto a otro fotógrafo, Mérille. Aubert estuvo muy cerca de la corte de los Habsburgo: no solo hizo los retratos de los emperadores, sino que fotografió la Capilla de Palacio, el salón de Iturbide, el Jardín Borda y vistas desde el Palacio de Cortés en Cuernavaca. Fuera de la corte retrató al pueblo mexicano y dejó fotografías de los distintos oficios que ejercían los trabajadores de la ciudad, a los que comúnmente se les ha denominado “tipos mexicanos”, que representaron “una fracción difícil de aprehender de sociedades al borde de la urbanización: aquellos personajes que no alcanzan aún el rango de ciudadanos, y sin embargo son indispensables al buen funcionamiento de la urbe en crecimiento”.

Olivier Debroise, Fuga mexicana. Un recorrido por la fotografía en México, Ciudad de México, CNCA, 1994, p. 106.

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A pesar de que había un fotógrafo oficial de la corte, Julio María y Campos, Aubert fue el fotógrafo favorito del emperador. No fue él, sin embargo, quien tomó la que se conoce como la “última fotografía de Maximiliano”, que se debió de haber hecho entre el 16 de mayo y el 19 de junio. En la fotografía, Maximiliano lleva el traje de oficial mexicano con una serie de insignias. Aparece delgado, con un bastón y un catalejo. Seguramente él mismo pensó la forma del retrato, dado que se había distinguido en todo su reinado por especificar los detalles de los programas iconográficos que se hicieron en el periodo. Así, en esta albúmina, llevar el sombrero mexicano tenía un sentido claro: “mi vida por un México feliz”. El hecho de que sea la única fotografía que se ha encontrado en los archivos nos habla de que el autor de ese retrato, que permanece anónimo, fue un fotógrafo mexicano al que le permitieron la entrada al convento de las Capuchinas.

Aubert llegó a Querétaro días después de la toma de la ciudad. No se sabe que haya habido algún fotógrafo junto a los ejércitos durante el conflicto y solo los médicos acompañaron a los militares para dar fe de la muerte de los sentenciados. 

Estuvieron presentes en el fusilamiento además de los militares, el Dr. Melesio Calvillo y Hoyos y el franco belga Dr. Szenger Ede. Ni Calvillo ni el Dr. Carpio quisieron incorporarse al proceso del embalsamamiento.

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Aubert tomó varias fotografías de la ciudad destruida, cuyas placas de vidrio se conservan en el Museo Real de la Armada en Bélgica.

El sitio donde ocurrió el fusilamiento estuvo protegido por el ejército mexicano y se piensa que no se tomaron fotografías de la ejecución del emperador. Aubert hizo una serie de tomas señalando el lugar en el que había estado Maximiliano con una m coronada, símbolo del Imperio. Varios artistas aprovecharon sus fotografías para elaborar fotomontajes que reconstruían el fusilamiento.

Algunas fuentes han llegado a la conclusión de que la princesa Agnes Salm-Salm tenía las prendas de Maximiliano y se las prestó a Aubert para que las fotografiara. Las imágenes de la camisa blanca y el chaleco que llevaba Maximiliano ese 19 de junio, que están también en Bélgica, son una crónica paralela a lo que se reprodujo en los diarios. El 21 de septiembre apareció en periódico El Globo este relato:

El emperador recibió cinco tiros, cuatro en el vientre y uno en el pecho: cayó en tierra estremeciéndose y haciendo señal de que se acabase la obra. Dos soldados dispararon sobre él a quemarropa y los dos tiros se cebaron. Entonces se hizo disparar a otro soldado y la bala penetró en el costado derecho haciendo arder la ropa. En su dolor Maximiliano arrancó el cuarto botón de su chaleco: el criado le echó un poco de agua sobre el pecho para acabar el fuego. Por fin un último cabo a quemarropa atravesó el corazón de Maximiliano y puso fin a sus sufrimientos.

Tomado de Arturo Aguilar Ochoa, La fotografía durante el Imperio de Maximiliano, Ciudad de México, Instituto de Investigaciones Estéticas, unam, 1996, p. 47.

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Unos meses después del fusilamiento, en septiembre de 1867, Aubert publicó este anuncio: “Se hallan a la venta las vistas históricas del sitio de Querétaro, retrato de Maximiliano muerto y personajes históricos. Se reciben suscripciones y encargos con pago adelantado...”

Aguilar, op. cit., p. 46.

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¿El retrato de Maximiliano muerto? Desde la Colonia, en México prevaleció la tradición de los “angelitos muertos”, pinturas o fotografías de niños muertos. ¿De esa tradición bebió Aubert al retratar a Maximiliano?

Sería interesante saber cuántas fotografías hay de personajes célebres muertos en esas fechas. La escultura hizo durante largo tiempo monumentos mortuorios siempre ennobleciendo la figura, pero no hay antecedentes de fotografías en la historia occidental. 

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La fotografía del cuerpo sin vida de Maximiliano lo muestra en su modesta caja de madera, con ojos de vidrio negro, seguramente después del primer embalsamamiento hecho en Querétaro por los doctores Ignacio Rivadeneyra, inspector del cuerpo médico, y Vicente Licea, a quienes les llevó cinco días el procedimiento. Aubert se encontraba en Querétaro y halló la manera de fotografiar el cadáver embalsamado. El segundo embalsamamiento se hizo en la capilla de San Andrés en la Ciudad de México, con el cuerpo totalmente maltratado.

Las fotografías de Aubert tuvieron mucha difusión en México y en Europa. En Francia, sin embargo, las censuraron durante los meses que siguieron a la ejecución. Francia estaba de fiesta a propósito de la inauguración de la Feria Internacional de 1867 y quiso evitarse que una información desfavorable al país se propagara de ese modo. La paradoja es evidente: el advenimiento de los emperadores había originado una gran variedad de imágenes acerca del exitoso colonialismo francés, pero la ejecución de Maximiliano, Mejía y Miramón en Querétaro produjo representaciones que fue mejor censurar.

Los pintores de la Academia, por su parte, no hicieron ningún cuadro sobre el suceso, pero en 1873 Manuel Ocaranza, pintor michoacano del romanticismo mexicano, presentó un óleo que hoy está desaparecido: La princesa Salm Salm pidiéndole a Juárez perdón por la vida de Maximiliano.

Supuestamente inspirado por las fotografías de Aubert, Édouard Manet pintó el fusilamiento de Maximiliano, y con sus cuadros cambió el modo de hacer pintura histórica decimonónica: se propuso utilizar primeros planos, pocas figuras y una paleta de colores restringida. Con sus cuadros de Maximiliano, Manet inauguró una nueva manera de representar episodios históricos desde el arte: sus cuadros ya no contenían la historia de una intrincada batalla con numerosos elementos, era un batallón y las tres víctimas. Al fondo, un paisaje mexicano y un puñado de testigos.

Ante la censura de las fotografías de Maximiliano en Francia, Manet consultó con pintores que habían estado en México, como Jean-Adolphe Beaucé, un respetado artista que llegó a hacer pinturas para el Palacio de Versalles, quien llevó a Francia cientos de bocetos de escenas mexicanas.

Los cuatro cuadros sobre Maximiliano de Manet están dispersos en el mundo: el primero –en orden de creación– se encuentra en The Fine Arts Museum en Boston, el segundo está en The National Gallery en Londres. Buscar una forma innovadora de hacer pintura histórica no resultaba fácil, así que este último cuadro fue recortado por Manet en sus extremos. La tercera versión se encuentra en Estocolmo, en la Ny Carlsberg Glyptotek. (Entre la tercera versión y la última, Manet hizo una litografía que fue censurada en Francia.) La cuarta y última versión está en el Museo de Mannheim en Alemania. Ninguno de los cuadros fue exhibido en Francia durante la vida del pintor. Hasta 1905 la serie completa fue mostrada al público en el Salón de Otoño parisino.

El Segundo Imperio terminó con la ejecución del emperador y el exilio de la emperatriz. La muerte de Maximiliano fascinó a diversos artistas que legaron imágenes románticas y heroicas de un personaje inusual en la historia de México. El punto de vista de aquellos pintores no estuvo exento de contrastes. El retrato al óleo de Maximiliano a caballo (1865) de Jean-Adolphe Beaucé es muy distinto al Maximiliano de Manet, a pesar de que entre ambas obras hay apenas dos años de diferencia. En la primera, Maximiliano viste el uniforme del ejército mexicano y aparece rodeado por figuras pequeñas en segundo plano, un esquema tradicional de la pintura histórica. En cambio, Manet lo muestra con sombrero mexicano, recibiendo las balas. Maximiliano, Miramón, Mejía y los soldados aparecen todos en primer plano y tienen una altura similar. ~


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