artículo no publicado

Habla

“Los hombres me explican cosas” de Rebecca Solnit y “La voz pública de las mujeres” de Mary Beard componen Habla, publicado por Ediciones Antílope en coedición con el programa de género y equidad del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM) de la UNAM. La doctora en ciencias sociales y también directora del CRIM, Margarita Velázquez Gutiérrez, afirma en la introducción que, en la actualidad, “los debates alrededor de la igualdad de género se han multiplicado. Abundan los foros y los espacios en donde se discuten estrategias para continuar con las luchas feministas”. Mientras que, en el prefacio al libro, la ensayista y editora Tania Tagle recuerda que, en la Grecia Antigua, “el silencio no solo fue un castigo moral, sino una característica esencial de la condición femenina”, que ha permeado en la historia con mayúscula. El silenciamiento a las mujeres, una condición impulsada por el cristianismo, persiste en Occidente: donde “la mujer calla, el hombre enseña”. Es así que Ediciones Antílope, compuesta por los escritores-editores Marina Azahua, Jazmina Barrera, Astrid López, César Tejeda e Isabel Zapata, apuesta por una lectura que “involucra todos los sentidos y conjuga contenidos estimulantes con una experiencia estética y visual” –por medio de las ilustraciones de Renuka Rajiv, artista tamil que recibió el Premio Artista Emergente de The Foundation for Indian Contemporary Art en 2016–, y lanza Habla de Rebecca Solnit y Mary Beard que, si bien provienen del ámbito académico, tienen la intención de, “por medio de la literatura, hacer accesible la discusión feminista a todas las mujeres”.

1. “Los hombres me explican cosas” de Rebecca Solnit (Bridgeport, Connecticut, 1961) se publicó primero en TomDispatch en 2008 y suele ser considerado como el origen de ese neologismo que refiere al “tono pedagógico que utilizan ciertos hombres al hablar de temas sobre los cuales sus interlocutoras mujeres poseen mayores conocimientos, mientras ellos se asumen como expertos”.

El ensayo arranca en una fiesta “en las colinas boscosas cerca de Aspen”. La autora y su amiga estaban por irse cuando el anfitrión las detuvo para platicar. Él entabló conversación con Solnit en el “tono entusiasta que uno usaría al dirigirse a una niña de siete años para hablar de sus clases de flauta”. Cuando comenzó a dictarles cátedra acerca de cierto libro, la acompañante de la también editora colaboradora de Harper’s Magazine le hizo ver al machoexplicador que Solnit era la autora de ese libro “muy importante”. El hombre “imponente y adinerado” palideció al enterarse, pues no pareció comprender del todo la posibilidad de que una mujer, a la que estaba adoctrinando en un tema, fuera la escritora de ese libro, del cual él no conocía más que su reseña en el New York Times. Como Solnit apunta, “la necesidad de darles credibilidad a las mujeres y construir condiciones para que sean escuchadas se encuentra en el corazón de la batalla feminista”. Creer en el testimonio de la víctima, por ejemplo, es esencial para perseguir crímenes de violencia de género, como el acoso sexual y la violación. La autora de veinte libros insiste en que “el derecho de presentarse y hablar es un elemento fundamental para la supervivencia, la dignidad y la libertad”.

2. Mary Beard (Much Wenlock, Shropshire, 1955), académica inglesa y especialista en estudios clásicos, obtuvo el Premio Princesa de Asturias en Ciencias Sociales en 2016. Su labor como historiadora destaca “por su sobresaliente contribución al estudio de la cultura, de la política y de la sociedad de la antigüedad grecolatina”. “Oh do shut up dear!” es el nombre de la conferencia que dio en el Museo Británico hace cuatro años, la cual se publicó con el título de “The public voice of women” en el London Review of Books.

“La voz pública de las mujeres” abre con una referencia a la Odisea en la que Telémaco, hijo de Odiseo y Penélope, calla a su propia madre: “tú vete a tus aposentos de nuevo y atiende a tus propias labores”. Mary Beard señala que las voces de las mujeres no son escuchadas en la esfera pública porque “hablar les compete a los hombres”. Silenciadas “en nuestra cultura contemporánea y en nuestra política, desde el parlamento hasta la fábrica”, nos excluyen del discurso, el debate y el comentario. A nosotras nos catalogan como practicantes del cotorreo o el chisme y, si queremos ser escuchadas, el precio a pagar es altísimo. A las mujeres, desde tiempos ancestrales, se nos ha permitido hablar en público solo como mártires o como víctimas (y ya ni eso, pues la credibilidad de una voz femenina suele ponerse en duda). Mary Beard expone ejemplos en los cuales las mismas mujeres han tenido que posicionarse como víctimas para poder defender sus intereses. Es el caso de la abolicionista Sojourner Truth (1797-1883): “He dado a luz a trece hijos y he visto a casi todos convertirse en esclavos vendidos, y cuando lloré con mi dolor de madre, ¡nadie más que Jesús me escuchó! ¿Y acaso no soy yo una mujer?”

La historiadora acusa que esta cuestión tiene una historia extensa y proporciona una serie de referencias que permiten entender las nefandas consecuencias de este silenciamiento: el no poder votar y la dependencia económica son algunas de ellas. Y, aun pudiendo hablar en la esfera pública, “es muy distinto que una mujer [...] sea ministra para las mujeres (o de educación o de salud) a que sea canciller de hacienda (un puesto que nunca ha sido ocupado por una mujer en Gran Bretaña)”. Esa experiencia, que pareciera reservada a las que se mueven en las altas esferas, es una muestra más de que “si algo nos une a todas las mujeres, de todos los orígenes, de todas las ideologías políticas, en todo tipo de negocios y profesiones, es la experiencia clásica de la intervención fallida”.

Ante esos “cállate” y “yo te explico”, tan universales y tan privados a la vez, tenemos Habla, traducido por Marina Álamo Bryan, editora y ensayista, que resulta ser todo un acontecimiento para el feminismo contemporáneo de nuestro país porque nos sirve para “identificar tanto la arrogancia aparentemente cariñosa como el silencio impuesto con premeditación”. Nosotras tenemos que seguir preparándonos para librar esa batalla. En un país como el nuestro, donde las mujeres sufrimos en carne propia la inequidad y la violencia feminicida es noticia diaria, “defender el derecho a la voz es defender el derecho a la vida”. ~


Tags: