artículo no publicado
Ilustración: Jonathan López

Fernando García Ramírez: un paréntesis

Fernando García Ramírez ha acompañado la travesía de Letras Libres desde mucho antes de su inicio. A principio de los años noventa, alentados por Octavio Paz, concebimos juntos la idea de fundar una revista de crítica política que impulsara el cambio democrático en México. Eran los tiempos del “Encuentro Vuelta: La experiencia de la libertad”, en el que Fernando tuvo un desempeño notable como editor de los siete volúmenes que recogieron esas discusiones memorables. Muy pronto, el azar postergó la realización de nuestra imaginaria revista y decidió otra cosa: la fundación de Clío, una casa edito- rial dedicada a la difusión de la historia. Fernando, que desde 1989 formaba parte del grupo joven de Vuelta, no dudó en embarcarse conmigo en esa nueva aventura. En enero de 1999, cuando nació Letras Libres, fungió como subdirector. De 2006 a 2012, siguiendo una idea de Gabriel Zaid (y siempre con la misión de afianzar nuestra incipiente democracia), fundamos el portal Lupa Ciudadana, donde Fernando dio seguimiento puntual y crítico a varias campañas electorales tanto en el ámbito federal como en el local. A partir de 2012 hasta ahora, Fernando se ha desempeñado como consejero editorial de Letras Libres.

A todo lo largo de este trayecto de casi treinta años, además de contribuir mes tras mes con sus críticas literarias y políticas, García Ramírez ha sido nuestro más cercano consejero. La labor de Letras Libres siempre ha sido colectiva, pero en ese “nosotros” la imaginación editorial, la cultura literaria, el temple liberal y la pasión crítica de Fernando han jugado un papel fundamental.

Don Daniel Cosío Villegas repetía una frase de Boileau, que quizá le escuchó o leyó a su maestro Pedro Henríquez Ureña: “La amistad de un crítico es una bendición de los dioses.” En mi caso, esa bendición ha encarnado en Fernando a quien conocí, por cierto, días después de leer una feroz crítica suya a un ensayo mío. Me encantó su desparpajo, su vivacidad, su ironía, su negatividad creativa. Me encantó su libertad. Ahí empezó esta larga travesía, en la que Fernando siguió escribiendo textos críticos en la más absoluta libertad. Fernando –editor extraordinario– concibió la forma de mi libro Textos heréticos y a partir de ahí fue el curador (en algunos casos el editor, siempre el primer lector y crítico) de casi todos mis libros subsiguientes. En las buenas y en las malas, contra viento y marea, ha sido un amigo leal, constante, generoso, valiente. Y, ante todo, crítico.

Hoy Fernando ha abierto un paréntesis para dedicarse con mayor afán a su propia obra crítica y para reavivar, desde su propia independencia, el empeño democrático de aquella Lupa Ciudadana. Seguirá escribiendo en Letras Libres y seguirá siendo parte de nuestro Consejo Editorial. No sé cuándo se cerrará el paréntesis. Cuando ocurra, tendremos nuevas ideas para honrar la tradición de la que venimos y alentar a las generaciones que están ya a bordo y a cargo de este pequeño barco (como llamó a Vuelta Alejandro Rossi) cuyo único propósito ha sido servir a la libertad, a la literatura y a la verdad. ~