El país de la infancia | Letras Libres
artículo no publicado

El país de la infancia

María Baranda

Teoría de las niñas

Ciudad de México, Vaso Roto, 2018, 80 pp.

 

Teoría de las niñas de María Baranda es una incursión en el país de la infancia, ese territorio de fascinaciones y terrores, de claridad y oscuridades, de feliz despreocupación e insólitas angustias. Para los románticos, la infancia, por su cercanía con el estado de la naturaleza, sustentaba las dimensiones más visionarias de la mente humana y era fuente de energía, inspiración e integración del individuo. La infancia no era un simple periodo de transición entre la vulnerabilidad del menor y las responsabilidades del adulto, sino una etapa de gracia, en la que el hombre habitaba su verdadero hogar: la iluminación. Por eso, el artista adulto no era más que un aprendiz de las facultades expresivas que resultaban tan espontáneas en la infancia, como la asociación analógica, la intuición musical y visual o la noción del universo como un juego. Lo cierto es que cualquier auténtica empresa artística debía comenzar por explorar la infancia, pues eso permitía tanto rastrear las más arcaicas pulsiones, aspiraciones e imágenes del “yo” como indagar en los más remotos y olvidados recursos.

A lo largo de su obra, María Baranda no solo ha cultivado la lírica infantil, sino que ha abrevado de la inocencia y nitidez de la mirada del niño. Teoría de las niñas es un libro inspirado en la obra delirante del artista de culto Henry Darger (1892-1973) quien, a lo largo de su vida de orfandad, pobreza, reclusión y obsesiva religiosidad, realizó una incursión tan luminosa como escalofriante en el mundo de la infancia. Como es sabido, en los ratos libres que le dejaban sus humildes oficios, Darger escribió una novela de alrededor de quince mil páginas sobre las niñas Vivianas, princesas de una nación cristiana que lucha contra el régimen de esclavitud infantil que patrocinan sus opresores, los “gladelianos”. Darger ilustró su novela con coloridas acuarelas, algunas de gran dimensión, que mostraban escenas de este enfrentamiento entre infantes y adultos con inquietantes toques de erotismo y violencia, en donde pululaban niñas guerreras desnudas, con rasgos de hermafrodita y alas de mariposa, protagonizando sanguinarias escenas bélicas.

María Baranda transforma la violencia mística y demencial de Darger en un clima de misterio más reposado y, con un estilo que oscila entre la precisión realista y el onirismo, evoca caracteres y paisajes en los que lo idílico se mezcla con lo mágico. En el libro de Baranda un dibujante, el padre, traza, dibuja o engendra niñas y el volumen transcurre en este diálogo e interacción entre el genitor y sus creaciones. La poeta alude a esa infancia que está ahí, antes de la gramática y las convenciones, cuando el lenguaje tiene la virtud mágica de asemejarse a la realidad y hacer posibles las ensoñaciones y caprichos de sus pequeños hablantes. Entre la parábola lírica y la autobiografía, Baranda reivindica el mundo encantado de la infancia contra el mundo ordinario y evoca esa época en que el ser, aun indiferenciado, va creciendo a costa de trazos o palabras. “Las niñas gimen por la orilla de la página. / Todas las cosas son dichas por su cuerpo. / Se revuelven en un sueño, luego en otro.”

Teoría de las niñas celebra la virtud espontánea de una edad aun no corrompida por la palabra convencional, elogia su armonía con la naturaleza, hace una prehistoria de sus deseos y recuerda sus miedos. “Delicadamente sienten miedo. / Mucho miedo. / Lamen avena, chupan un diente de lobo / y ungen sus tetas con ceniza de cuerno.” No es fácil explorar la infancia, el escritor se expone a las nebulosidades de la memoria o a los imborrables episodios dolorosos, pero dicha exploración permite integrar vivencias fraccionadas y recuperar facultades olvidadas. Por eso, si como acto catártico Teoría de las niñas es una vuelta a la infancia liberadora y reveladora, como producto poético ratifica un refinado oficio, que permite fundir la imagen contundente con la alusión hermética y la música verbal con el hallazgo visual. ~


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