artículo no publicado

El “exalcalde Underwood” y otros plagios

La consultoría política no puede conformarse con ser un reflejo de la mediocridad, la improvisación y la falta de ética que se observa en la política. Casos como el del exalcalde de Texoloc, Tlaxcala, subrayan la importancia de avanzar en la profesionalización de esta labor.

La responsabilidad pública sobre un discurso es asumida al cien por ciento por la persona que lo emite, no por quien lo escribe. El discurso nunca es propiedad del redactor. Siempre es del orador, porque se presume que la esencia del texto viene de su cabeza. Él o ella es quien le indica al redactor qué quiere decir y cómo quiere decirlo. El redactor sólo encuentra la mejor manera de ordenar esas ideas y con ayuda de los recursos de la retórica, convertirlas en un mensaje persuasivo.

Por eso, el redactor de discursos debe tener como primer mandamiento “No plagiarás”. De hecho, el código de ética de la Asociación Profesional de Redactores de Discursos de Estados Unidos arranca con ese precepto inamovible. ¿Por qué? Porque además de ser una grave falta ética y reflejar una absoluta carencia de profesionalismo e ideas, el plagio ridiculiza y afecta la reputación del orador, quien tiene que enfrentar la humillación y el escarnio. Plagiar un discurso es una violación a la confianza de quien puso en tus manos su prestigio. Quien roba ideas no es distinto de quien roba un automóvil. Pero robarse ideas para ponerlas en boca de un tercero es como robar el auto y culpar a un inocente del delito.   

Eso es justamente lo que vimos en días recientes, primero en Veracruz, cuando un candidato a alcalde por el PAN plagió el concepto y el discurso de un spot  de la campaña de Mauricio Macri. El candidato dio la cara, explicó que lo sucedido fue responsabilidad de un asesor y anunció públicamente la remoción del plagiario de su equipo. Al final perdió la alcaldía frente al PRI. No se sabe qué tanto influyó el plagio en su derrota, pero es claro que no le ayudó a su imagen.

Un segundo caso se presentó en Tlaxcala, con un exalcalde que  –se ignora si por iniciativa propia o de algún asesor–  tomó el concepto completo y varias líneas verbatim de un mensaje del famoso personaje Francis Underwood, protagonista de la serie House of Cards. La imitación de los anti-valores del “presidente” Underwood fue más allá de la ficción, y el plagiario en cuestión, lejos de disculparse, ha aprovechado sus quince minutos de fama para seguir enviando mensajes con el mismo formato y estilo. Llama la atención que este personaje considere que estas ocurrencias abonarán a su credibilidad ante el electorado, pero todo puede ocurrir en los tiempos que se viven en México.

La conclusión para mí es bastante clara: urge avanzar en la profesionalización de la consultoría política. Porque hay más amateurs que gente seria no sólo en redacción de discursos, sino también en estrategias de campaña, mercadotecnia, redes sociales, elaboración de plataformas, e incluso en encuestas y estudios de opinión. La consultoría no puede conformarse con ser un reflejo de la mediocridad, la improvisación y la falta de ética que se observa en la política. La consultoría tiene que contribuir a mejorar la política, a hacerla más cercana y auténtica para la gente, pues la democracia necesita con urgencia reconstruir los puentes de confianza entre gobiernos y sociedad.