Más es menos | Letras Libres
artículo no publicado

Más es menos

Jac Leirner (São Paulo, 1961) fue una de los primeros artistas contemporáneos latinoamericanos en alcanzar prominencia internacional; a principios de los noventa su trabajo era expuesto en dOCUMENTA en dos ediciones de la Bienal de Venecia y en el MOMA en Nueva York.

Uno a uno, Leirner recupera (a veces con subrepción) grandes cantidades de objetos de la vida cotidiana que acumula, clasifica y transforma en esculturas e instalaciones en donde la carga contextual de los objetos queda subyugada por su repetición, forma y color.

Actualmente, el Museo Tamayo repasa la carrera de Jac Leirner en la retrospectiva Funciones de una variable, con este motivo la artista Daniela Franco conversó con ella

...

Existió alguna vez, a fines del siglo pasado sin ir más lejos, una Latinoamérica sin arte contemporáneo: sin ferias, museos, bienales, ni mercado y cuyas galerías se interesaban solo en la pintura. Mientras que Europa y Estados Unidos mostraban arte contemporáneo en sus espacios principales, Latinoamérica lo mantenía “a raya” en el underground. Arte alternativo, se le llamaba en México. Pero en el extranjero los artistas latinoamericanos de la época no eran para nada alternativos y su trabajo era reconocido y exhibido.

Esa Latinoamérica nos queda hoy lejos porque la incomprensión y austeridad de los noventa ha sido compensada en pocos años por el exceso (surgido a veces también de la incomprensión): muchos artistas, muchos espacios y mucho, mucho dinero.

Los artistas entonces eran pocos y se recuerdan bien. Mi primer encuentro con Jac Leirner fue en la biblioteca del San Francisco Art Institute: hojear sus catálogos era dar un paseo por archivos –imaginarios y reales– que había conservado desde la adolescencia. Guardo ese recuerdo con una mezcla de nostalgia (del primer encuentro con el infinito potencial del arte: tan lejos del neomexicanismo, tan cerca del conceptualismo, ¿o cómo decía Porfirio Díaz?), de envidia (una artista que hace lo que yo quisiera hacer) y de romanticismo (todo mundo del arte pasado fue mejor).

Jac reacciona con un agradecimiento sincero ante mi anécdota, pero su perspectiva es menos tajante y nostálgica que la mía.

Jac Leirner (JL): Creo que siempre hay un exceso de producción. Incluso entonces. La gran mayoría de la obra producida se olvida y se seguirá olvidando. El tamaño del circo sigue adaptándose en todas direcciones: el público aumenta, las colecciones crecen, los precios se elevan, las galerías se transforman en industrias y los museos se vuelven ciudades.

Daniela Franco (DF): Cuando visitas una galería o museo y ves el trabajo que se exhibe hoy en día ¿te identificas?, ¿te conmueven las obras que se producen hoy?

JL: Raramente. Mis dificultades con la producción contemporánea son tan grandes como la sensación de eficacia que esta producción masiva refleja. Ser eficaz no es suficiente.

DF: A veces encuentro que hay una disonancia entre el nivel sobreintelectualizado de la discusión en el arte contemporáneo y la sobresimplificación de las obras que este produce. ¿Estás de acuerdo?

JL: Completamente. Es muy raro encontrar en la producción contemporánea obras desarrolladas con una cadencia lenta. Quiero decir que todo se hace muy rápido, las soluciones se deciden de forma inmediata. Las diferentes opciones se descartan antes de experimentarse. No hay experimentación. Las cosas nacen ya listas, en lugar de adquirir cuerpo y forma paso a paso. Las referencias ya no tienen importancia, no se toman en cuenta. En muchas ocasiones son simples coincidencias.

DF: En varias de las entrevistas que he leído, tu interlocutor no puede evitar la tentación de categorizarte o pedirte que lo hagas y sueles resistirte. Arte Povera, neoconstructivismo, arte político, indígena... ¿Eres una artista conceptual? ¿Contemporánea? ¿Hay alguna categoría con la que te sientas cómoda?

JL: Creo que con el paso de los años he adquirido una condición personal que encarna todos esos momentos de nuestra historia moderna y contemporánea. Del Dada en adelante. Incluyo a los maestros del Bauhaus, al pop, minimalismo, Povera, conceptual, constructivista, y si pudiera incluiría aún más momentos que con toda seguridad han dado forma a mi visión e ideas.

DF: Otra cosa que te suelen preguntar es la relación entre ser hija de padres coleccionistas y el arte que haces. El tema del coleccionismo en general me interesa y lo considero indisociable de los archivos. A esta mancuerna agregaría la acumulación. ¿Consideras los objetos que acumulas como una colección? ¿Los archivas? ¿Son tus obras archivos de tus colecciones? Quizá lo que quiero preguntar es ¿cómo es tu taller?

JL: Mi taller está muy organizado. Cada grupo de materiales tiene su lugar: una caja para cosas de aviones, una caja para cuerdas, una caja para papeles de liar, etc. No considero que estos grupos sean en sí colecciones, aunque hoy –a diferencia de otros tiempos– acepto que la gente me llame coleccionista. Pero para mí estos grupos de cosas son simplemente cantidades de lo mismo. La misma tarjeta de presentación, el mismo paquete de cigarros, la misma cinta adhesiva. Por supuesto que me gustan mucho los colores, los formatos, los materiales y que una bolsa de plástico de la tienda de souvenirs de un museo con su bello diseño atraerá mi vista de una forma diferente a otras bolsas de plástico. Pero al final todos estos objetos adquieren la misma importancia. Estarán juntos de cualquier forma: lado a lado, uno añadiéndose al otro. Lo importante de estas “colecciones” es que han sido hechas a través de los años, las décadas. Y esta es una condición evidente en la obra resultante. Además de los materiales frecuentes, hay uno infrecuente: el tiempo. Y otro material poco común: la paciencia.

DF: Sigo con el tema de las colecciones (verás, soy persistente). ¿Tienes alguna? ¿De arte, discos, libros o algún objeto que no termine necesariamente integrado a tu obra?

JL: Guardo las obras de mis amigos, sus cartas, notas. En general cosas que otros me han dado. Fotos de mi familia, de mi vida. La mayoría de las cosas que guardo tienen relación con mi hijo y los miembros de mi familia.

Y sí, tienes razón: guardo mis discos y CD, algunos de los libros que he comprado o que me han regalado. Regalo muchos de mis libros, especialmente si sé que puedo encontrarlos fácilmente en librerías. Me gusta que las cosas tengan un orden, un lugar; así que si no hay sitio para un nuevo libro que deseo, uno viejo tiene que ser sacrificado para hacerle lugar. En general, los catálogos de grupo o libros sobre colecciones se sacrifican para los catálogos individuales. Las novelas son sacrificadas por poemarios. Las revistas por libros, etc. Prefiero no acumular cosas inútiles sino arte.

DF:¿Cuál es tu relación con la ciudad? Trabajas con objetos encontrados, debes por tanto caminar por ahí, ¿no?

jl: El otro día encontré una acuarela hermosa en un basurero público. Le quité el marco maltratado y la llevé a casa en donde la conservo. Es una joya, un artista trabajó en ella durante muchas horas, hace muchos años. Algo especial. Pero trato de concentrarme en “mis” materiales, si no acabaría teniendo problemas para decidir entre demasiadas cosas. Ya de por sí me es difícil elegir la solución ante muchas posibilidades de ideas para lo que tengo a mano. Quisiera tener más tiempo para obtener más resultados con el paso de los días, semanas, meses, años. Finalmente tengo un asistente que trabaja conmigo. Él me ayuda en este aspecto. Los resultados vendrán más rápido.

DF: Creo que de una forma u otra me has respondido a esto, pero: ¿tienes algún fetichismo con respecto a los materiales con los que trabajas o simplemente son materia prima para tus obras?

JL: Son materiales a los que les tengo mucho cariño o alguna vez se los tuve. Incluso si son letras, palabras o una etiqueta de precio [...] Trabajo con objetos increíblemente hermosos –reglas, niveles, tensores– con los que convivimos y que han sido inventados por genios. Su presencia en nuestras vidas puede ser diminuta, pero están llenos de historia y significado. Y belleza. ~