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Los diarios espiritistas de Francisco I. Madero

Durante el efímero gobierno de Francisco I. Madero (1911-1913), uno de los ataques más encarnizados de la prensa tuvo su génesis en la fe con que el presidente abrazaba la doctrina espiritista. Injustamente, varios diarios capitalinos calificaban a Madero como un “loco que se comunica con los muertos”. Francisco I. Madero había sido marcado por el espiritismo desde 1891, cuando conoció casualmente las obras de Allan Kardec, padre de la doctrina espiritista. Al despuntar el siglo XX, establecido en su natal San Pedro de las Colonias, Coahuila, en medio de la tranquilidad de los vergeles familiares y casi para cumplir los 30 años, Madero inició formalmente su profesión de fe hacia el espiritismo. Regresaba de París dispuesto a poner en práctica una facultad que le había sido revelada en los círculos espiritistas parisinos: la de médium escribiente.     

 La selección de los Diarios espiritistas que presenta Letras Libres es parte de las comunicaciones dictadas durante las sesiones espiritistas realizadas por la Sociedad de Estudios Psíquicos de San Pedro, fundada y presidida por Madero y que tenía por objeto propagar la doctrina del espiritismo. Curiosamente en todas sus reuniones cada idea, cada párrafo, cada línea era escrita por la mano de Madero cuando se encontraba en trance. En ese estado, los espíritus evocados se comunicaban con los asistentes a la sesión a través de la pluma del propio Madero, cuya facultad de médium era la más desarrollada del grupo.      “Estas comunicaciones –escribió Madero en sus Memorias– me hicieron comprender a fondo la filosofía espiritista y, sobre todo, su parte moral, y como en lo íntimo me hablaban con gran claridad de los invisibles que se comunicaban conmigo, lograron transformarme, y de un joven libertino e inútil para la sociedad, han hecho de mí un hombre de familia, honrado, que se preocupa por el bien de la patria y que tiende a servirla en la medida de sus fuerzas.”      Los Diarios o Comunicaciones espiritistas abarcan dos periodos. El primero, de 1901 a 1904, puede considerarse como el proceso formativo. Estos años se caracterizaron por las sesiones espiritistas en grupo donde Madero era el médium escribiente. De 1901 a 1904 las Comunicaciones –firmadas invariablemente por alguno de los espíritus evocados– eran dominadas por dos presencias espirituales de antiguos miembros de la familia Madero: “Raúl”, el pequeño hermano muerto trágicamente años atrás, y José Ramiro, que la mayoría de las veces firmaba como “José”.      Las sesiones de los primeros años mostraban a un “Raúl” que comunicaba su malestar porque ninguno de los asistentes cumplía con la disciplina propia del espiritismo, necesaria para imponer el espíritu sobre el cuerpo y la materia. “Raúl” aconsejaba que leyeran y releyeran todas las comunicaciones; que evitaran jugar pool y aprovecharan ese tiempo para la caridad; que utilizaran las riquezas materiales otorgadas por Dios para hacer el bien entre los pobres; que dominaran sus pasiones carnales y rechazaran los vicios; que dejaran la vida vegetativa, oraran con fervor y no mirasen con desdén los dictados del más allá.      De acuerdo con los Diarios, entre 1901 y 1904, Madero cumplió con la disciplina señalada y su desarrollo espiritual avanzó a pasos agigantados. Comenzó entonces un segundo periodo de comunicaciones en el año de 1907, donde el único interlocutor era él mismo. Su facultad de médium había alcanzado casi la perfección –así lo señalan los Diarios– y podía ponerse en trance sin la presencia de nadie más; de ese modo continuaron las comunicaciones espiritistas con un sentido diferente: se reveló ante él una gran misión, que rebasaba por mucho a su persona, a su familia y a su pequeño círculo de San Pedro de las Colonias. Era un destino que alcanzaba a la Patria entera: su liberación.      A partir de 1907, el “espíritu” de “José” –presente en casi todas las comunicaciones– anunció a Madero la gran cruzada democrática que emprendería en poco tiempo y le exigió un dominio aun mayor de sus pasiones. Madero comenzó a prepararse de otro modo. Solía retirarse a lugares solitarios, generalmente a su rancho Australia, donde meditaba y oraba profundamente. Procuraba acostarse tarde, madrugar y, contrariamente a su vieja costumbre, rechazaba la siesta vespertina. Ayunaba y comía lo necesario para mantener las energías. No bebía y no fumaba. A pesar del titánico esfuerzo, Madero mostraba momentos de flaqueza y debilidad. “José” lo reprendía, advirtiéndole la enorme responsabilidad que pesaba sobre su conciencia y las terribles consecuencias que generaría si fracasaba.      Las Comunicaciones, entre 1907 y 1908, registraron términos como lucha, justicia, patria. “José” llamó a Madero “soldado de la libertad y el progreso” y “luchador infatigable por la causa de la libertad”. La preparación espiritual también incluía un conocimiento claro y metódico de la historia. Le recomendaban la lectura de México a través de los siglos y otras obras clásicas de la historia mexicana. Debía leer los periódicos, conocer a la perfección la situación política del país, llevar notas y un diario cotidiano de sus actividades.      Madero se entregó a la misión que, según la doctrina espiritista, le había sido encomendada por la Providencia. Las Comunicaciones muestran con gran precisión el camino recorrido por Madero desde 1901, su dura preparación, sus constantes caídas, las dudas, los aciertos y el éxito, hasta alcanzar el destino que lo llevó al escenario nacional: publicar La sucesión presidencial en 1910 (diciembre de 1908) y su cruzada democrática (1909). Ambos acontecimientos serían parte fundamental de las Comunicaciones. Ambos hechos transformarían la historia de México.      El espiritismo de Francisco I. Madero no debe –ni debía– verse como una charlatanería o una excentricidad. Fue una creencia que marcó el rumbo de todos los actos de su vida pública y privada. Su fe en la democracia, la defensa de la libertad y su respeto por la dignidad humana abrevaban innegablemente de las aguas de su espiritismo. Madero hablaba, siempre habló, para los vivos. Sólo en una ocasión habló con los muertos: aquellos que no quisieron escucharlo, renunciaron a su libertad y vieron impasiblemente su caída. –Alejandro Rosas Robles

noviembre/1901 Es bueno que lean seguido mis comunicaciones anteriores en las cuales les he recomendado en todos los tonos que practiquen todos los días con empeño si quieren llegar a desarrollar su facultad mediumnímica. También es necesario que ahora que no tienen casi nada que hacer le roben un poco de tiempo al pool y demás diversiones a fin de que lo dediquen a estudiar el espiritismo, a fin de que se familiaricen más con esas sublimes doctrinas que bien entendidas han de llevar a la humanidad muy arriba de su nivel actual.      Raúl. diciembre 2/1901 Querido hermano: Con gusto vengo al llamado de ustedes y mucho me alegro que ustedes, aunque sean los dos solos, piensen constantemente y hablen siempre de espiritismo[...] El espiritismo, bálsamo de las heridas morales, tónico poderoso para las almas desalentadas que sufren la anemia de la desesperación, el cáncer de la envidia, la muerte moral. El espiritismo en todos esos casos consuela y explica por qué se sufre, por qué se llora, por qué hay tanta desigualdad entre la posición terrestre de unos y otros. Es pues el espiritismo el remedio contra las enfermedades del alma.      Raúl. Monterrey, enero 7/1902 Queridos papá y hermano: Quería hablar con ustedes para decirles que deben de pensar seriamente cómo aliviar un poco al pobre pueblo de San Pedro en que la falta de trabajo ha causado tanta miseria.      Ya con el comedor público que han ayudado a sostener han causado un gran alivio a los pobres que no pueden trabajar, pero a los que sí lo pueden hacer y que no lo consiguen, a esos, ¿qué han hecho por ellos? Ustedes creen que su obligación en este mundo es hacer bien, pues bien, entonces, ¿por qué no se preocupan en cumplir con sus obligaciones? Ustedes que son espiritistas saben perfectamente que si Dios les ha dado una gran fortuna no es para que satisfagan con ella todas sus necesidades reales y ficticias, digo ficticias porque muchas cosas que creen ustedes necesarias, lo son porque su vanidad se las ha impuesto pero realmente son superfluas y ustedes deben de saber que a nadie le está permitido tener lo superfluo cuando hay quien falta de lo necesario.      Las únicas riquezas que tienen son las buenas obras que hacen y acuérdense que dejar de hacer bien, es decir, de emplear el dinero ajeno en lo que quiere su dueño, es hacer muy mal cuando se hace a sabiendas y ustedes que conocen el espiritismo a sabiendas hacen esas acciones: son las que traerán terribles consecuencias. Tiemblen cuando piensen qué le contestarán a Dios cuando les pregunte: “Te di tanto para que distribuyeras entre tus hermanos pobres, entre mis hijos más necesitados, ¿cumpliste con mi encargo? ¿Qué hiciste con el dinero que no era tuyo? ¿No te hice también la gracia, el favor especial de mandarte uno de mis agentes para que te instruyera, para que abrieras los ojos y te guiara en tu camino? ¿Por qué no lo escuchaste? ¿Por qué no dedicaste media hora todos los días en reflexionar sobre lo que él te hubiera dicho para buscar el modo de poner en práctica sus consejos que eran órdenes mías?”      Analicen su vida y vean cuán poco bien hacen.      Se levantan, leen sus periódicos con un interés que parece que de ellos depende su salvación, luego escriben una que otra carta, comen, duermen siesta, en la tarde van a dar una vuelta a distraerse, a desaburrirse, se juntan con algún amigo a platicar generalmente de cosas fútiles o de negocios que generalmente nunca llevan a cabo, luego vuelven muy contentos, y en la noche al teatro, a leer novelas o pasar el tiempo hablando siempre de negocios o cosas fútiles. En la noche se acuestan generalmente tan preocupados de sus necesidades que no tienen tiempo para elevar un rato su espíritu a Dios y decirle que los ilumine, que les ayude a vencer sus malas inclinaciones. No le dan nunca gracias por las riquezas que les manda, pues no son para ustedes, son para que repartan entre sus hermanos necesitados. Lo que deben de hacer cada vez que alguna mina se pone en bonanza o aumentan de cualquier modo sus riquezas es decirle a Dios: ¡Padre mío, me has aumentado mis riquezas, has pues que tenga yo el valor, la energía y la fuerza de voluntad necesarias para dar a este dinero el empleo que tú me ordenes y no que me vaya a envanecer, a enorgullecer, a aumentar mi lujo, a gastar en cosas que llamen la atención de los lobos!      Ustedes comprenden demasiado bien lo que Dios quiso decir cuando dijo al hombre: “Ayúdate y te ayudaré”. Quiso decir con eso que ustedes deben de hacer un constante esfuerzo para dominarse y que sólo de ese modo pueden contar con su ayuda. Si ustedes, dominados por preocupaciones vulgares que forman un velo tan espeso que no les permite ni siquiera vislumbrar a la Divinidad, se complacen en su vida vegetativa, si no procuran hacer un esfuerzo constante y tenaz para elevar su espíritu, para sustraerlo del dominio de la materia, nunca podrán vivir de la vida espiritual, quiero decir vida del espíritu, y para que el espíritu viva necesita dominar a la materia, el espíritu tiene fuerzas para dominar a la materia, esas fuerzas son lo que ustedes llaman fuerza de voluntad. Pues bien, esas fuerzas para desarrollarse necesitan ejercicio y ustedes necesitan ejercitar esas fuerzas por un constante empleo para que puedan estar bastante fuertes para dominar desde en esta vida a la materia, pues si no lo hacen en esta vida, en la otra no lo podrán hacer y vivirán lamentándose de haber perdido su tiempo en este mundo.      Raúl Madero. Monterrey, enero 29/1902 Querido papá: Comprende que es una obligación tuya desarrollar la facultad que Dios te ha dado de poderte poner en comunicación con nosotros y es una cosa inconcebible que por pura morosidad y olvido de las cosas más sagradas dejes de dedicar todos los días unos diez o quince minutos a la práctica de tu mediumnidad. Ya muchas veces te he repetido lo mismo y en contestación te has hecho el más firme propósito de complacerme y, luego, ¿qué ha sucedido? Lo de siempre. Las bagatelas de la vida que parecen un paño espesísimo puesto de venda delante de sus ojos y que te impide dar la importancia que tienen las cosas de la vida espiritual única, eterna y verdadera y única que deben tener en consideración y como punto objetivo de todas sus acciones.      Raúl. San Pedro, mayo 16/1902 Hasta ahora han sido ustedes tan indolentes y tan desdeñosos para nuestra enseñanza, que nunca he tenido tiempo para tratar con ustedes de ningún asunto de importancia, pues lo principal que se necesita para tratar esas cuestiones, es desearlo sinceramente y ustedes lo desean tan poco que rarísima vez se reúnen y más rara vez aún, ponen en práctica los consejos que en todos los tonos les he dado. Algunos de ustedes en vez de progresar en el desarrollo de sus facultades mediúmnicas, van para atrás, y llegará momento en que pierdan por completo el germen de sus facultades y después todos sus esfuerzos para recuperar lo perdido serán completamente inútiles.      Vuelvo pues a recomendarles que si quieren que lleguemos a hacer algo serio, sean más constantes en sus trabajos, más dedicados y empeñosos en sus estudios y más dóciles a mis consejos.      Acuérdense lo que tantas veces les he dicho: Pronto emprenderán un viaje a este otro mundo y necesitan ir preparando su equipaje y sus provisiones a fin de que no la vayan a pasar tan mal en esta vida espiritual, que es la vida eterna y verdadera.      Raúl. San Pedro, mayo 21/1902 Queridos amigos: Me da pena ver que cada día disminuye el número de mis queridos discípulos, me da tristeza ver con qué poco interés acogen los consejos que les doy y que poco o ningún caso hacen de mis recomendaciones.      Pero en fin, casi estoy por decir dejémonos de lamentaciones inútiles puesto que inútiles son mis lamentaciones, porque no hay peor sordo que el que no quiere oír, y pasemos a otra cosa.      Es indispensable que comprendan que hasta ahora han sido casi nulos los progresos que han hecho y los resultados que han obtenido y es debido a que lo principal que les he recomendado y lo único que podría darles resultado es la constancia y ésa no la tienen. De ese modo es casi imposible hacer nada.      Me voy a explicar.      Para que los fenómenos espíritas puedan producirse y llegar a cierto grado de intensidad, se necesita que siempre (o con raras excepciones) sea el mismo número de personas que asisten a las sesiones, que estas personas sean siempre las mismas, ocupen sus mismos lugares y sean asiduas y tengan verdadero interés en estas cuestiones.      Raúl. San Pedro, mayo 28/1902 Los espíritus que aquí son felices, son los que en ese mundo no encontraban nada que les llamara mucho la atención, que despreciaban todas las exigencias ridículas de la moda y de las costumbres y que su mayor goce consistía en elevar su espíritu a Dios y en practicar la caridad. Esas personas gozan más en la cabecera de un enfermo que en cualquiera de sus diversiones. Esas personas serán las mismas que sean felices en este mundo. Los que al contrario se preocupan más de su bienestar material que de sentimientos altruistas y nobles, ésos sufrirán en este mundo del aislamiento, pues así como ellos no se compadecieron de sus hermanos que sufrían, no encontrarán aquí en este mundo quien se compadezca de ellos, pues hasta las personas que los quieren y desearían endulzar sus penas no les es permitido hacerlo.      Jesús María Galicia. Rosario, Parras, junio 26/1902 Querido hermano: Lo que quiero recomendarte, es que no te duermas en tus laureles y no porque tienes tu facultad mediumnímica bastante desarrollada, dejes tantos días sin hacer uso de ella, pues si sigues así, si no escuchas mis consejos, puedes perder tu facultad o por lo menos entorpecerte en su uso. Es pues muy conveniente que todos los días practiques un rato y evoques a toda clase de espíritus para que les hagan el bien que puedas hacerles, dándoles buenos consejos, para que cada día te ejercites más y desenvuelvas más tu facultad, a bien de que puedas abarcar mayor número de sujetos que tratar y seas apto para recibir comunicaciones de distintas clases, es decir sobre asuntos diferentes a los que tratamos generalmente contigo. Puedes además servir con el tiempo, para comunicaciones de una naturaleza más exacta o más mecánica.  v    También tiene esta costumbre la ventaja de que te familiarizarás cada vez más con el mundo nuestro, a fin de que lo tengas siempre en consideración en todos tus actos y para que cuando vengas entre nosotros, no encuentres nada que te llame la atención.      Por ahora, te aconsejo que no evoques al espíritu que deseas, pues no conviene por razones que te diré otra vez. Por lo menos, si quieres evócalo pero sin escribir lo que te diga, pues no conviene que se divulge.      Raúl.

San Pedro, octubre 21/1907 Querido hermano: La lucha se acerca; para ti realmente va a principiar desde que empieces a escribir tu trabajo que tienes en preparación. Antes de la lucha pueden adquirir un gran desarrollo todas tus fuerzas, a fin de que desde la primera acometida sea mortal para tu enemigo, pues si empiezas la lucha débilmente será a la derrota a donde marcharás con seguridad y aunque después de mucho tiempo vuelvas a rehacerte, habrás perdido la principal oportunidad de prestigiarte y después tu voz no tendrá el mismo peso, y tú dejarás incompleta tu obra. ¿Qué tan incompleta será? Depende de lo más o menos fuerte que estés cuando principie la lucha.      Durante la lucha, indudablemente te crecerás, pero este crecimiento será proporcional al punto de partida, y sobre todo lo será en cierto sentido, pues hay ciertas fuerzas que se adquieren cuando el espíritu está en calma, en reposo completo, y ésas son las más importantes, las más útiles, son las que después pueden tener gran desarrollo durante la lucha.      Querido hermano: No olvides que si acaso desperdicias esta oportunidad de vencer, quizá ya no sea posible que mis ardientes deseos se realicen. Al decirte esto, siento una emanación muy superior a la que tú mismo sientes. Hermanito: sé fuerte, no vayas a comprometer tu misión y hasta la mía. Piensa con frecuencia sobre la inmensa responsabilidad que pesa sobre ti. ¿Que serás tan cobarde que sucumbas? ¿Que será posible que viendo con tanta claridad el camino del deber, te salgas de él y vayas a comprometer el éxito de tu misión andando por precipicios?      Raúl. San Pedro, octubre 30/1907 ¡Cuán feliz me siento al ver que en tu planeta hay seres que compartan nuestros sentimientos, que están dispuestos a luchar para que triunfe la causa de la libertad y la justicia, a fin de que al calor de estos brillantes soles, germinen los buenos sentimientos que dormitan en la humanidad; se desarrollen los nobles esfuerzos que han de llevarlos a la felicidad suprema: a la felicidad dentro del cumplimiento de la ley!      ¡Ahora sí has vencido!      El 34 aniversario de tu nacimiento en este mundo podrás festejarlo con alegría, pues a partir de este nuevo día, podrás considerarte ya definitivamente como miembro de la gran familia espiritual que rige los destinos de este planeta. No, no eres de los primeros. Eres el último de los soldados, pero este honroso título de soldado de la libertad y el progreso, de los soldados que militan bajo las gloriosas banderas de Jesús de Nazareth, de los que siempre han luchado, de los que han derramado por el mundo su amor, sus conocimientos, su sangre, si ha sido necesario, para asegurar su progreso, para acelerar su triunfo, para apresurar el reino de Dios, el reino de la Justicia y del Amor.      Pues bien, soldado de tan glorioso ejército, póstrate ante tu Dios, para que te arme caballero, para que te cubra con sus divinas emanaciones contra los dardos envenenados de tus enemigos, para que ponga en tus manos la espada con que debes de luchar sin descanso por la causa del bien, por el triunfo de la Verdad, por la regeneración y el progreso de la humanidad, porque los infelices desheredados de la fortuna sacudan las ignominiosas cadenas del fanatismo y la ignorancia y se yergan y se levanten, y con la frente alta, la mirada hacia arriba, puedan medir la fuerza de sus tiranos, despreciarla y vencerla; para que puedan contemplar sus verdaderos destinos y no pierdan su tiempo encarnizados en luchas estériles que no hacen sino debilitarlos y retardarse en su marcha evolutiva hacia adelante.      ¡Hermano de mi alma! ¡Qué indefinibles goces encuentras en la oración! ¡Qué poderosas corrientes de fuerzas fluídicas atraes hacia ti! ¡Perdura en esa costumbre! ¡Procura cada vez orar con más fervor! ¡Procura que tu amor irradie con más fuerza!      José. San Pedro, noviembre 6/1907 En esta época, cuando tu espíritu está en calma, puedes estudiar la historia de tu patria y de otros países con gran provecho, porque, además de que puedes reconcentrarte mejor, sacarás deducciones más exactas, porque no estarás bajo la influencia del ardor del combate. Esas deducciones, serán las que te sirvan de base para tus planes, tus resoluciones, y ya comprenderás que entre más bien meditado esté el plan, tienes más probabilidades de triunfo. Pues en la lucha no harás sino desarrollar tu plan y, aunque tú te crecerás mucho desarrollando de un modo portentoso tus fuerzas, estando éstas mal dirigidas, no obtendrán el mismo resultado que si estuvieran dirigidas sabiamente y obedeciendo a un plan meditado con calma.      Para lograr esto, es bueno que todos los días te pongas a escribir tu opinión, tu juicio sobre todo lo que leas. Arregla cuadernos de estos foliados, para que llenes un diario con tus impresiones. Eso te servirá de un modo admirable para fijar en tu imaginación los puntos más importantes de la historia que quieras retener en la memoria. Te servirá para acostumbrarte a ser más profundo en tus observaciones, más preciso en tus deducciones, más claro en expresarlas.      Esta práctica te servirá de un modo maravilloso para elevarte más, para prepararte mejor al cumplimiento de tu misión.      Raúl. San Pedro, noviembre 15/1907 Tú, en las condiciones excepcionales en que te encuentras, estás llamado a prestar importantísimos servicios a tu patria. Era pues indispensable ponerte en condiciones de luchar ventajosamente, a fin de asegurar el éxito, el triunfo final de la causa. Ahora sí estamos ya seguros de tu triunfo, pero no hay que dormirte en tus laureles.      Raúl. San Pedro, noviembre 28/1907 Querido hermano: Dedícate a tu estudio de la historia de México. También puedes dedicar algunos ratos para que prepares trabajos para el congreso espírita, a fin de que tomes una parte importante en él y te acostumbres a hablar en público. Eso te servirá después de mucho, pues ya tendrás confianza en ti mismo, y tendrás dominado al público. Ya podrás hablar con tanta facilidad en público como lo haces en lo privado.      José. San Pedro, diciembre 21/1907 Ahora sí, puedes estar seguro de tu triunfo definitivo sobre la materia. Ahora sí ya no abrigamos el menor temor por ti, pero eso es debido a que te vemos siempre ocupado, siempre trabajando, escribiendo o estudiando, y porque vemos que aumenta visiblemente tu gusto por la oración y por la meditación.      Ahora has empezado a tener otra buena costumbre, que es dejar la siesta, pues de ese modo tendrás más tiempo para dedicarte a tus estudios y dormirás menos, lo que influirá para que tu espíritu esté siempre más alerta, tu inteligencia más despejada y tu cuerpo más ágil y menos dominante tu naturaleza inferior.      Sigue con esa costumbre, procura cada día trabajar con más ahínco, aunque te desveles algo y, sobre todo, nunca dejes de practicar tus emanaciones, aunque no seas tan eficaz con las inspiraciones, pero siempre procura hacerlas. Lo principal de todo, serán siempre tus oraciones, a fin de que atraigas fluidos benéficos que te den fuerza para la lucha, y que te despejen más la inteligencia, a la vez que te hagan más sensible a nuestras inspiraciones.      Relee seguido nuestras comunicaciones anteriores, a fin de que nos evites tanta repetición. Está bien que el año entrante principies a llevar tu diario en el que anotarás todas tus impresiones, sobre todo lo que te pase, sobre todo lo que leas, sobre todas las personas que encuentres.      José.

San Pedro, enero 26/1908 Sí, hermano mío: Cuando te encuentras en este apartado lugar, en donde puedes orar con tanto fervor y meditar con tanta calma, es cuando estás en mejores condiciones para recibir nuestra inspiración, es cuando puedes mejor aprovechar nuestra ayuda.      Yo quiero decirte: que estás predestinado para cumplir con una misión de gran importancia, mayor de la que te hemos dicho hasta ahora, pero sólo necesito que te asegures en tu triunfo sobre la materia para revelarte cuál es.      Esa misión de gran responsabilidad, la tendrás que desempeñar forzosamente porque allá van encaminados todos tus pasos, pero el mayor o menor éxito que obtengas, dependerá de tus esfuerzos para poner en práctica los propósitos que te haces cuando estás bajo la influencia de tu naturaleza superior, y que están generalmente en perfecta armonía con nuestros consejos y nuestras indicaciones.      Ahora te encuentras ya en excelentes condiciones para hacer el esfuerzo definitivo. Ya no tengas ninguna vacilación. Toma tu resolución enérgicamente, pídele a Dios con fervor que te ayude a llevarla adelante, no dejes ni un momento de estar en relación con nosotros, procura verificar tus inspiraciones con regularidad, tus emanaciones magnéticas con frecuencia y será tuya la victoria. Las cosas se han puesto de tal manera, que ahora estás en mejores condiciones que nunca para lograr tu objeto. Medita sobre ello y comprenderás el por qué.      Ten pues una poca de energía y vencerás y harás que tu espíritu sacuda para siempre las cadenas de la materia, y que, una vez conquistada su libertad, tienda el vuelo por el espacio con su mirada de águila, comprenda mejor el mecanismo que rige a las sociedades, se dé mejor cuenta del conjunto de la obra a emprender y aprecie mejor los detalles. Entonces, el primer impulso será un golpe mortal para los enemigos de la causa que has abrazado, y muy pronto serán las coronas de laurel las que ciñan tu frente. En caso contrario, en caso de que tu esfuerzo no sea tan vigoroso y tan bien dirigido, también recogerás una corona, pero será la de espinas, la de los mártires, la de aquellos que lucharon con un enemigo que no pudieron vencer, pero que siquiera tuvieron la dicha de derramar su sangre por el triunfo de su causa.      Hermano querido: La corona, la tendrás de todas maneras. Pero, tus actos en este año determinarán si será de laurel, o de espinas. Esa es la alternativa. Escoge.      Hasta muy pronto, hermano de mi corazón.      José. México, abril 8/1908 ¡Ya arrojaste la flecha! Loco serás si intentas detenerla. Lo único que te queda ahora es prepararte convenientemente para esperar las consecuencias; lo que necesitas es armarte con todas las fuerzas, con toda la energía, para vencer en la lucha que ya has entablado y que de ningún modo podrás evitar.      Ya sabes por dónde debes de principiar; ya sabes que la conquista de la fuerza será la que te asegure el triunfo; ya estás cerca de esa gran batalla. Si triunfas en ella, será la victoria de óptimos frutos; será el principio de una serie de triunfos y entonces sí, puedo asegurártelo enfáticamente, podrás estar seguro del triunfo definitivo; de la realización de todos tus ideales, y seguramente cumplirás con la misión que te has impuesto y sobre la cual tenemos cifradas tantas esperanzas, la evolución de esta parte de la humanidad.      José. México, abril 30/1908 Querido hermano: Has dado un gran paso en la vida de tu evolución. El paso más importante de tu vida eterna, y que señalará un límite bien marcado en tu existencia, entre el dominio de la materia y el del espíritu. Con ese gran paso has conquistado la libertad y en lo sucesivo, tu espíritu no tendrá traba ninguna para elevarse a las altas regiones en donde se abrevará por medio de la inspiración y de la intuición, de las más grandes verdades, y de donde recibirá en diversas formas, la fuerza necesaria para luchar y para vencer.      Por este motivo, te felicito con toda mi alma, y a la vez me felicito, pues yo he dedicado todas mis fuerzas, toda mi energía a obtener ese triunfo, que también considero como mío, puesto que tú lo has obtenido con la mira de poner esas nuevas fuerzas al servicio de la causa bendita por la cual hace tanto tiempo que lucho, por el progreso de mi patria querida, pues te lo diré ahora, yo he sido mexicano en mis últimas encarnaciones, tengo gran amor a este país y he dedicado todas mis fuerzas a trabajar por su bien. Ya llegará día en que sepas cuál es mi verdadero nombre. Por ahora, bástete saber lo expuesto.      Adiós.      José. San Pedro, junio 26/1908 Ya lo sabes: Una gran carga pesa sobre tus hombros. Has aceptado una misión trascendental. Has abrazado una causa, con tal efusión, que con ella están comprendidas todas tus aspiraciones, todos tus ideales, tu vida entera. Siendo así, debes de comprender que cualquier pérdida de tiempo que pueda perjudicar a la causa es culpable, sobre todo si lo haces consciente del mal que causas. Además, este año va a ser la base de tu carrera política, puesto que el libro que vas a escribir va a ser el que dé la medida con que deben de apreciarte tus conciudadanos; va a ser el que te pinte de cuerpo entero, el que revele a la Unión quién eres tú, cuáles son tus ideales, tus aspiraciones, tus aptitudes y tus medios de combate. Por este motivo debes de apresurarte a terminar tu historia, a fin de que sin descanso te dediques a escribir tu libro, pues a medida que lo vayas escribiendo irás recibiendo abundante inspiración que te dirija a fin de que cause el mejor efecto posible.      Haz pues tu reglamento y dirije todos tus esfuerzos a llevarlo a la práctica.      José. San Pedro, agosto 13/1908 Por último, vuelvo a recomendarte que te dediques con ahínco a terminar México a través de los siglos, a fin de que cuanto antes principies tu libro. Ya ves cuán mal has hecho en posponer indefinidamente esa lectura, pues ahora tienes el tiempo muy limitado y quién sabe si no puedas ir a pasar una semana a Australia para escribir tu libro. Sin embargo, es bueno que hagas un esfuerzo por ir a aquel punto esos días pues de ese modo tu obra tendrá más importancia, más armonía, más conjunto y causará una impresión más profunda.      José. San Pedro, octubre 27/1908 Hermano querido: No te imaginas el efecto que tu libro va a producir en la República y sobre todo cuando empiecen los trabajos electorales en Coahuila, y los lleven a la Capital para la organización del partido democrático, que conviene acelerar lo más posible, una vez principiada la campaña electoral.      José. San Pedro, octubre 30/1908      Hermanito mío muy querido: Tu destino es grandioso; tienes una importantísima misión que cumplir. Es preciso que en todos tus actos estés a la altura necesaria.      Sobre ti pesa una responsabilidad enorme. Has visto, gracias a la iluminación espiritual que de nosotros recibes, el precipicio hacia donde se precipita tu patria; cobarde de ti si no la previenes. Has visto igualmente el camino que debe de seguir para salvarse: Desventurado de ti si por tu debilidad, tu flaqueza, tu falta de energía no la guías valerosamente por ese camino.      Ten fe, ten valor, ten constancia y vencerás.      José. San Pedro, noviembre 1/1908 Querido hermano: Nuestros esfuerzos están dando resultados admirables en toda la República y en todas partes se nota cierto fermento, cierta ansiedad, que tu libro va a calmar, a asentar y que tus esfuerzos posteriores van a encausar definitivamente.      Cada día vemos claro el brillante triunfo que va a coronar tus esfuerzos. Ahora sí, podemos asegurarte, sin temor de incurrir en un error, que el triunfo de ustedes es seguro en la primer campaña.      El general está cometiendo torpeza sobre torpeza y es que está poderosamente sugestionado por nosotros, que queremos que no vaya a ser un obstáculo para el restablecimiento de la libertad en México. Ahora podemos ejercer grandísima influencia sobre él, porque ya no tiene el vigor de antes y su energía ha decaído considerablemente, a la vez que las poderosas pasiones que lo movían han amortiguado con los años. Ni los que lo rodean sienten el apego a su persona que sentían hace algunos años, pues con tanto tiempo de poder absoluto se ha hecho cada día más déspota con los que lo rodean, que le sirven por miedo o por interés, pero no por amor.      José.