artículo no publicado

Un poema de Safo

 

Hay unos versos de Safo que (afortunadamente) se conservan por un manual de métrica que los puso como ejemplo, ocho siglos después de que fueron escritos. Pueden leerse como un poema completo, si es que no lo eran. En México, han sido traducidos al menos cuatro veces. Rafael Ramírez Torres (Bucólicos y líricos griegos, Jus, 1970) los tradujo en prosa:

 

Se ha ocultado la luna. También las Pléyadas. Es la media noche y las horas se van deslizando y yo duermo solitaria.

 

José Emilio Pacheco (Tarde o temprano, Fondo de Cultura Económica, 1980) publicó una versión escueta y eficaz, donde cada verso va añadiendo una circunstancia, hasta desembocar en el yo:

 

Se fue la Luna.

Se pusieron las Pléyades.

Es medianoche.

Pasa el tiempo.

Estoy sola.

Carlos Montemayor (Safo. Poemas, Trillas, 1986) los transcribe en griego y los traduce así:

 

Se han puesto la luna y las Pléyades; ya es media

noche; las horas avanzan, pero yo duermo sola.

 

Rubén Bonifaz Nuño (Antología de la lírica griega, UNAM, Nuestros Clásicos, 1988) también presenta el original griego y la traducción en dos versos:

 

Se pusieron, pues, la luna y las Pléyades. Y medias

noches. Y resbala tiempo. Y yo estoy sola acostada.

 

La versión rimada que aparece en Píndaro y otros líricos griegos (Porrúa, Sepan Cuantos) es de Joseph y Bernabé Canga-Argüelles (Obras de Sapho..., 1797):

 

La luna luminosa

huyó con las Pleyadas;

la noche silenciosa

ya llega a la mitad.

La hora pasó, y, en vela,

sola en mi lecho, en tanto,

suelto la rienda al llanto

sin esperar piedad.

Hay transcripciones del poema griego y traducciones a diversos idiomas disponibles en línea. Pueden buscarse en Wikipedia, Google y Amazon (Safo se escribe Saffo, Sapho o Sappho en otros idiomas). Así se encuentra en Google Print Odes d’Anacréon, una compilación políglota de Jean-Baptiste Monfalcon que recoge esta versión italiana (tomada de Le odi di Anacreonte e di Saffo recate in versi italiani de Francesco Saverio de’Rogati, 1782-1783), evidentemente leída por los hermanos Canga-Argüelles:

 

Già in grembo al mar s’ascosero

le Pleiadi, la luna,

e della notte bruna

già scorza è la metà.

L’ora già passa, e vigile

io sulle piume intanto

sola mi struggo in pianto

senza sperar pietà.

 

Absurdamente, Monfalcon no incluye la bonita traducción de Ronsard (el famoso poeta de La Pléiade, precisamente) que reproduce Manuel Fernández Galiano (Safo, Cuadernos de la Fundación Pastor). Aquí las Pléyades son vistas como una parvada de pichones (poussinière), la oscura medianoche se ha extendido (si panchée es licencia por épanchée) y ella duerme solita:

 

Ja la lune s’est couchée,

la Poussinière est cachée,

et ja la mi-nuict brunette

vers l’aurore s’est panchée,

et je dors au lict seulette.

 

Safo es una figura legendaria de la cual se sabe poco y se especula mucho. Nació y murió en la isla de Lesbos, entre la segunda mitad del siglo VII a.C. y la primera del VI a.C. Llamó la atención por ser mujer, y más aún por la musicalidad, la técnica, los temas y el estilo de una obra sorprendente, de la cual no quedan más que unos cuantos poemas y la pedacería salvada de las ruinas. Se le atribuyen, además, cuatro invenciones: el verso sáfico (pentámetro de once sílabas en cinco pies), la estrofa sáfica (tres versos sáficos y uno adónico), el plectro (la uña o púa para pulsar las cuerdas, sin tocarlas directamente con los dedos) y el pektis (un instrumento de cuerda parecido al arpa). Esto último se entiende porque el arte de las musas (la musiké) unía música, canto y danza.

Alceo, su coterráneo y contemporáneo, la celebró: “Divina Safo, dulce sonrisa coronada de violetas”. Platón la admiraba tanto que se le ha atribuido una proclamación posterior: “La décima musa”. Fue imitada en latín por Catulo, Horacio y Ovidio. Muchos siglos después, fue admirada y traducida por los renacentistas. En la literatura galante, tuvo el prestigio de lo exótico y lo prohibido. Inspiró a los románticos, que adoraban el genio como sublime anormalidad. Y, en el siglo XX, se volvió una bandera feminista.

Safo creó en su lengua vernácula (una variante del griego eólico) un discurso amoroso afín a las canciones populares y a mundos posteriores: la poesía erótica árabe, la lírica de Amaru, Jayadeva, Rumi y Vidyapati, la poesía trovadoresca, el romanticismo. Pero su obra renueva un progreso arcaico: la fiesta nupcial que transforma los meros ritos de fertilidad en diálogo amoroso. Los poemas de amor sumerios y egipcios, el Cantar de los Cantares y los epitalamios griegos son una literatura arcaica modernísima: la del protagonismo íntimo, no épico. Algo notable de esta tradición es que da voz a la pareja; y, por lo mismo, las mujeres hablan.

Las canciones de boda para el banquete (gamelios), para acompañar a los novios a su nueva casa (himeneos) y para despedirlos con una serenata ante su recámara (epitalamios) eran una especie de liturgia nupcial, de la cual hay rastros en los poemas homéricos, según The Oxford classical dictionary. Pero fue en Lesbos donde Safo y Alceo convirtieron esa tradición en creación personal, por gusto, por amistad o por encargo.

Quizá el origen de la poesía amorosa (la poesía del tú y del yo) está en la liturgia nupcial, de la cual se desprende el poema lírico. Los personajes de una obra de teatro hablan todos en primera persona, a diferencia de la poesía épica, narrada en tercera. Lo que dice un personaje en una escena puede quedar en la memoria como un poema redondo, de interés por sí mismo (por ejemplo, la décima famosa de La vida es sueño). Lo que dice la novia en un epitalamio puede desprenderse como una canción amorosa. Esto pudo llevar a la iniciativa de escribir poemas de amor directamente: sin componer toda la obra, con sus personajes y episodios. Poemas escritos en primera persona que pueden ser autobiográficos, aunque no necesariamente. El poeta, el narrador y el protagonista de un poema pueden ser tres personas distintas, como es obvio en la poesía épica, y menos obviamente en la lírica.

A las muchas especulaciones que hay sobre Safo, pudiera añadirse la siguiente: Era una aristócrata venida a menos, tan inteligente, simpática y refinada que las familias ricas empezaron a contratarla; primero, para que organizara fiestas matrimoniales y compusiera epitalamios; luego, como mentora, para que sus hijas se volvieran más casaderas, por las gracias que adquirían frecuentando a una señora ilustre.

En Figuras de lo pensable (Cátedra), Cornelius Castoriadis analiza la riqueza alusiva del poema. Empieza por transcribirlo en esta forma, que le da un aire de copla popular:

El manual de Hefestión (siglo II) lo presenta en dos versos, para ejemplificar el tetrámetro. Todavía en el siglo XX, Massimo Lenchantin de Gubernatis (Manual de prosodia y métrica griega, traducido por Pedro C. Tapia Zúñiga, UNAM) insiste en el ejemplo, aclarando que algunos editores prefieren la presentación en cuatro dímetros, en vez de dos tetrámetros. Hay, además, variantes ortográficas en las distintas ediciones. La pronunciación aproximada sería:

 

Dédyke men a selána

kai pleíades. Mésai de

nýktes. Pará d’érjet óra.

Égo de móna katéudo.

 

No hace falta saber griego para observar las aliteraciones en de (Dédy, des, de, dér, de, do), ka (ke, kai, nýk, ka), eme y ene (men, na, Mé, nýk, móna).

El poema es tan breve que se presta para observar también, casi palabra por palabra, las resonancias que explica Castoriadis. A continuación, se aprovechan sus observaciones, completándolas con otras fuentes, sobre todo el Greek-English lexicon de Liddell-Scott, el Dictionnaire étymologique de la langue grecque de Chantraine y la generosa ayuda de José Molina Ayala.

Dédyke, en general, es ‘ha entrado’ o ‘ha hundido’ o ‘se ha hundido, metido o sumergido’; pero, en el caso de los astros: ‘se ha metido en el mar’, porque los griegos veían el cielo como navegantes. La luna y las Pléyades surgen del mar y vuelven al mar. También Afrodita (la estrella diosa Venus nacida del mar) y todas las estrellas.

men es una partícula enfática de las afirmaciones o negaciones; y, por lo mismo, quiere decir muchas cosas o nada, según el caso. J.D. Denniston (The Greek particles) dedica setenta páginas a describir cómo se usa. Puede no traducirse (Ramírez, Pacheco, Montemayor) o traducirse como pues (Bonifaz) o de otra manera.

a selána es ‘la luna’, pero con una resonancia perdida en español, porque en luna ya no escuchamos luz. En griego, selána viene de sélas, ‘fulgor’ (de las hogueras, las antorchas, la luna, las estrellas, los ojos); como luna (en latín) viene de lux. La luna en griego se llamaba men (una palabra distinta de la partícula enfática), de donde viene mensual. Pero acabó llamándose selána o seléne, que era su epíteto: la luminosa. Es un acierto de los Canga-Argüelles recrear esta resonancia: “La luna luminosa”.

kai pleíades quiere decir ‘y las Pléyades’: tanto el grupo de estrellas como las hijas de Pléyone (la ninfa del océano, protectora de los navegantes) y Atlante (el titán que carga el cielo para que no se desplome sobre el mar y la tierra). La palabra pleíades evoca pléias ‘numerosas’, plein ‘navegar’, Pléion (la ninfa Pléyone) y peleiádes ‘palomas’ (que vuelan escapando de Orión, en una de las versiones de la tradición mitológica). Hay una convergencia en estas connotaciones (mar, numerosas, palomas, protección): parvada de estrellas náuticas, que nos guían y protegen.

Las Pléyades están en la constelación de Tauro y tienen un brillo de primera magnitud. Fueron observadas, nombradas y personificadas mitológicamente desde la prehistoria, en muchas culturas. Además de su orto, movimiento y ocaso a lo largo de la noche, tienen un ciclo anual: dejan de estar a la vista una parte del año. Este ciclo coincide aproximadamente con el ciclo agrícola, por lo cual las Pléyades sirvieron para fijar las estaciones y el calendario. Según la Encyclopaedia Britannica, hay lenguas amerindias y bantúes en las cuales una misma palabra significa ‘año’ y ‘Pléyades’ (así como en griego men significaba ‘mes’ y ‘luna’). En Grecia, las Pléyades fueron importantes para navegar, no sólo para marcar los tiempos de siembra y de cosecha, como puede verse en la Odisea, Hesíodo (Los trabajos y los días) y Arato (Fenómenos).

Castoriadis supone que el poema fue escrito hacia 580 a.C., cuando Safo tenía treinta y tantos años; y que la escena puede situarse en la primera luna nueva de la primavera, porque es entonces cuando las Pléyades y la luna se meten antes de la medianoche. No pude comprobarlo, valiéndome de los planetarios virtuales que hay en la web, sobre todo Your Sky. Lesbos está en la posición 39°N 26°E, la hora local es GMT+2 (dos horas más tarde que la hora de Greenwich) y el año de referencia es -580. Tampoco pude encontrar información segura sobre el calendario agrícola en la antigua Grecia. Ojalá que alguien pueda verificar la tesis de Castoriadis, y de paso las afirmaciones agrícolas de Hesíodo, que no entendí.

nýktes significa noches, pero mésai nýktes es una locución para decir ‘medianoche’, de igual manera que en español (a diferencia del inglés y el francés) decimos buenas noches en plural para decir ‘que tengas una buena noche’ en singular.

de es otra partícula de múltiples funciones (Denniston le dedica cien páginas). Aquí es enfática. Aparece en medio de una frase hecha (mésai nýktes), partiéndola. Como si fuera poco, la inserción queda al final de un verso, haciéndose notar todavía más. El énfasis subraya que la ‘medianoche’ es ‘plena medianoche’ o la ‘mera medianoche’ o algo así.

Desde el Renacimiento, el poema se atribuye a Safo, aunque se llegó a pensar que era una canción popular, porque Hefestión lo cita sin dar el nombre del autor. Pero en las coplas populares no suele haber encabalgamientos, y menos uno tan notable como éste, precedido por otro. Lo popular sería empezar diciendo, por ejemplo: “Ya la luna se metió”; pero no continuar la frase hasta la mitad del verso siguiente; y menos aún repetir de inmediato el procedimiento; y todavía menos partiendo en dos una frase hecha, algo así como

Ya la luna se metió

y las Pléyades. Es la media mera

noche.

 

pará d’érjet es la fusión de tres elementos. En primer lugar, el verbo érjomai que se refiere al movimiento de ir, irse, llegar, venir. En segundo lugar pará, una preposición (raíz griega de paralelo, paradigma) que indica ‘junto’, ‘ante’, ‘del lado de’, ‘hacia’, ‘contra’. De ahí resulta el verbo parérjomai, ‘pasar al lado de’, ‘pasar delante de’, ‘pasar volando’ (los pájaros). Como tercer elemento, está la partícula de, nuevamente enfática, hasta el punto de separar las dos partes del verbo. De donde resulta pará d’érjet: ‘va precisamente pasando’, ‘pasa ahora ante mí’.

óra es ‘hora’, ‘momento de’, ‘estación del año’, ‘primavera’, ‘flor de la edad’. Admirablemente, Safo aprovecha la palabra en toda su extensión, porque todos los significados (la hora de la noche, la estación del año, el momento del amor, la flor de la edad para el amor) resultan válidos para lo que dice el poema.

Égo de móna es ‘yo completamente sola o solitaria’.

katéudo es ‘me acuesto’. El poema cierra con esta palabra que responde a la primera: dédyke (‘se han acostado’, ‘se han hundido’, ‘se han metido’) y marca el paralelo. Es un cierre sobrio, a diferencia del simpático “y yo en mi lecho duermo solita” de Ronsard; o del patético y prolongado “en tanto que yo, bajo el edredón, me deshago en llanto, sin esperar piedad” de Rogati.

Es imposible recuperar toda esta riqueza alusiva en una traducción, menos aún en cuatro versos breves y compactos, ya no se diga conservando la métrica y aliteraciones:

La luminosa luna

y las Pléyades

se han metido en el lecho

del mar. Medianoche.

Van pasando las horas

primaverales.

Y yo sola en mi lecho.

 

La luna, la soledad, la inmensidad de la noche, el cielo estrellado, la ventana, el amor posible o imposible y las horas que pasan son un tópico vivo hasta hoy. Parece romántico, pero tiene sus orígenes en la poesía nupcial arcaica en primera persona.

 

 

Siguiendo la pista falsa del origen popular, hice otros intentos, que no se justifican más que de pilón:

 

La luna se mete al mar

y se lleva a las estrellas,

y yo me voy a quedar

mirando al cielo, sin ellas.

 

La luna apagó la luz,

con las Pleias se acostó;

y, a oscuras, pasan de largo

las horas, la noche y yo.

 

Ya la luna se metió

con la estrella más bonita,

pero aquí me quedo yo

para acostarme solita. ~