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Viaje a México / Ensayos, crónicas y retratos, de Adolfo Castañón

Viaje a México reúne una selección de crónicas, estampas, divertimentos, ensayos largos o reseñas fulgurantes de Adolfo Castañón. Esta bien surtida miscelánea de géneros, que han cumplido las funciones literarias y sociales más heterogéneas, se reconcilia, sin embargo, en la homogeneidad de la mirada y brinda tanto una perspectiva de la historia y el medio ambiente cultural y literario mexicano como un retrato intelectual del propio autor. Los textos se dividen en dos secciones: la primera, “Venas encontradas”, compila escritos orientados hacia la vida pública y aborda, de manera sintética, algunos de los principales dilemas históricos y filosóficos de la cultura mexicana; la segunda, “México y sus escritores”, se enfoca en autores que forman el núcleo del panteón literario nacional del siglo XX, aunque también admite el rescate de algunos un tanto olvidados, como Antonio Mediz Bolio, o irredentamente marginales como Jaime Reyes.

En “Venas encontradas” es posible hallar una chispeante autobiografía viajera, una sociología del viaje, un perfil de ciertos viajeros y una aguda descripción del ánimo mimético del mexicano y de su capacidad para ofrecer a la clientela extranjera las dosis que requieran de bravura, misterio o barbarie, a fin de ver satisfecho su estereotipo romántico. Es factible encontrar, también, crónicas de sociales literarias (el cincuenta aniversario del Fondo de Cultura Económica o la ceremonia de entrega del Premio Nobel a Octavio Paz) que, con una mezcla de fascinación, tacto y picardía, ofrecen un lado deliciosamente humano del acto social o la efeméride institucional. Igualmente hay estampas de equilibrado lirismo sobre la bandera o retratos de próceres no reconocidos, como la conmovedora viñeta de Bernardo Reyes o la emotiva instantánea del padre del autor. En toda esta sección se percibe un genuino sentimiento cívico que se expresa en afectos concretos y en intereses acendrados por todas esas virtudes, lugares o emblemas que, sin demagogia, pudieran caracterizar lo mexicano.

En lo que atañe a la segunda sección, “México y sus escritores”, es sabido que Castañón ha construido, con el modesto motivo del “arbitrario”, un catálogo entusiasta, cuidadoso y variado de la literatura mexicana moderna. En su lectura de la tradición mexicana no reparte espacios ni asigna calificaciones, y sus acercamientos a las grandes figuras parten de la fascinación y humildad del lector que, más que patrocinar un canon, quiere reparar en la minucia, la excentricidad o el rasgo humano y, desde ahí, reconstruir una figura más próxima, fiel y verosímil. En esta compilación, Castañón convoca a sus autores tutelares, y mediante sus ensayos sobre Reyes, Cuesta, Paz, Rulfo, Elizondo, García Ponce, De la Colina, Zaid y Pacheco, entre otros, se asiste a un paisaje literario donde la clara perspectiva y ponderación de valores, escuelas y tendencias literarias conviven con el comentario intimista y el retrato personal. De modo que si la visión de conjunto de Castañón no aspira al sistema, por la calidad de su gusto, por su agudeza lectora y su honestidad, es sumamente representativa de la evolución de la literatura mexicana en el siglo XX.

Pero si las aportaciones críticas y observaciones sociales son valiosas en sí mismas, quizá sea todavía más valiosa la índole de escritor que revela el libro. Un escritor diestro para el salto de liana entre los géneros; un escritor que combina solidez de ideas y ligereza de estilo; un escritor consciente de la responsabilidad intelectual y el peso de la palabra, pero sin protagonismos, ni teatralidad. La escritura de Castañón apunta a reconciliar esa oposición, tan alimentada por los radicalismos académicos, entre el caballero aficionado y el estudioso profesional, entre el crítico periodístico y el crítico universitario. El método, el gusto y el estilo de Castañón son una afortunada, compleja y gustosa combinación de trabajo metódico e intuición, de erudición y divulgación, de clasicismo y vanguardismo. En todos estos textos se revela un lector que aborda las letras de manera seria y profunda, con argumentos propios, coherencia argumentativa, dato duros y descubrimientos originales, pero también al que sabe observar entre bambalinas, descifrar los murmullos del mundillo y transmitirlos en una plática tan maliciosa como piadosa, tan educativa como festiva. ~