artículo no publicado

Octavio Paz en su siglo: Catálogo de reseñas

Christopher Domínguez Michael

Octavio paz en su siglo

México, Aguilar, 2014, 656 pp.

"La crítica literaria –dice George Steiner en Tolstói o Dostoievski– debería surgir de una deuda de amor.” Una deuda de amor es la que paga Christopher Domínguez Michael en Octavio Paz en su siglo. Así cierra su extenso libro: “A Octavio, como dijo uno de nosotros, a Octavio, lo amábamos.” Un libro escrito bajo la clave del amor parece proclive a la hagiografía. ¿Lo es? Cierto que asume la defensa de su biografiado y rebate con ardor a algunos de sus críticos más enconados. Cierto que escribe “en el ejercicio de esa devoción”. Cierto que dice: “me sentí tocado por la gracia de su cariño”. Y que confiesa que “sueño frecuentemente con Octavio”. Todo esto es cierto pero no basta para considerarlo una hagiografía. Ni biografía definitiva, ni oficial, ni biografía autorizada. Octavio Paz en su siglo es una apología: “defiendo la virtud de un poeta y de su poética”.

Más que una biografía en forma, Octavio Paz en su siglo es el “testimonio de un crítico contemporáneo”. Un concentrado lineal de reseñas de los libros de Paz y de sus críticos más destacados. Un retrato “de lo que yo pienso de Paz, de su tiempo, de sus libros”. Retrato individual y colectivo, este libro forma parte de la biografía coral que se viene escribiendo en los últimos años desde el núcleo de Vuelta. A lo hecho por Aurelio Asiain (Japón en Octavio Paz), Enrique Krauze (Octavio Paz. El poeta y la Revolución), Guillermo Sheridan (Poeta con paisaje y El filo del ideal: Octavio Paz en la Guerra Civil), Fabienne Bradu (Octavio Paz y la poesía francesa) y Adolfo Castañón (en decenas de artículos no reunidos aún en libro), se suma ahora Octavio Paz en su siglo. “Huérfanos a su manera”, cada uno está escribiendo esta biografía colectiva, incompleta hasta el momento ante la imposibilidad de acceder a los archivos de Octavio Paz, en custodia de su viuda, ya que tal vez “corresponda a otra generación escribir la obra decisiva sobre su vida y la obra”. Visto así, este libro puede leerse y apreciarse mejor como lo que sí es: un apasionado, polémico y bien nutrido repaso crítico de la obra de Paz.

Como Sainte-Beuve, Paz pensaba que la biografía de un poeta está en su poesía. Son más extensos, informados, sujetos a la indagación crítica, sin embargo, los textos dedicados al ensayo, a la prosa de ideas, que la lectura atenta de la obra poética. En una línea insólita, Christopher Domínguez Michael llega a afirmar: “Insisto: sin Trotski, sin Stalin, sin Zapata, la poesía de Paz, a mí, me sería irreconocible.” Dice Trotski, Stalin y Zapata para decir Historia. Una de las vertientes centrales, sobre todo en los poemas largos de Paz, es la poesía de trasfondo histórico; no toda su poesía, ni su parte lírica, la cual apenas se aborda. Pareciera que a Domínguez Michael le interesa la poesía de Paz solo como vehículo de ideas, sus poemas como encarnaciones de la Historia. Le interesa el poeta mientras cargue en sus bolsas las piedras de la política.

Octavio Paz en su siglo acierta y decepciona. Acierta en múltiples ocasiones con interpretaciones audaces sobre su obra, y decepciona por varios motivos: el ímpetu inicial se agota alrededor de la página ciento cincuenta, luego de lo cual comienza una larga sucesión de reseñas sobre los libros de Paz; decepciona también encontrar que las líneas biográficas esenciales vienen de las interpretaciones de Sheridan y Krauze ya que, aunque es verdad que “todo lo sabemos entre todos”, uno habría esperado una investigación primaria más curiosa e incisiva. Decepciona la enorme cantidad de erratas y errores evidentes. Decepciona un poco que Domínguez Michael proyecte su admiración y filiación por Jorge Cuesta, que es la de su generación, en el corazón mismo de la obra de Paz –al afirmar que su visión política liberal, su paradójica teoría de la tradición de la ruptura, la idea de que la poesía debe ser crítica para ser moderna y su acercamiento a la pintura moderna son una herencia directa del autor del “Canto a un dios mineral”– y soslaye, por ejemplo, en este último punto, la influencia de Xavier Villaurrutia en su forma de acercarse a la pintura.

Octavio Paz en su siglo es sobre todo una biografía intelectual escrita desde el círculo que rodeó a Paz en sus últimos años al frente de la revista Vuelta. Es un libro escrito desde la corte (“si por corte se entiende la ilusión de vivir la historia del mundo como propia, sí éramos una corte [...] formada en torno a la gravedad de un jefe espiritual”). Es también una defensa de Paz ante sus críticos. Una defensa que contiene altos vuelos (como las páginas dedicadas a examinar La divina pareja de Jorge Aguilar Mora) y sulfurosas descalificaciones (como cuando defiende a Paz de aquella crítica “sobajada por personas de gramática pantanosa, pocas lecturas y mala leche” que señalaban su “tardío” surrealismo). ¿Era necesaria esta defensa del poeta y pensador que en nuestro medio ha abogado más por la centralidad de la crítica? En una biografía estricta no, sí en una apología.

Si para Krauze el corazón de la interpretación de la biografía de Paz se encuentra en la relación incandescente entre el poeta y la Revolución, Domínguez Michael, mediante una interpretación de la moral de la convicción y de la moral de la responsabilidad weberiana, explica –y por momentos parece que justifica– la conversión de Paz del socialista heterodoxo que fue casi toda su vida al liberal de los últimos años (“está en la lógica de una vida a plenitud cierta retirada conservadora”). De hecho, Domínguez Michael se vale del esquema weberiano de la “moral de la responsabilidad” para justificar (explicar) ese tránsito (“la moral de la responsabilidad –la necesidad, que no la urgencia, de una democracia para México– lo condujo hacia el liberalismo”), así como el alejamiento de Carlos Fuentes (la moral de la responsabilidad implicaba “el reordenamiento de sus afectos en función de la jefatura espiritual”) y la aceptación del dudoso triunfo de Salinas de Gortari en la elección de 1988. Aunque en este caso parece que la moral de la responsabilidad encubría el horror que a Paz le provocaba “el México bárbaro y salvaje”. Y es que Paz “prefería la injusticia al desorden”.

Antes que desgastarse en la búsqueda de las fuentes primarias, Domínguez Michael leyó los libros de Paz, los de sus críticos, sus informes diplomáticos, las cartas a las que tuvo acceso, las notas de su propio diario y las revistas que Paz animó. A los dieciséis años, en la preparatoria, Domínguez Michael leyó por primera vez El laberinto de la soledad, del cual hizo su primera y escolar reseña crítica. Diez años después, luego de haber atravesado las corrientes turbulentas de la izquierda mexicana, el crítico volvió a encontrarse con el poeta, en las oficinas de Vuelta, en 1988, año electoral. Y no cualquier año electoral, si no uno marcado especialmente por la sospecha del fraude. Ese año Domínguez Michael ingresó a Vuelta, y así como Paz decidió darle el beneficio de la duda a Salinas (“moral de la responsabilidad”), Christopher mismo tuvo que sacrificar su convicción (“moral de la convicción”) del triunfo cardenista en aras de integrarse a ese grupo intelectual (¿moral de la responsabilidad?).

Octavio Paz en su siglo es un libro admirable. Por la inteligencia que lo anima. Por el apasionamiento con el que expone ideas y reyertas intelectuales. Por la defensa sin cuartel de un personaje admirado. Porque pone el énfasis en la poderosa equivalencia entre crítica y modernidad. Por haberse aventurado a explicar a Paz como hombre público (cercano al príncipe y a Televisa) a través de la figura de la “jefatura espiritual”, que a veces funciona y a veces no, como en la justificación de los últimos días de Paz, cobijado por el presidente y rodeado de soldados. Un libro admirable pese a que privilegie la política por encima de la poesía. Un libro que pone de nuevo a circular casi la totalidad de las ideas de Paz sobre la literatura, el arte y la historia. Un libro de un empuje extraordinario al comienzo que luego se vuelve denso en la reseña puntual de la obra entera. Un libro de estilo enjundioso y por momentos descuidado. No la biografía definitiva de Paz, pero sí un gran acercamiento a la mayor figura intelectual del siglo XX mexicano. ~