artículo no publicado

Obra con vida propia

Linda Manzanilla y Leonardo López Luján (coordinadores)

Historia antigua de México

México, unam/inah/Conaculta/Miguel Ángel Porrúa, 2014, 4 vols.

A veinte años de haber salido a la luz por primera vez, se edita por tercera ocasión la Historia antigua de México, a cargo de los distinguidos arqueólogos Linda Manzanilla y Leonardo López Luján. Han pasado apenas veinte años y el día de hoy se puede hablar de una obra de consulta obligada, un libro de referencia que en dos décadas ha probado su calidad y que se ajusta a la definición de lo que entendemos por “un clásico”: una obra que establecerá modelos que serán la base de desarrollos posteriores.

Según se narra en la presentación de la obra, el propósito fue llenar un vacío: ofrecer, en un primer momento a los estudiantes de educación media superior y de licenciatura, pero después y de forma más amplia a cualquier lector, una visión completa, integral e integradora, del pasado prehispánico de México. Se dice fácil, pero estamos hablando de por lo menos tres mil años de historia “mesoamericana” (por llamar de alguna manera al desarrollo cultural de esta serie de pueblos organizados en ciudades y con todas las características que definió Paul Kirchhoff) además de por lo menos otros entre ocho mil y diez mil años más de evidencias de asentamientos precerámicos asociados a restos humanos en el territorio que muchos años después sería México. El reto no acaba ahí, porque, en todo caso, hay que contemplar a países vecinos, ya que es imposible hablar de los mayas –por ejemplo– sin referirse a asentamientos de primer orden en Guatemala, Belice u Honduras, o estudiar los procesos de migración y poblamiento del norte sin hacer referencia al sur de los Estados Unidos (las regiones definidas como Oasisamérica o Aridoamérica).

La obra completa conjuga trabajos de cincuenta especialistas mexicanos y extranjeros, que ofrecen una síntesis actualizada de aspectos como los desarrollos urbanos en las distintas áreas culturales y las relaciones entre estas. En los tres primeros volúmenes se advierte una estructura cronológica general, y, al interior de cada uno de los libros, una división regional. En el cuarto, en cambio, se abordan conceptos y temas que trascienden tiempos y espacios tales como la religión, el comercio, el arte, la literatura, escritura y calendarios, etc. Elementos que precisamente dan a la “tradición mesoamericana” una visión de conjunto: la unidad dentro de la diversidad.

Esto hace que, además de tener distintos puntos de vista sobre una misma región o un mismo problema (el poblamiento del continente, por ejemplo), el lector pueda acercarse al debate de conceptos y paradigmas: el mismo término de Mesoamérica es discutido a profundidad en una contribución de Eduardo Matos. Beatriz Braniff y Ernesto Vargas abordan, respectivamente, la disyuntiva de las “fronteras” norte y sur. También se examinan procesos de larga duración, como el tránsito de las sociedades nómadas a las sedentarias, y otros periodos que apenas duraron (comparativamente hablando) algunos años, como el colapso de los grandes centros urbanos al final del periodo clásico en algunas zonas; o más aún, la etapa de la Triple Alianza en el Altiplano Central de México. Desde los orígenes hasta el impacto de la conquista europea en el siglo XVI, los investigadores aquí reunidos nos llevan a revisitar territorios y épocas ampliamente estudiados, pero también zonas y momentos históricos apenas contemplados en la literatura especializada.

El resultado es una obra inter y multidisciplinaria, pero también inter y multiinstitucional, que contiene trabajos sintéticos, actualizados y accesibles, que pueden ser leídos de forma independiente o como parte del conjunto general. Porque se trata de una obra exhaustiva pero general. Por ello, esta Historia antigua de México representa toda una forma de hacer historia: la de nuestra época.

Seria y científica, esta Historia está construida a partir de modelos generales que facilitan la comprensión de procesos y transformaciones. Y que, si bien remite a las generalidades, atiende también a las particularidades, a partir de la conjunción de especialistas que se encargan de distintos periodos, lugares o temas, y que, además de los aportes de sus propios trabajos, ofrecen una amplia bibliografía, que invita a profundizar en tópicos diversos. Es así como se construye el conocimiento en los albores del siglo XXI. Imposible es ahora pensar en un sabio que, con información enciclopédica, se encargara de la obra completa o siquiera de uno de sus volúmenes. Lo que hiciera don Alfredo Chavero a finales del siglo XIX con la historia del México prehispánico en el también clásico trabajo de síntesis México a través de los siglos hoy en día es impensable.

Sin dejar de reconocer las virtudes de la especialización, es necesario advertir que el exceso de la misma representa algunos riesgos: en ocasiones esa especialización ha traído como consecuencia la percepción fragmentada y seccionada de la realidad. Claro que es importante y sin lugar a dudas deben representar un gran aporte al conocimiento, por ejemplo, las evidencias cerámicas de la excavación de la estructura 23 de la plaza H de un sitio arqueológico de la Mixteca Baja, pero es igualmente fundamental poder entender este sitio en el contexto de una región, de una época y como parte de un área cultural mayor que, si bien tiene sus particularidades, comparte rasgos y características con otras culturas.

La virtud de estos cuatro volúmenes de Historia antigua de México es que precisamente proporcionan las dos visiones: la general y la especializada. Se atiende a la diversidad y la pluralidad propia de un mosaico cultural, al mismo tiempo que proporciona una visión de conjunto.

De la misma manera que la magna obra de Alfredo Chavero se estudia en la actualidad como un ejemplo de la historiografía positivista mexicana, esta Historia antigua de México con seguridad será objeto de análisis cuando se quiera conocer la manera en que se hacía historia a principios del siglo XXI. Servirá sin duda para entender cómo se construyó la visión de la historia prehispánica en los inicios de este siglo. A veinte años de su primera edición podemos constatar que esta obra ya tiene una vida propia. ~