artículo no publicado

La orquesta del hombre orquesta

Alfonso Reyes

Alfonso Reyes, “un hijo menor de la palabra”

Selección, prólogo y semblanza de Javier Garciadiego

México, FCE, 2015, 910 pp.

En la portada de esta antología preparada por Javier Garciadiego aparece una fotografía de Alfonso Reyes tomada hacia 1937, quizá al final de su estancia en Brasil, cuando el autor tenía unos 48 años. Es la imagen luminosa de un hombre que sonríe desde adentro y, por así decir, con toda la raíz del cuerpo. Esa cara, con los maliciosos ojillos asiáticos que había visto José Ortega y Gasset, parece ser la encarnación misma del “hombre cordial”.

Reyes encarna ese ideal del hombre cordial y por esta antología desfilan, a través de distintos “héroes” y paisajes diversos ideales de la cultura y de la civilización. Esta selección va más allá de la analecta especializada para abrir sus ventanas a la historia de la civilización misma y acaso a la geografía humana en la historia. De hecho, estas novecientas páginas podrían ser consideradas no solo como una muestra de la excelencia prosística e intelectual de Alfonso Reyes, sino como una guía de la civilización europea y americana.

Al volver a México definitivamente Alfonso Reyes se entregó a la construcción simultánea de tres casas: la Capilla Alfonsina, la edición de sus obras completas de las cuales están entresacadas estas páginas y la fundación y presidencia de la Casa de España –que más tarde sería El Colegio de México–, que ha presidido en los últimos años Javier Garciadiego. Esa triple construcción, se puede tocar en este libro. Dicha circunstancia realza el hecho mismo de esta armadura textual limpiamente practicada por Javier Garciadiego –historiador y biógrafo de Reyes– para resaltar más y mejor la fibra inteligente y sensitiva de que están hechos los ensayos magistrales y los poemas, fábulas y textos que Reyes fraguó y pulió a lo largo de su no tan larga vida si la medimos contra las páginas leídas y escritas. De estas páginas magistrales de Reyes sobresalen las dedicadas a sus amigos y sus maestros: Justo Sierra, Pedro Henríquez Ureña, Jorge Luis Borges, entre otros.

En su ensayo sobre la “idea de la historia” Reyes recuerda una oposición que acaso se pueda aplicar a esta antología: el vaivén o diálogo entre el héroe y el coro. Así, muchos héroes desfilan por estas páginas recortadas contra sus respectivos coros o paisajes. Los “héroes” sobre los que escribió Alfonso Reyes y que recoge esta antología son muchos –Homero, Aquiles, Virgilio, Montaigne, Shakespeare, Antonio de Nebrija, Góngora, Lope– y los paisajes o coros van desde “Visión de Anáhuac” hasta “Notas sobre la inteligencia americana”, “México en una nuez” o “El Brasil en una castaña”.

Pero ¿qué dice Alfonso Reyes, “el más fino estilista de la lengua española” al decir de Jorge Luis Borges, en este ramo de obras maestras? Dice lo mejor, su mensaje es un anuncio de excelencias, un pregón práctico de la aristocracia espiritual y de nobleza del espíritu que sabe hacer señales de inteligencia, de concordia, de reciprocidad, ética, decoro, buen humor y buen amor. “Quiero el latín para las izquierdas”, dice Reyes en el “Discurso por Virgilio”. Las humanidades clásicas no están para Alfonso Reyes divorciadas de una orientación progresista en términos intelectuales. Pero ese progresismo va de la mano con un sentido armónico de la concordia y del arraigo. A la inteligencia americana la guía y orienta un sentido de la concordia y la acicatea el vértigo no tanto del arraigo sino del descastamiento, como evidencia el poema “El descastado” no incluido en esta selección.

Parece un cuento de Las mil y una noches o un acertijo de la geometría esto de que Alfonso Reyes sea uno de los escritores más antologados de la literatura mexicana: una y otra vez se le compendia, se compilan analectas, selecciones, florilegios. Y el risueño duende fugitivo vuelve a aparecer en otras antologías: apenas hace poco tiempo, saludábamos tres antologías nuevas de su periodismo (la preparada por Federico Reyes Heroles, de 2012, para la Cátedra Alfonso Reyes del Tec; la de Humberto Musacchio, de 2006, cocinada para el Conaculta, y el libro de Marcos Daniel Aguilar Un informante en el olvido: Alfonso Reyes, de 2013, que disimula en sus anexos una antología del periodismo olvidado de Reyes). Y ahora aparece el historiador Javier Garciadiego con un hemiciclo editorial donde se distribuye en once partes toda la orquesta del hombre orquesta, la proteica y polimorfa materia alfonsina.

Reyes escribió muchas pequeñas obras maestras como “Visión de Anáhuac”, “Ifigenia cruel” o “Notas sobre la inteligencia americana”, todas reunidas en este museo portátil. Están aquí prácticamente todos los temas y autores que tocó o apuntó Reyes: del Arcipreste a Goethe, de Justo Sierra a Mallarmé, de Stevenson a Chesterton, de Grecia a España, de América a México. Pero sobre todo está Alfonso Reyes. O casi todo Alfonso Reyes. Ese casi ausente es el Reyes licencioso y el travieso, el goloso, el humorístico y sensitivo de Árbol de pólvora, Memorias de cocina y bodega, de la nada edificante opereta Landrú, del ensayo sobre el estornudo que tanto celebraba Borges. Y es que al mercurial y fugitivo Reyes, el caballero de la voz errante, no resulta tan sencillo apresarlo en las redes antológicas por anchas e inteligentes que sean.

No creo romper ningún voto ni ningún juramento hipocrático –pues la crítica participa algo de la medicina y el diagnóstico– si me atrevo a decir que conocí la traza del proyecto, es decir al homúnculo que hoy saludamos cuando estaba en gestación. Javier Garciadiego se encontraba terminando la preparación de la edición del tramo que le toca del Diario de Alfonso Reyes. Estaba empapado, embebido de Reyes y el encargo de esta tarea no lo sorprendió, le pareció necesario y casi fatal, y lo animó aún más. Recuerdo el entusiasmo con que me habló del proyecto y la claridad de su conocimiento de la arquitectura de la obra de Alfonso Reyes. La luz de ese entusiasmo ilumina estas páginas. ~