artículo no publicado

Itinerarios intelectuales

Octavio Paz y José Luis Martínez

Al calor de la amistad. Correspondencia 1950-1984

Edición de Rodrigo Martínez Baracs

México, FCE, 2014, 220 pp.

La publicación de un epistolario es siempre un acontecimiento. La carta tiene, en el universo de las letras, un estatuto epistemológico y estético singular, a caballo entre el documento y el monumento. Cioran pensaba incluso que la carta es un género superior al poema, el ensayo y el cuento, pues podría incluirlos y además formar parte de esa otra expresión a la vez documental y monumental que es el diario. La publicación de un epistolario mueve el pensamiento, tanto como las emociones públicas, domésticas y privadas.

Al calor de la amistad, el libro de cartas intercambiadas entre Octavio Paz y José Luis Martínez, tendrá que añadirse algún día a los epistolarios de cada uno de los corresponsales. Hasta ahora este es el primer epistolario que se publica de José Luis Martínez. Por lo que hace a Paz ya se han publicado algunos, como los cruzados con Alfonso Reyes, con Arnaldo Orfila, con Tomás Segovia, con Jean-Clarence Lambert y Pere Gimferrer, para solo hablar de aquellos que se han publicado en forma de libro, aunque también se han dado a conocer en distintos medios cartas de Octavio Paz con interlocutores como Carlos Fuentes, María Zambrano, Julio Cortázar, Charles Tomlinson, Waldo Frank, José Bianco, Juan García Ponce, Salvador Elizondo, Efraín Huerta, Alí Chumacero, Jorge González Durán, José Emilio Pacheco y José Lezama Lima, entre muchos otros.

El presente volumen consta de 76 mensajes y tres apéndices, escritos entre 1950 y 1984. El título, como advierte Rodrigo Martínez Baracs, su filial editor, se deriva de una frase dicha por el poeta al crítico: “proviene de una historia que me contó mi padre. En uno de sus últimos días, cuando Octavio se encontraba ya muy enfermo, mi padre le puso la mano en el hombro. Entonces Octavio le puso la mano sobre la suya y le dijo: ‘Tu mano tiene el calor de la amistad sincera’”. Al calor de la amistad: en efecto, la amistad puede ser cálida y abrigadora como una buena capa que nos protege de la intemperie, pero, por lo que se ve en este valioso epistolario, es también necesariamente práctica, diligente, cuidadosa, eficaz, sincera, militante y trabajadora: es capaz de hacerse cargo del menaje de la mudanza del amigo diplomático al tiempo que no le escatima las verdades y las críticas, aunque tampoco se ahorra molestias para reservar un hotel, cumplir uno y otro encargo del amigo para otro amigo, como fue el caso de ciertos objetos exóticos que compró Henri Michaux, de Paz, en la India y de los cuales se responsabilizó el impecable y santo José Luis Martínez, quien se hizo amigo del poeta. Nada más sorprendente que imaginar juntos al mexicano prudente y al francés delirante. La amistad produce así archipiélagos de amigos movidos por la simpatía recíproca creando una constelación, una familia de individuos elegidos y electivos, movidos por una causa eficiente (¿la de la justicia, la verdad, la belleza, las letras, la contemplación?) que los atraviesa y los pone en contacto a su vez, aunque ellos no lo sepan, con otras constelaciones, con otros archipiélagos, con otras familias espirituales.

La correspondencia cruzada entre Paz y Martínez remite al contraste y comparación entre dos itinerarios intelectuales y literarios a la par muy distintos y en cierto modo complementarios: el de un poeta y ensayista como Octavio Paz –guerrero nómada– y el de su lector eficiente y amigo (al decir de Gabriel Zaid), curador y urbanista de la ciudad literaria, el crítico y editor José Luis Martínez, ambos discípulos y lectores de Alfonso Reyes y del grupo de escritores congregados en torno a la revista Contemporáneos, ambos desvelados desde muy temprano por el sentido pasado y presente de la literatura escrita en español desde México.

La relación se puede remontar a muchos años antes, quizá al menos al de 1938, fecha a que se remonta la escritura del poema “Delicia” que Octavio Paz dedicará a José Luis Martínez en 1979. El poeta sabía que entre los poemas escritos en su juventud, este gozaba de la preferencia crítica de su exigente amigo. La edición del epistolario que aquí se comenta incluye la carta que Paz le envía a Martínez en la que le anuncia la dedicatoria de la citada “Delicia”.

El epistolario recoge, además, textos olvidados de José Luis Martínez publicados en la columna que este tenía en la revista Voz en 1950; también se incluye el discurso que pronunció en 1980 cuando se le da a Paz el premio Ollin Yoliztli. Podría decirse que el epistolario presenta una biografía en miniatura de ambos personajes y que ilumina rincones, episodios y momentos de la vida y de las ideas de cada uno. Tiene además otro valor: es una prenda de amistad y amor filial por parte de Rodrigo Martínez Baracs, quien recibió de su padre el encargo de llevar adelante esta tarea que él ya no pudo concluir.

Al calor de la amistad representa una coincidencia singular: aquí se da la conjunción de dos entrañables figuras eminentes de la literatura y la poesía mexicanas que supieron reconocerse recíprocamente desde su juventud y darse la mano en más de un sentido a lo largo de varias décadas. Cuando dos o más personas se dan de esta forma las manos, se establece un círculo o una cadena. Nosotros, que nos encontramos abrigados por ella, solo podemos recibir su energía y dar las gracias. ~