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Una nueva teoría sobre por qué aún no hemos encontrado extraterrestres

Tras décadas de búsqueda, todavía no hemos descubierto ni una sola señal de inteligencia extraterrestre. Estadísticamente, es muy probable que haya vida allí afuera, entonces ¿por qué aún no la hemos encontrado?

Tras décadas de búsqueda, todavía no hemos descubierto ni una sola señal de inteligencia extraterrestre. Estadísticamente, es muy probable que haya vida allí afuera, entonces ¿por qué aún no la hemos encontrado?

A esta contradicción se la suele conocer como la paradoja de Fermi, en honor al físico Enrico Fermi, ganador del Premio Nobel, quien alguna vez realizó esta pregunta a sus colegas durante un almuerzo. A lo largo de los años, se han propuesto muchas teorías. Podría ser que simplemente estamos solos en el universo o que existe un gran filtro que no permite que la vida inteligente avance más allá de cierto punto. Tal vez los extraterrestres se encuentran allí afuera pero somos demasiado primitivos para comunicarnos con ellos, o en verdad estamos dentro de algún zoológico cósmico en el que nos observan desde afuera para que nos desarrollemos sin interferencia externa. Ahora, tres investigadores piensan que podría haber otra posible respuesta a la pregunta de Fermi: Los extraterrestres existen; solo que están durmiendo.

Según un nuevo informe de investigación que se publicará en la revista de la Sociedad Británica Interplanetaria, los extraterrestres están durmiendo mientras esperan. Anders Sandberg, Stuart Armstrong y Milan Cirkovic, parte del Instituto del Futuro de la Humanidad de Oxford y del Observatorio Astronómico de Belgrado, sostienen que en este momento hace demasiado calor en el universo para que las avanzadas civilizaciones digitales puedan utilizar sus recursos de la forma más eficiente. La solución: dormir y esperar hasta que el universo se enfríe, un proceso conocido como estivación (es como la hibernación, pero consiste en dormir hasta que haga más frío).

Para comprender esta nueva hipótesis primero es necesario acostumbrarse a la idea de que las vidas más sofisticadas del universo podrían elegir dejar de lado la biología y vivir de manera digital. Básicamente, las civilizaciones que elijan cargar sus mentes en computadoras poderosas podrían aumentar sus capacidades intelectuales o habitar con facilidad en los ambientes más hostiles del universo.

La idea de que la vida podría convertirse en una forma de existencia postbiológica está ganando partidarios entre los expertos. “No es algo necesariamente inevitable, pero es muy probable”, me dijo Cirkovic en una entrevista.

Luego explicó que, una vez que se esté viviendo de manera digital, será importante procesar la información eficientemente. Cada cómputo implica cierto esfuerzo, y este esfuerzo está estrechamente vinculado con la temperatura. Cuanto menor sea la temperatura, menor será el esfuerzo, lo que significa que se podrá hacer más con la misma cantidad de recursos. Esta es una de las razones por las que enfriamos las computadoras potentes. Aunque los seres humanos piensen que el universo es un lugar bastante gélido (la radiación cósmica ronda los 3 kelvin sobre cero absoluto, el límite más bajo de la escala de temperatura, que equivale a aproximadamente -273 °C), las mentes digitales pueden considerarlo demasiado caluroso.

¿Pero por qué estivar? Seguramente, aquellos extraterrestres que quieran procesar las operaciones de forma más eficiente podrían enfriar sus sistemas manualmente, como hacemos nosotros con las computadoras. En el informe, los autores reconocen que esta es una posibilidad. También explican que, “aunque es posible para una civilización enfriarse a bajas temperaturas”, eso también requiere trabajo. Y no tendría sentido que una civilización que busca maximizar su capacidad de cómputo malgaste sus energías en el proceso. Como Sandberg y Cirkovic sostienen en una publicación de blog, es más probable que esa vida artificial hoy se encuentre en un modo de reposo protegido, lista para despertarse en un futuro más frío.

Si esos extraterrestres existen, están de suerte. Pareciera que el universo se está enfriando por sí mismo. Si continúa expandiéndose y se retarda la formación de nuevas estrellas, dentro de los próximos miles de millones de años, la radiación cósmica prácticamente se reducirá a cero. Sandberg y Cirkovic explican que, bajo estas condiciones, esta forma de vida artificial “se volverá muchísimo más productiva”. Y “muchísimo” no es una sutileza. Los investigadores calculan que al emplear esa estrategia pueden lograr hasta 1030 veces más de lo que lograrían hoy en día. Eso significa un 1 con 30 ceros detrás.

Pero que los extraterrestres estén durmiendo no significa que no podamos encontrar señales de ellos. Toda civilización en estivación tiene que guardar recursos para usar en el futuro. Entonces, los procesos que desperdicien o amenacen estos recursos deberían brillar por su ausencia, gracias a la interferencia de quienes están estivando (si son lo suficientemente avanzados como para subir sus mentes a una computadora y estivar, también deberían poder manipular el espacio). Esto incluye galaxias que colisionen, vientos galácticos que desparramen materia en el espacio intergaláctico y estrellas que se conviertan en agujeros negros, lo que podría poner los recursos más allá del alcance de la civilización dormida o modificarlos de forma que pierdan su utilidad.

Cirkovic argumenta que otra estrategia para encontrar a los extraterrestres dormidos podría consistir en intentar interferir con sus posesiones y meternos en su territorio, donde tal vez ya residimos. Una forma de hacer esto sería enviando al universo sondas autorreproductoras que robarían sus posesiones o recursos. Cualquier especie competente debería contar con medidas para responder a este tipo de amenazas. “Podría ser una prueba sumamente peligrosa”, advirtió, “pero si de verdad existen civilizaciones tan antiguas y tan avanzadas allí afuera, podemos asumir que existe un peligro latente en todo lo que hacemos”.

Es interesante que ni Sandberg ni Cirkovic afirmaron tener demasiada fe en encontrar algo. En su blog, Sandberg sostiene que no cree que la hipótesis sea factible: “Personalmente, creo que la razón más probable por la que no estamos viendo extraterrestres no es que estén estivando”, sino que “no existan o que se encuentren muy lejos”.

Cirkovic estuvo de acuerdo. “Yo tampoco creo que sea posible”, dijo en la entrevista. “Prefiero hipótesis que no se basan en asumir la existencia de decisiones intencionales realizadas por sociedades extraterrestres. Toda suposición es extremadamente especulativa”. Explicó que puede haber formas de energía que ni siquiera podríamos entender cómo utilizar, como producir antimateria en abundancia, intervenir en la evaporación de agujeros negros, utilizar materia oscura. Cualquiera de ellas podría cambiar lo que esperaríamos ver de una civilización avanzada.

No obstante, dijo que la teoría tiene una razón de ser: es importante abarcar todo el terreno que se pueda. Es necesario probar un gran número de hipótesis, una por una —falseándolas, recortándolas—, para acercarse a la verdad. “Así es como funciona la ciencia. Necesitamos tener tantas hipótesis y explicaciones para la paradoja de Fermi como sea posible”, argumentó.

Además, según Cirkovic, existe una pequeña probabilidad de que la idea de los extraterrestres que estivan pueda ser parte de la respuesta. No podemos esperar que una sola hipótesis responda la paradoja de Fermi. Sería como una “solución hecha con retazos”.

No obstante, es importante seguir explorando soluciones. La paradoja de Fermi es mucho más que un ejercicio intelectual. Se trata de comprender qué podría haber allí afuera y cómo eso podría explicar nuestro pasado y guiar nuestro futuro.

“Yo diría que más del 90 por ciento de las hipótesis propuestas históricamente para explicar la paradoja de Fermi tienen consecuencias prácticas”, dijo Cirkovic. Nos permiten pensar de manera proactiva sobre algunos de los problemas que enfrentamos como especie –o podríamos enfrentar algún día– y nos impulsan a desarrollar estrategias para crear activamente un futuro más próspero y seguro para la humanidad. “Podemos aplicar este razonamiento a nuestro pasado, al surgimiento de la vida y de la complejidad. También podemos aplicar un razonamiento similar para pensar en nuestro futuro. Puede ayudarnos a evitar catástrofes y a comprender el destino más probable de las especies inteligentes del universo”.

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Este artículo es publicado gracias a una colaboración de Letras Libres con Future Tense, un proyecto de SlateNew America, y Arizona State University

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