artículo no publicado

“Yo no voy a pagar por el *&#+$ muro”

México lleva meses haciendo lo mismo que los demás republicanos: esperar a que el fuego de Trump se apague solo. Este ha sido un cálculo equivocado. 

Durante varios meses, Donald Trump ha repetido, una y otra vez, uno de los mensajes principales de su campaña: construir un muro en la frontera y que México pague por él. Últimamente, su público le hace juego, respondiéndole a coro cuando pregunta, “¿quién va a pagar por el muro?”: “¡México!”. Tras un largo silencio, la semana pasada, finalmente resonó en los medios de comunicación una respuesta por parte de México, en voz de los expresidentes Vicente Fox y Felipe Calderón. Pero, en lugar de aprovechar la oportunidad para responder a la retórica de Trump sobre el control de la frontera, Fox y Calderón optaron por solo negarse en redondo a pagar por ese “pinche” y “estúpido” muro.

El problema de estas respuestas es que al caer en el juego de contestarle en el mismo tono no atienden las implicaciones que tendría la propuesta de Trump para la relación bilateral (y para las personas que seguirán intentando cruzar la frontera mientras no existan otros caminos para hacerlo de manera segura y ordenada). La confrontación que hacen los expresidentes se reduce al tema de quién pagará el muro (“él lo va a pagar, él tiene mucho dinero”, dice Fox), sin descartar la premisa de Trump de que el muro es necesario, y sin plantear alternativas.

El gobierno de Peña Nieto se había mantenido relativamente al margen de la discusión, limitando su respuesta a reprobar el discurso anti-inmigrante de Trump en declaraciones y entrevistas que tuvieron poca resonancia en los medios. Recientemente, en su visita a México, el vicepresidente Joe Biden se disculpó por el tono de la campaña electoral y Peña Nieto respondió, sin referirse directamente a Trump, advirtiendo que los muros aíslan a quienes los construyen. Tras la atención que generaron las respuestas de Fox, Calderón y Peña Nieto, la canciller Ruiz Massieu calificó a Trump de ignorante y racista, y descartó la propuesta del muro en la frontera como absurda, poco práctica, ineficiente y equivocada.

Pero de las declaraciones de la canciller, aunque más directas e incisivas, tampoco surgió una agenda clara por parte de México. Si detrás de la retórica de Trump está la premisa de que hay que controlar el flujo de migrantes en la frontera y de que México tiene una responsabilidad al respecto, ¿por qué el gobierno de Peña Nieto no responde directamente al tema de fondo, aprovechando los reflectores para que los demás candidatos pongan, desde ahora, el tema en su agenda? ¿Cuáles son sus propuestas para la regulación del flujo de personas en la frontera? ¿Cómo articulan el discurso de responsabilidad compartida frente a las nuevas realidades de la migración desde, por y hacia México? ¿Cuáles son sus propuestas frente a las causas de la emigración en México y las posibilidades de colaborar con sus vecinos del norte para crear empleos y mejores oportunidades para que cada vez menos personas tengan que buscar otras opciones fuera del país? Y, como escribí en esta bitácora hace unos meses, ¿por qué no hablar de lo que ya se está haciendo, y lo que se puede hacer, para apoyar a los millones de mexicanos que viven en Estados Unidos para que tengan mejores oportunidades y cambien las percepciones negativas que hay sobre ellos –estereotipos que Trump reproduce una y otra vez al hablar de migrantes mexicanos  que son “ilegales”, criminales y violadores?

El gobierno mexicano dijo esta semana que están preparando una agenda que presentarán a los candidatos presidenciales de ambos partidosuna vez que estén confirmados. Pero ¿por qué esperar? Se entiende hasta cierto punto el cálculo que ha prevalecido hasta ahora de mantenerse al margen y no contestarle directamente a Trump para no legitimarlo, darle más publicidad, ni arriesgarse a ataques más severos, como sostiene Carlos Bravo. Pero el hecho es que el gobierno mexicano está dejando que Trump repita una y otra vez, en cada uno de sus eventos de campaña y en cada uno de los debates que millones de personas ven y escuchan, que el problema de la migración son los mexicanos y que la solución es un muro, sin aportar argumentos en contra que vayan más allá del problema de quién lo pagaría y cómo. México lleva meses haciendo lo mismo que los demás republicanos: esperar a que el fuego de Trump se apague solo; un cálculo equivocado que ha dejado que crezca y se haga cada vez más difícil y costoso extinguirlo. Mientras tanto, su discurso claramente ha tenido resonancia en amplios sectores del electorado de derecha y ha deteriorado el trabajo que el gobierno mexicano, los mexicanos en Estados Unidos y sus aliados han construido por años para desarrollar programas y políticas orientados a combatir la discriminación en su contra y hacer valer sus derechos.