artículo no publicado

Unas notas sobre el periodismo cultural

El periodismo cultural debe fomentar un espacio de circulación y discusión de ideas, y estar atento a la actualidad pero también al pasado.

Uno de los peligros del periodismo cultural es que le pase lo mismo que al Sacro Imperio Romano, del que se decía que no era ni sacro ni imperio ni romano y que acabe no siendo ni periodismo ni cultural.

En el lado contrario, están los que dicen que todo el periodismo es cultural. Está bien, pero es como decir que todo el periodismo es económico o político: hasta cierto punto es verdad, pero tampoco nos ayuda a llegar a ninguna parte.

Hay otra definición posible. En los años noventa mi padre dirigía un suplemento cultural. Un día, un compañero de trabajo de mi madre, que es médica, le preguntó qué parte del periódico hacía. El compañero de mi madre le dijo: Pues mira, la verdad es que el cuadernillo ese de dentro siempre lo tiro sin mirarlo.

Es un periodismo que informa y analiza la producción cultural. Aunque el rigor siempre es necesario, puede haber distintos tipos de acercamientos, como en otros tipos de periodismo: un periodismo cultural más informativo (que debería evitar caer en el publirreportaje), un periodismo cultural que tenga una vocación fiscalizadora de las instituciones culturales, un periodismo cultural que analiza, que discute las ideas y las obras, que detecta y recomienda obras y tendencias que de otro modo podrían pasar inadvertidas. Como el panorama de producción y consumo cultural es más fragmentario que nunca, esa tarea es más interesante y más difícil.

Una paradoja central es que, como dijo José Andrés Rojo en una tertulia organizada por Ignacio Peyró en el Instituto de Humanidades Francesco Petrarca, donde también participaron Peio H. Riaño y Carles Foguet, muchas veces es un periodismo sin noticias. Dice Arcadi Espada que el periodismo está entre la cruz de lo interesante y lo importante. Uno tiene que buscar muchas perchas para fabricar la noticia, para hacer interesante lo que cree que es importante. Una consecuencia es que el periodismo cultural es bastante necrófilo y suele ir en busca de efemérides.

Otra particularidad es que tiene que hablar de la industria, pero también de los productos. Como la industria cultural está amenazada y el periodismo es precario, el periodismo cultural tiene a veces algo de activista: quizá es necesario y probablemente común a otros tipos de periodismo, pero también tiene sus peligros. Por ejemplo, que el activismo y sus satisfacciones narcisistas primen sobre el criterio.

Otro problema del periodismo cultural es que este país es muy pequeño y acabas conociendo a todo el mundo. Decía Orwell que era complicado ser crítico literario y vivir en Londres porque hay demasiadas fiestas y al final te encuentras a los autores a los que reseñas.

Hay cierta tendencia a ensalzar solo a compañeros de tertulia o editorial, mientras se condenan sin matices los grupos de interés y la corrupción de otras partes de la sociedad, y de los que no son tus amigos. Mi ejemplo favorito es una crítica aragonesa que reseñaba las exposiciones que comisariaba porque, decía, "yo soy capaz de mantener la objetividad". Uno tiene que convivir con sus sesgos, pero al menos es bueno conocerlos e intentar controlarlos. En mi experiencia he notado más esa costumbre, así como extrañas corrientes de opinión que consagran a un autor sin que sepa muy bien por qué y errores que suceden por negligencia, torpeza o por miedo, que presiones de grandes grupos, aunque eso puede ser diferente según el medio en que trabajes.

Otra confusión del periodismo cultural es que hay quien cree que son las páginas donde se debe escribir “bien”. Ese escribir bien es la mayoría de las veces escribir muy mal: la prosa “literaria” en el peor sentido de la palabra. La mejor prosa del periódico está en todas las secciones: es la que explica bien las cosas. Si uno coloca el estilo por encima del contenido –incluso cuando sabe manejar ese estilo, lo que no es frecuente–, lo único que hace es mostrar que el contenido no es tan importante. (Existen grandes prosas barrocas en los periódicos, pero es mejor no poner el coche a doscientos cuando todavía no sabes si serás capaz de salir del parking.)

Otra paradoja es que con el tiempo, cuando ya no es actualidad, todo el periodismo y todo lo que sale en el periódico se vuelve cultural. Las crónicas se editan en libros y con un poco de suerte salen en las páginas de cultura. Dice Woody Allen que la comedia es tragedia más tiempo. La cultura es actualidad más tiempo. Cuando las cosas pierden urgencia, si sobreviven, se vuelven cultura.

Sergio Vila-Sanjuán recopilaba ocho reglas en Una crónica del periodismo cultural: Informada pasión por la cultura; curiosidad necesariamente muy aguda; capacidad de percibir lo realmente nuevo; capacidad de interpretar sintéticamente conceptos y conocimientos complejos, en las distintas categorías (o sea: no hablar de lo que no entiendes); voluntad de documentarse in situ; estilo cuidado, comunicativo y antitópico, la calidad no debe aplastar la claridad, concreción, evitar lo superfluo y el relleno; pensamiento crítico, duda metódica sobre las ideas recibidas; combinar lo trascendente y lo anecdótico.

Debe tener un enfoque transversal, relacionado con otras áreas y con otras disciplinas, que participe de la cultura científica. Tiene que prestar atención al pasado, pero también tiene que estar atento al presente, porque es la única manera de que el periodismo sirva de verdad. El periodismo de cultura tiene que ser también un espacio de circulación y discusión de ideas, un lugar que permita examinarlas con detenimiento. Un editor de una revista es alguien que crea ese espacio, que posibilita esa conversación.

La crítica, rigurosa, honesta y creativa, es esencial. Otras veces el trabajo del periodista se parece más al de un informador o un mediador: alguien que acerca la obra de otros, que detecta obras o tendencias que podrían pasar inadvertidas, que intenta aclarar aspectos de un trabajo que admira. Es algo parecido a la traducción: no puedes escribir un libro, pero al menos tienes el consuelo de poder llevárselo a los demás.

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