artículo no publicado

Termine con su molestia a batazos

Anger Rooms es una franquicia que cree haber encontrado la manera ideal de liberar enojos y tensiones: entrar a una recámara con un bate y destruir todo lo que tenemos enfrente.

Anger Rooms es una franquicia estadounidense que se vende como la alternativa al terapeuta o a la charla con un ser querido después de un día difícil. “Consideramos que a veces simplemente es mejor hacer lo que uno siente y arremeter cuando uno lo necesita”, señala la descripción en la página web. “Y qué mejor manera de hacerlo que en un cuarto de ira [anger room], sin ser juzgado y sin enfrentar las consecuencias o la humillación pública”.

Existen diversas habitaciones para liberar la frustración que simulan espacios de la vida cotidiana, desde una oficina, una sala de estar y una cocina. Dentro de las habitaciones hay maniquís, televisiones, mesas y otros objetos. El precio estándar es de 40 dólares por 10 minutos. Hay habitaciones de ira en Chicago, Nueva York, Dallas, Los Ángeles e incluso una franquicia similar en Buenos Aires, donde el cliente paga por el tipo de objetos que rompe – 15 botellas de vidrio por 11 dólares y una computadora vieja por 32.

“Es entretenimiento y también un método para liberar el estrés y la ira”, dice Donna Alexander, la fundadora de Anger Rooms. Alexander considera que su método ayuda a las personas a “soltar sus emociones en un ambiente seguro y controlado”.

Anger Rooms ofrece un sinfín de herramientas: mazos, bates, palos de golf y martillos. “Después de hacer esto, el cliente se siente agotado y ya no tiene esos sentimientos de rabia y violencia”, dice la fundadora a quien también le gustaría eventualmente abrir una franquicia en México y en otras partes de Latinoamérica.

Asegura que la compañía tiene políticas para prevenir que personas inestables hagan uso de las habitaciones y hasta ahora no han tenido ningún incidente. “Los adolescentes que hayan sido diagnosticados con problemas de comportamiento deben de traer consigo una referencia medica”, informa el sitio web bajo una serie de reglas.

“Cuando el usuario entra [a la habitación] se ve emocionado; pero cuando sale está completamente relajado, cansado y feliz. Cada quien maneja sus emociones de manera distinta”, dice Alexander.

Estas habitaciones para la ira se asemejan a la violencia simulada, quizás aquella que encontramos en algunos videojuegos, donde aparentemente se reproduce un comportamiento peligroso, incluso mortal, pero sin victimas o daño a terceros.

También suponen ser un paso más, probablemente más allá que la realidad virtual, hacia la violencia. Se han llevado a acabo estudios e incluso iniciativas políticas para vincular a la violencia simulada con la violencia real. Sin embargo, hasta la fecha no se han producido pruebas contundentes mostrando que la reproducción de la violencia simulada – llámese peliculas, videojuegos, actividades como el tiro de práctica o los Anger Rooms  – conduce a la violencia real o el comportamiento criminal.

Pero sí existe un miedo latente de que este tipo de actividades desaten la violencia en el mundo real, especialmente en Estados Unidos donde se vive una epidemia de balaceras en escuelas y otros lugares públicos.

“La ira puede aliviarse de dos maneras”, dice la Doctora Susan Heitler, una experta estadounidense en el control de la ira. “Enojarse más y más puede resultar en rabia y culminar en un tipo de orgasmo de ira y luego acabar con el agotamiento de la energía. Si uno sigue esta ruta, entonces Anger Rooms funciona bien”.

Sin embargo, Heitler recomienda la segunda manera. “La ira puede resolverse al tomar distancia de la situación que la provoca”, explica. “Uno puede calmarse con una distracción placentera y atractiva como leer una revista o ver un video divertido en YouTube. La meta de esta ruta es llegar a un estado de calma, a través de la reanudación de la energía normal en vez de una sensación de agotamiento”.

Heitler considera que la premisa de Anger Rooms se basa en nociones erróneas de la psicología. “Hace varios años, cuando estaba cursando mis estudios, algunos terapeutas Gestalt [psicoterapia desarrollada en 1940] tenían clientes a quienes les dejaban pegarle a un sofá con un bate hecho de esponja”, recuerda. “Las investigaciones demostraron que llevar a cabo estos sentimientos de ira sólo intensifica el enojo, así que esa práctica se detuvo”.

“Entre más reaccione uno con ira, más se llenan sus pensamientos de ésta. La repetición de este tipo de pensamientos consolida perspectivas”, dice Heitler. “Un hombre que ingresa a una habitación de ira cuando está enojado puede que después considere que es normal explotar cuando está en casa y se siente enojado. Es un precedente para, por lo menos, la violencia verbal y quizás la física”.

El Dr. David Kupfer, un psicólogo estadounidense que se especializa en la ansiedad y el control de la ira, piensa que la práctica hace al maestro. “Si uno practica expresar la ira, se vuelve bueno en eso. Si uno practica aceptar con calma una vida imperfecta, entonces también se vuelve bueno en eso. Los psicólogos solían creer que liberar la ira – golpear almohadas, destruir objetos – ayudaba a sacar y superar el enojo. Pero no es así”.

A pesar del riesgo que representan estas habitaciones, la violencia que se lleva a cabo en su interior representa una forma de expresión que no afecta inmediatamente a terceros. Al mismo tiempo, no se tiene que agotar un eterno debate sobre el derecho de ejercer las libertades y la prevención de la violencia para percatarse de que existen maneras más eficientes de lidiar con la ira. 

Anger Rooms simplemente reproduce mediante otro método lo que los videjuegos y algunas actividades ya han explotado: el deseo humano de practicar la violencia sin enfrentar las consecuencias.