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Grecia: ni acuerdo, ni bancos

El gobierno de Alexis Tsipras, el partido de ultra izquierda que gobierna Grecia desde enero, se ha encastillado en su negativa a reformar la economía griega.

Apenas un día antes de que se venza el pago de los 1,540 millones de euros que Grecia debe al FMI, y de la fecha límite para llegar a un acuerdo con la Unión Europea para desbloquear los fondos que le permitan a Grecia mantener el programa de rescate financiero- 245 000 millones de euros- para pagar su deuda al Fondo, el país amaneció en el limbo. 

Los bancos están en estado de coma: cerrados y, al perder el apoyo del Banco Central Europeo, sin  liquidez para  seguir sosteniendo los exorbitantes retiros que han hecho sus usuarios en unos cuantos meses (35,000 millones de euros) y la creciente fuga de capitales.

El gobierno de Alexis Tsipras , líder de Syriza, el partido de ultra izquierda que gobierna Grecia desde enero, se ha encastillado, sin razón, en su negativa a reformar la economía griega- plagada de corrupción, oligopolios, ineficiencia, evasión de impuestos e improductividad –y a negociar con la UE. No quiere ni oír hablar de recortes al gasto público.

Argumenta, con razón, que las medidas de austeridad que les impuso la UE y el FMI como condición para otorgar  los dos paquetes de rescate, en 2010 y 1012, para evitar la bancarrota de Grecia y su salida de la Eurozona, deprimieron la economía y el nivel de vida de los griegos.

Pero olvida que el caos económico que vive Grecia y la altísima deuda pública que padece es resultado de la fiesta del euro que emprendieron los griegos desde que entraron a la unión monetaria europea. Del despilfarro de créditos a bajísima tasa de interés disponibles en la Eurozona antes de la crisis financiera del 2008, y de los reportes amañados que Atenas entregó a Bruselas enmascarando sus déficits presupuestales.

El manejo de la economía griega recuerda aquella máxima de Keynes cuando afirmó que las economías nacionales son inherentemente inestables, y que los gobernantes deben imponer una administración racional sobre los elementos económicos irracionales.

Alexis Tsipras ha optado por la irracionalidad. Sin experiencia, y muy probablemente sin conocimientos, pretende extraer todas las concesiones posibles de la Unión Europea, sin ceder nada. Su gobierno no ha presentado propuestas para que la ayuda financiera europea le ayude, no sólo a recortar el gasto público, sino a estimular la economía.

Ni siquiera ha utilizado los justificados temores de su contraparte y principal acreedor, la canciller alemana Angela Merkel, para cimentar su posición y lograr un acuerdo lo más favorable posible para sus gobernados.

Merkel perdería mucho si Grecia abandona el euro y la Unión Europea. La legitimidad de una Alemania unida cada vez más poderosa en el corazón del continente es el amarre de la Unión Europea.  Es la garantía de que Alemania nunca volverá a ser un país agresor y que comparte el liderazgo político de Europa con Francia, y el manejo del continente con el resto de la miembros de la UE.

El abandono griego del euro, cuya adopción es teóricamente irreversible, sería un signo de la potencial debilidad de la Europa integrada y un pésimo precedente para otros países endeudados. Acrecentaría, además, la inestabilidad de los Balcanes, una región tradicionalmente explosiva,  y le abriría las puertas al ubicuo señor Putin para extender su influencia más allá de Serbia.

Tsipras ha desperdiciado las ventajas que le da la geopolítica y la voluntad de llegar a un acuerdo de Merkel, la política más poderosa de Europa. Inexplicablemente, ha optado por chantajear a sus acreedores y socios: convocó un referéndum sobre las propuestas de la UE para el 5 de julio. El referéndum es el instrumento favorito de los políticos populistas: delegan su propia responsabilidad en la ciudadanía y pasan por encima del debate legislativo.

Es, asimismo, un suicidio político para Tsipras: si gana el no a Europa,  deberá asumir la responsabilidad por haber embarcado a los griegos en una travesía sin puerto seguro. Si gana el si, Syriza y su líder tendrán que absorber el costo político del acuerdo con la UE.

Habrá que seguir muy de cerca las ocurrencias de Tsipras y la respuesta de la Europa unida. Los vaivenes del euro no afectan mucho a México, la inestabilidad financiera que generaría el divorcio entre Europa y Grecia, sí.