artículo no publicado

Pequeño alegato anticelibato

Heinrich Heine descreía del culto al celibato por dar pie al apogeo de hipocresía e institucionalizar la desobediencia del evangelio

La abdicación del Papa Benedicto XVI coincide, por casualidad, con mi lectura de La escuela romántica, de Heinrich Heine (1797-1856). Un libro maravilloso y divertido que junto a Sobre la historia de la religión y la filosofía en Alemania (que tanto pesó en el pensamiento de Marx y Engels), fue su respuesta al libro de Madame de Staël Sobre Alemania (1813).

Son estos libros una discusión brillante sobre los grandes románticos alemanes, sobre las polémicas entre los luteranos progresistas alineados con las ideas de la Ilustración y los católicos medievalistas y místicos, etcétera. Preciosos (y a veces muy divertidos) retratos de Goethe, Schiller, Herder, los hermanos Schlegel y, sobre todo, Lutero.  

En fin, a lo que voy es a que el protestante Heine (se había convertido del judaísmo) no tiene, digamos, una excesiva simpatía por la iglesia católica. Entre muchas otras cosas, le incomoda su obstinación por relegar al cuerpo al subsuelo del ser, un subsuelo donde, en su opinión, el cuerpo comienza inevitablemente a pervertirse. Le incomoda también

 

…que sus  dogmas tempranos condenen a la carne, y que no sólo admitan la supremacía del espíritu sobre la carne, sino que mortifiquen a ésta para glorificar a aquel. Que es la iglesia a través de cuya nada natural misión llegaron el vicio y la hipocresía al mundo, pues fue por medio de su odio a la carne que aún las más inocentes gratificaciones de los sentidos se trataron como pecados. Y, en tanto que es imposible ser totalmente espiritual, el apogeo de la hipocresía fue inevitable.

 

¿En qué medida esta hipocresía repta detrás del abuso sexual de algunos religiosos que han agraviado, además de a sus víctimas, a su iglesia y a su fe?

El culto del celibato le parece a Heine la institucionalización de una desobediencia del evangelio. Escribe: “Al reconocer y legitimar el esencial llamado de los sentidos, la religión [evangélica] se ha hecho, de nuevo, una realidad. El cura se hace hombre, toma una esposa y engendra hijos, como Dios manda.”