artículo no publicado

Opinionantes y después

“La impunidad que concede el anonimato es una de las causas de que la conversación digital adquiera en ocasiones un nivel lamentable, lo cual tiene otro efecto indeseable: ahuyenta a quienes están interesados en mantener un debate respetuoso y constructivo.”

Con un abrazo a Luis González de Alba

Ya se ha discutido mucho en los blogs de Letras Libres sobre los usos del anonimato entre los participantes en las discusiones y su conjetural trato con la “libertad de expresión”. Se trata de una disputa que, desde luego, no habrá de terminar jamás. El malestar de los zarandeados autores de artículos que firmamos con nuestro nombre es proporcional al encono con el que los anónimos “opinionantes” teorizan sobre la conveniencia de carecer de nombre y defienden lo que, para ellos, es una “libertad”.

Recientemente, Fernando Escalante Gonzalbo, cuyas opiniones e ideas suelen parecerme ponderadas e inteligentes, envió a Pablo Hiriart (director de La Razón, diario en el que colabora) una carta en la que le pide que dejen de publicarse los comentarios de los lectores. Esta carta –que no parece estar en línea--  fue reproducida por Héctor Aguilar Camín en su columna de Milenio, que se lee aquí.

En el espacio para comentarios, escribe Fernando,

se manifiestan los peores rasgos de la comunicación por internet: el anonimato, la facilidad, la precipitación, la irresponsabilidad, rasgos que en conjunto favorecen además una radicalización tanto más irreflexiva y furiosa cuanto más apresurada, una radicalización que en algunos aspectos recuerda los movimientos de la chusma en un linchamiento.

Y concluye:

La facilidad de la comunicación por internet hace que el diálogo en la red a partir de la prensa sea uno de los nudos del espacio público en el nuevo siglo. Tendrá las características que queramos darle. Hoy en día se asemeja a la pared de un mingitorio público, donde uno garabatea una frase insultante, otro deja un dibujo obsceno, otro más pone sus iniciales, cualquier zafiedad, o simplemente un rayón. No es el lugar más a propósito para una conversación civilizada.

Pablo Hiriart, decidió entonces, como lo escribe aquí dejar de publicar los comentarios “porque eran un compendio de insultos que no caben en una prensa libre” y porque su empresa carece de recursos para contratar personal dedicado a moderarlos.

Qué decisión difícil. Y qué pena que, al tomarla, se haya terminado también con la posibilidad de encontrar opiniones pertinentes que, a veces, propician un diálogo civilizado y formativo. Un triunfo más de los idiotas que, ni modo, siempre son más.        

No sólo en México se cuecen habas. El periódico madrileño El País anuncia hoy aquí  una decisión interesante. En un artículo titulado “Fin del anonimato” escribe la jefa de la sección “Sociedad”, Milagros Pérez Oliva:    

El anonimato genera impunidad y, en el debate de las ideas, esta conduce con frecuencia a la grosería y al exabrupto. La posibilidad de comentar las noticias es un mecanismo de participación que refuerza la relación de los lectores con el diario, pero la publicación de comentarios irrespetuosos o inapropiados se ha convertido en un foco de malestar. En mi artículo Comentarios muy poco edificantes, de diciembre de 2009, recogí este malestar y lo trasladé a los responsables de la edición digital. Aunque a partir de ese momento se aplicaron con mayor rigor las reglas de moderación, el resultado siguió siendo insatisfactorio. Muchos lectores han continuado escribiéndome para protestar y hacerme notar que el nivel de calidad que el diario se esfuerza por mantener en sus textos periodísticos cae en ocasiones estrepitosamente al adentrarse en el apartado de los comentarios.

De acuerdo con ella

la impunidad que concede el anonimato es una de las causas de que la conversación digital adquiera en ocasiones un nivel lamentable, lo cual tiene otro efecto indeseable: ahuyenta a quienes están interesados en mantener un debate respetuoso y constructivo.

Por lo que

a raíz de las quejas recibidas, los responsables de la edición digital se comprometieron a estudiar la cuestión y ahora puedo anunciarles que la situación va a cambiar. De hecho ya ha comenzado a cambiar. La dirección ha decidido aplicar un nuevo sistema de participación que ya está operativo en la nueva sección de Política y se irá extendiendo paulatinamente a toda la edición digital.

De ahora en adelante,

para poder hacer comentarios a las noticias es preciso inscribirse previamente en Eskup, la red social del diario, e identificarse mediante un correo electrónico y otros datos. Los lectores pueden elegir si quieren aparecer públicamente con su nombre o con un alias. En el nuevo sistema, no hay moderación previa, pero el diario podrá eliminar comentarios y vetar, previa advertencia, a quienes incurran en abusos…

En lo que a mí concierne, no tengo nada que agregar ni quitar a lo que escribí hace tiempo aquí.