Obrar | Letras Libres
artículo no publicado

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El periódico El País publicó una serie de entrevistas con los alcaldes de las ciudades que más y mejor han cambiado en los últimos años: Río de Janeiro, Chicago, Barcelona y Berlín, entre otras. Todos coinciden en que el gobierno debe alentar grandes transformaciones arquitectónicas y urbanísticas, con inversión privada y pública,para propiciar transformaciones sociales y económicas igualmente grandes. En los cuarenta puntos de la propuesta de gobierno deAndrés Manuel López Obrador no hay indicios de que experiencias como éstas se vayan a repetir en otros puntos de la ciudad. LaCiudad de México necesita rescatar los lagos de Texcoco, Tláhuac y Xochimilco, construir un nuevo aeropuerto, autorizar el Proyecto Alameda, nuevos parques, tren elevado, trenes de cercanías osuburbanos, más centros culturales, dos, tres pisos para el Periférico... y no lucrar con la miseria de la gente con tortibonos, vales de leche y demás políticas clientelares y corporativistas. La Ciudadde México debe ser una capital internacional del comercio, lasfinanzas y la cultura. La capital simbólica de Latinoamérica.
     Un buen ejemplo del gobierno actual: en Iztapalapa, en la frontera con Ciudad Nezahualcóyotl, el Instituto de Cultura de laCiudad de México inauguró hace poco El Faro de Oriente. Unafutura subdelegación de gobierno, obra negra detenida por años, ha sido reacondicionada en una escuela de apreciación artística y talleres de artes y oficios. En pleno desierto urbano, una interven-ción puntual del gobierno puede modificar la relación entre loshabitantes y su entorno: ahí se dio el grito el pasado 15 de septiembre, porque no había donde hacerlo antes; ahí se reúnen los jóvenes por la tarde para asistir a una clase o darse una vueltecita por la biblioteca; ahí, por primera vez, una generación entera de jóvenes deIztapalapa tiene acceso directo a los frutos de la cultura. Incluso la plusvalía del entorno ha subido. Es necesario mejorar destinoscolectivos con intervenciones urbanas concretas, no con la demagogia de los redentores laicos.