artículo no publicado

Nostalgia de la nieve (de limón)

DIVAGACIÓN EN BUSCA DE LA NIEVE DE LIMÓN

Caminando en la tarde calurosa por la simpática y aún romanticona colonia de Santa María la Ribera, la sed me llevó a buscar la famosa nevería de la esquina de Doctor Atl y Salvador Díaz Mirón, a un costado de la Alameda de allí, un rincón donde vendían excelentes nieves de sabores, ¡y qué nieves! No eran de esos helados mantecosos como de plástico y teñidos de verde de las modernas máquinas hoy proliferantes por todas partes; no, no eran helados estándar, sino aquellos mexicanísimos, artesanales, deliciosos helados de agua y de frutas, entre los cuales mi preferido ha sido siempre la nieve de limón, hecha realmente con limones, quiero decir una de las blancas, refrescantes, sublimes y auténticas nieves que hoy son casi inencontrables en Esmógico City, salvo en las sobrevivientes La Especial de París, La Bella Italia, Chiandone, Rossie. Y, bueno, para no hacerte el cuento más largo, resulta que la nevería ya no está allí, sino en la esquina de enfrente, pero muy reducida y pinche, con nieves teñidas, que si aún son de agua ya son de calidad y sabor estándar.

Me quedé desconsolado sentado en una desvencijada (aunque metálica) banca de la Alameda de Santa María la Ribera, rodeado de niños que jugaban, de desempleados y otros melancólicos paseantes o sitibundos, y de montoncitos de caca de perros paseados el anochecer anterior.