artículo no publicado

La vida milagrosa de Paolo Amatller Moragas

Francisco Ferrer Lerín

Familias como la mía

Barcelona, Tusquets, 2011, 336 pp.

 

En marzo de 2001 apareció, en el septuagésimo quinto número de la revista Lateral, un retrato literario de Francisco Ferrer Lerín (Barcelona, 1942), escritor bartleby que hasta entonces había publicado tres libros –De las condiciones humanas (1964), La hora oval (1971) y Cónsul (1987)– con los cuales se había forjado una merecida reputación de poeta irrepetible. Alentado tanto por ese gesto de atención como por la insistencia de un comité de sabios –Amat, Azúa, Blesa, Huarte–, Ferrer Lerín se animó, después de tres décadas de silencio, a salir de su refugio aragonés y escribir su primera novela, Níquel, publicada por Mira Editores en el 2005. El resultado de dicha operación –saldada con un rotundo éxito crítico y una segunda impresión del libro– supuso la vuelta al ruedo de un escritor que, desde entonces, ha dado a la imprenta un título anual en una meteórica carrera que culminó con el Premio de la Crítica, concedido por la publicación en Tusquets de Fámulo, su último libro de poemas. Ahora, la editorialbarcelonesa reedita bajo el título de Familias como la mía aquella primera novela con la que Ferrer Lerín regresó a la literatura, Níquel, con el añadido de una soberbia segunda parte, Nora Peb.

Familias como la míapuede ser calificada, entre otras cosas, de bildungsroman  o novela de iniciación. La primera parte –es decir, Níquel, historia protagonizada por un miembro de la alta burguesía barcelonesa llamado Paolo Amatller Moragas– se abre con un tenebroso personaje represaliado por las autoridades franquistas, Josep la Muerte, a quien un profesor ayudante de la facultad de medicina ha encomendado el traslado diario de los cadáveres del sótano a la sala de disección. Una tarde de viernes, por descuido, la Muerte se precipita con dos de esos cuerpos por el hueco del ascensor y allí pasa en relativa soledad un largo fin de semana, episodio que da pie a una fenomenal sucesión de aventuras que, siendo reales, presentan la sutil apariencia de una biografía fantástica. A lo largo de los primeros capítulos del libro –que discurren en los años sesenta– asistimos a los orígenes de Paolo como jugador profesional de póquer y a su ingreso, bajo la tutela de un personaje llamado Baltasar Sistella, en una sociedad para la protección de aves necrófagas –buitres, alimoches y quebrantahuesos– a todo lo cual cabe sumar una creciente pasión bibliófila.

Tales empresas, en las que se codea con toda laya de individuos –mención aparte merece una pareja de jóvenes bisoños que con el tiempo se han de convertir en poetas laureados–le sirven de un lado para llenar su vida de contenido (la ornitofilia, los libros) y de otro para procurarse unos ingresos regulares (el póquer). Tras innumerables circunstancias, Paolo recaba en la ciudad de Jaca, en donde desempeña distintas labores en el campo de la investigación y, entre otras peripecias, protagoniza un breve episodio erótico con la camarera del hotel donde se aloja –nieta, para más señas, de un poeta bufo llamado Antón Tornés– en el momento de servirle el postre, percance que desata su libido y le inspira un formidable cuento titulado “Mansa chatarra”. Después de esa experiencia formativa, Paolo seduce a una segunda empleada del hotel, prima carnal de la primera, así como a una estudiante del instituto de investigación que lo hospeda, a la vez que prosigue sus responsabilidades en el campo de la ornitología y prepara ciertos informes para una red de inteligencia extranjera. Tras un trepidante viaje a lo ancho de la península, Paolo regresa a Barcelona y allí concluye sus estudios de filología y desempeña distintas funciones editoriales con el objetivo encubierto, entre otros, de aconsejar la publicación de títulos capaces de “mejorar la opinión del pueblo español acerca de los Estados Unidos de América”.

Concluido este primer ciclo –que el autor ha definido de “carroñero”–, la presente edición añade a la peripecia original una serie de capítulos que rompen la continuidad cronológica y mezclan, como es usual en Lerín, los más variopintos géneros literarios. Esos textos –compuestos por todotipo de aventuras y digresiones eruditas– constituyen a la postre un revelador colofón de la biografía de Paolo Amatller, como si se nos presentara un diario secreto, por calificarlo de algún modo, escrito de su puño y letra y también del puño de un supuesto hijo suyo: un diario heterodoxo en que Lerín da rienda suelta a su desopilante imaginación –así como a su afición a los topónimos y patronímicos– y por el que sigue circulando una alucinante grey de seres fantásticos y estrafalarios, con los que uno sesiente, todo hay que decirlo, felicísimo de pasar el rato. El propio Paolo tiene la costumbre de emitir, en la intimidad, sonidos y aullidos cuando siente aliviada su natural pesadumbre de vivir.

En una de las conferencias que dictó en Buenos Aires a fines de los años setenta –recogidas en Siete noches– Borges afirmó que “una novela contemporánea requiere quinientas o seiscientas páginas para hacernos conocer a alguien, si es que le conocemos” pero “a Dante le basta un momento” y “en ese momento el personaje está definido para siempre”. En otras ocasiones, ese instante puede abreviarse en un solo nombre, y esta facultad sintética –es decir, la posibilidad de retratar un personaje mediante un gesto o la sucinta alusión a su antropónimo– es una de las señas de Ferrer Lerín, indisoluble de su prodigioso talento fabulador. Lerín no solo ha tenido una vida portentosa sino que no sabe ver las cosas de otro modo. Como ilustración, puede citarse un hecho recogido en la novela. A saber, la curación de un cáncer de cuello de útero que le efectuó a una condiscípula de la facultad de letras, mediante el siguiente tratamiento: refocilación –i.e. cama coja y alcoba en Barbastro– durante un fin de semana. Y no están ustedes soñando. La citada amiga estaba persuadida de que Lerín le había extirpado el tumor en el curso de una de sus acrobacias amatorias, tal como anunció a sus compañeros de facultad. Lo más increíble del caso, con todo, es que el viaje lo sufragó el marido de la “paciente”, que no solo les hizo el equipaje sino que además salió a despedirlos al rellano de la escalera. En honor a la veracidad de la historia hay que añadir que el referido marido había nacido en Düsseldorf, que el matrimonio se disolvió a los pocos meses y que la enferma terminó sus días amancebada con la jefa de bomberos de Berlín.

Toda esta riqueza de tipos y descripciones –en la que destacan lo mismo las geografías y escenarios que la apariencia física y moral de los personajes– no debe de ser ajena, por lo demás, a la leyenda de la novela, queestablece su origen en un guión cinematográfico que Frederic Amat le encargó a Lerín. Se trata de un texto –publicado como capítulo final de Papur– que todavía no se ha rodado y para el cual los dos artistas, secundados por un aprendiz, pasaron un fin de semana señalando localizaciones en las inmediaciones de Jaca. Se conoce además –o así lo relató un testigo en un congreso celebrado en Zaragoza– que, en un receso y a la luz de una copa de Somontano, Ferrer Lerín interpretó sin levantarse del asiento una de las escenas cumbres del guión –una partida de póquer en la que los jugadores, en vez de echar el resto, intercambiaban metáforas escandinavas: “oro” por “bronce de las discordias”, “ojos” por “lunas de lafrente” y así sucesivamente– y que Ferrer Lerín mismo, sin haber ensayado y tras aclararse ligeramente la voz, desempeñó todos los papeles con consumada maestría. Todavía recuerdo la sincera emoción con que su acompañante refería la escena y algo que añadió sin darle importancia pero que merece ser apuntado: entretanto Amat –autor de la estupenda portada de la edición original de Níquel– registró con una cámara digital tan magno acontecimiento. Así pues, habrá que escribir a Amat, agradecerle sinceramente su participación en la génesis de la novela y, a continuación, pedirle una copia de la cinta. No nos cabe ninguna duda, servirá de perfecto contrapunto a este libro extraordinario titulado Familias como la mía. ~