artículo no publicado

Las cosas por su nombre

La BBC acaba de explicar a través de su blog de editores por qué llama a ETA “banda armada separatista”, ante las numerosas quejas recibidas desde España, cuyos medios salvo Gara hace muchos años que la llama “terrorista”, sin ambages. Dicen muy serios que “terrorista” es un adjetivo y que ellos practican un periodismo sin etiquetas. Arcadi Espada les responde en su columna de hoy negando la mayor: “terrorista” no es sino un sustantivo muy preciso.

El problema se observa también en la prensa mexicana (que quizá ofrecería la misma explicación que la BBC si se le preguntara por qué para ellos los etarras son simplemente separatistas, aunque me temo que en algún párrafo sacarían a relucir los pies quemados de Cuauhtémoc, el último tlatoani) y va más allá del caso concreto de ETA: no llamar a las cosas por su nombre.

Pensé más o menos lo mismo la semana pasada, escuchando la defensa que hacía Javier Darío Restrepo de aquella portada de Proceso del Mayo Zambada y Julio Scherer. Solo que desde el extremo opuesto a la cadena inglesa: “Ningún ser humano es bueno ni malo completamente”, decía. Frente a la objetividad esgrimida por la BBC, el buenismo, el relativismo, la literatura, en fin, de la FNPI (el olor de la guayaba y etcétera).

Hace unos meses, para un periódico que ya no existe, escribí una columna sobre el primer periodista muerto del año del bicentenario, Valentín Valdés, sorprendiéndome de lo que me dijo Balbina Flores cuando le pregunté por el caso: que no se conocían los motivos del asesinato. ¿Motivos? Cuando a esas muertes se les llama como lo que son, terrorismo, el melodramático e irracional por qué se convierte en el responsable y bien concreto para qué.

- Yaiza Santos