artículo no publicado

Hacia un sindicato de estudiantes (y anexas)

Los movimientos estudiantiles mexicanos tienen mucho que aprender de los sindicatos estudiantiles extranjeros. 

 

Los movimientos estudiantiles actuales en México y sus ideólogos siguen jurando por el Congreso de Córdoba, Argentina, de 1918: coinciden en la necesidad de luchar contra los esquemas de gobierno “autoritarios” que rigen a las universidades llamadas tradicionales, y apenas disimulan su simpatía con el dogma espartaco de Karl Liebknecht: “la juventud es la llama de la revolución proletaria”.

No extraña que en sus discursos, los voceros ya hablen de crear en México “sindicatos de estudiantes” como los de otros países. ¿En qué consisten? En su núcleo palpita otro dogma cordobense: que los estudiantes participen en los órganos de gobierno de manera paritaria –como ya lo hace, ejemplarmente, la UACM para avanzar desde ahí sus agendas políticas y sociales (y si queda tiempo, hasta educativas).

Este domingo 24 se llevó a cabo en el DF el encuentro nacional del movimiento “#Yosoy132”. Se realizó a puerta cerrada, por lo que no hay mucha información. Trascendió sólo que hizo cambios a su “estructura organizacional”, que marchará junto a los trabajadores petroleros “contra la privatización de PEMEX” y que aún discute –no sé qué tan retóricamente si se considera “un movimiento anticapitalista”.

Es un titubeo que no tienen otros movimientos estudiantiles.

El Sindicato de Estudiantes (SE) de España por ejemplo lucha hace 25 años “por una educación científica, crítica y laica”. Se declara una organización “internacionalista, de clase y anticapitalista” en favor de una educación para los “hijos de trabajadores” y resistente a los designios de la “burguesía” que sólo espera de la educación el aporte de mano de obra barata. La lucha es internacional, pues internacional es “la explotación de un sistema social y económico, el capitalismo.” Milita en favor de “los rechazados”, defiende el pase automático y la permanencia prolongada en la matrícula, exige becas/salarios para los estudiantes, sostiene que el estudiante que reprueba lo hace por error del sistema, exige que el calendario escolar oficial marque días para sus asambleas y tiene derecho a oficinas en las instalaciones. Y desde luego insiste en que las escuelas estén cogobernadas por los escolapios a partir de la secundaria.

Para vencer al capitalismo, el SE considera “necesaria la movilización en la calle”: una capacidad de reacción rápida que “aumenta la fuerza y las posibilidades de victoria”, pues cuenta “con miles de estudiantes organizados”. ¿Cómo se organizan? La “célula básica” es una “sección sindical” con un “comité de responsables” que coordina la “asamblea de afiliados” que genera una “Tabla Reivindicativa” (en México “pliego petitorio”). Cada sección sindical se organiza, desde luego, “democráticamente”, y pueden participar en ellas todos los estudiantes, menos los fascistas (así dice).

En las asambleas se elige a los “compañeros que formen comités de huelga o de lucha”. Los jefes de sección se coordinarán con otros comités sindicales en todo el país, tanto de estudiantes como de, preferentemente, obreros, así como con “Izquierda Unida”. (Se entiende que se refieren a la coalición española, no a la tribu perredista.)

Sus tareas son luchar contra los poderes fácticos que divulgan “una imagen de la juventud pasota, lumpen, violenta e ignorante”. También contra el Estado español, que criminaliza la protesta social con la excusa de combatir la venta de drogas en las escuelas, reprime a los estudiantes, impone exámenes de evaluación, fomenta las competencias educativas y tiene como proyecto, a fin de cuentas, “privatizar” la educación pública.

La meta anexa es nítida y gloriosa: lograr “una sociedad donde los recursos económicos no sean propiedad de una minoría sino que sean planificados armoniosa y democráticamente por los trabajadores en beneficio del conjunto de la sociedad. Una sociedad sin clases sociales y sin explotación, una sociedad auténticamente socialista.”

No, pues a darle.

México es el país ideal para los sindicatos creativos. 

 

(Publicado previamente en el periódico El Universal)